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septiembre 7th, 2001:

Alustante se mueve y mucho

 

Estos días ha sido Alustante noticia permanente. De    una parte porque en agosto tuvo sus fiestas Música, cine y deportes, en general), se movió a modo en reivindicación de su carretera (Comarca en Marcha por la CM-2112), se celebró un importante Encuentro y debate en torno al problema de la despoblación y el desarraigo en las áreas rurales de Molina (las primeras “Jornadas de Desarrollo rural en el espacio del Señorío de Molina –Alto Tajo”), y acaba de abrir una página web que a pesar de su endiablada complejidad nominal, (http://elephas.worldonline.es/ricorico) es todo un ejemplo de una presencia completa, moderna y útil en la Red universal. Además, y es fundamentalmente por lo que traigo hoy a la memoria de todos este lejano lugar del Señorío molinés, acaba de publicar con el empeño y apoyo de su Ayuntamiento y la Asociación Cultural “Hontanar” un folleto que explica con todo detalle lo que significa y contiene el mejor edificio del pueblo: la iglesia de Santa María de la Asunción. Todo un patrimonio, conjuntado y cuidado al máximo, que es orgullo de alustantinos/as y meta viajera (eso espero) para cuantos buscan descubrir joyas olvidadas dispersas por la provincia.

Un estudio completo y condensado

El autor del texto y la investigación previa es Diego Sanz Martínez, verdadero estudioso y conocedor en profundidad de la historia de su pueblo. Ya ha dado muestras de su saber en múltiples artículos publicados en la Revista “Hontanar” y en otras tribunas. Las fotografías del folleto han estado a cargo de José Ordovás Blasco, y la maquetación supone todo un acierto, consiguiendo así una pieza bibliográfica que considero novedosa, muy útil y sobre todo informativa con capacidad de animar a quien lo lea a pasearse por el recinto de este edificio, cuajado en su interior de preciosas tallas, conjuntados retablos y sorprendentes piezas de orfebrería, que la constituyen en un pequeño museo. Todo lo apartado que Alustante pueda parecer a quien mire un mapa de la provincia (son 198 kilómetros por el camino más corto, desde Guadalajara) y el dato de que se encuentre a mitad de camino (en kilometraje por carretera) entre su capital de provincia y Valencia, supone sin embargo un contraste con la fuerza con que llama a las gentes a que vengan a visitarlo, a empaparse de su gracia.

La iglesia de Alustante es un edificio monumental construido a lo largo del siglo XVI. Hubo un templo anterior, medieval, que probablemente fue más humilde, menos artístico y más endeble, de tal modo que a partir de 1514 se inició la construcción de su capilla mayor renovada. Por ahí empezó la nueva edificación, por su cabecera. El maestro de obras Juan de Lagazpia fue quien se encargó de llevar hacia lo alto los muros y cubrir su espacio abovedado, con un estilo gotizante que rememoraba (así se hizo en toda España a lo largo del siglo XVI) arquitecturas medievales, pero ya con la fuerza y la calidad de lo moderno. A partir de 1531 se iniciaron las obras del cuerpo de la iglesia, y en 1534 se acabó la llamada “capilla postrera” que no era otra que los propios pies del templo. Así pues, en el primer tercio del siglo XVI se concluyó el edificio de este templo, que se vio completado con su magnífica portada renacentista en 1540, trazada y dirigida por el cantero Pedro Vélez, un verdadero artista del renacimiento castellano. Esta construcción mayúscula, y definitiva, fue costeada por los propios de la parroquia, el pueblo y “personas singulares”, pudiendo decir de ella que es toda una sinfonía de esfuerzos. Aunque esta iglesia tiene tres naves separadas las laterales de la central por gruesos pilares, es de una sola nave su cabecera o presbiterio, remediándose más adelante esa homogeneidad con la construcción en los extremos laterales, a modo de “neobrazos”, de sendas capillas, una de ellas dedicada al Santo Cristo de las Lluvias, y otra a Sacristía.

Otro elemento singular, antiguo y hermoso de este templo es la torre. Quizás el elemento más antiguo, pues se sabe que ya en la Edad Media sirvió de defensa y aún al lugar donde asienta el templo llaman “barrio del Castillo” como si sobre la peña desnuda en la que reposa la torre hubiera habido originariamente una fortaleza. La función fronteriza de Alustante, entre una Castilla y un Aragón que durante muchas temporadas estuvieron en guerra, no nos hace parecer extraño el hecho de que esta villa contara con un castillo del que la torre de la iglesia es el vestigio más cabal. También en el siglo Xvi, pero a continuación de la conclusión del cuerpo del templo, se hicieron reformas en la torre. Desde 1552, en que se levantó la tribuna del coro actual, incluida en la estructura torreada, los arquitectos-canteros Pedro y Juan del Vado construyeron la original escalera de ascenso por el interior de la torre, el tan famoso y sonado “caracol de Alustante”, consistente en una escalera de espiral continuada sin espigón central, en cuyo lugar aparece un hueco que permite mirar de abajo hacia arriba, o viceversa, el discurrir vertical de esta escalera, con un efecto óptico singular e inolvidable. Para muchos, sin duda, el mayor atractivo de la villa.

Y un Museo denso

Como complemento del continente, el propio edificio parroquial, está el contenido. Que como decía al principio es todo un plantel de piezas que conforman un Museo único y merecedor de una visita. Me ha llamado especialmente la atención en el folleto de Sanz Martínez, porque yo no la conocía, la existencia de una imagen románica muy bien restaurada, y de un efecto extraordinario: es la Virgen de Cirujeda, tallada entre los siglos XIII y XIV, y procedente de una aislada ermita que fue parroquia en su día del lugar de Cirujeda, despoblado hace siglos en el camino de Alcoroches.

Lo más llamativo del templo alustantino es, sin duda, el retablo mayor. Que fue restaurado puesto ya en uso el año pasado, devolviéndole una brillantez y un vigor artístico propio más bien de una catedral. Este retablo, que rellena por completo el muro de fondo del presbiterio, está construido en dos etapas. La primera fue a mediados del siglo XVII, siendo tallado  y ensamblado por Juan de Pinilla, Teodosio Pérez y Pedro Castillejo. Nos quedan sus nombres, y el aroma de la escuela de Giraldo de Merlo que en sus líneas se respira. Pero no sabemos qué funciones o tareas acometió cada uno de ellos en su construcción. El pintor aragonés Bernardino Tollet fue quien dio color a esta maravilla. Aún a finales del siglo XVII se colocó una gran orla o guardapolvos que remataba la estructura renacentista y la acoplaba totalmente con el muro, colocando en ese espacio, además de complicadas florituras, sendas estatuas de los caballeros Santiago y Jorge, patrones de las caballerías castellana y aragonesa, respectivamente.

En el retablo, que se compone de tres cuerpos y ático, con cinco calles en los dos cuerpos inferiores y tres en la superior, más una predela, se admiran grupos de tallas polcromadas con santos, santas y escenas de la Vida de Cristo. Maravillas de movimiento y vigor que no pueden decirse en simples líneas. Además en el interior del Sagrario hay una compacta escultura de la Sagrada Cena, todo ello desbordante de color y limpio como la patena.

Más cosas de la parroquia de Alustante: el Cristo de las Lluvias, muy venerado aunque su talla no sea un portento del arte; el Nazareno caído con la Cruz a Cuestas, de escuela madrileña, donado en 1681 por el hijo del pueblo don José Rezusta Otaduy. Y en el patrimonio móvil de esta misma parroquia la gran cruz procesional de plata, tallada al mínimo detalle por el platero seguntino Martín de Covarrubias, que puede ser calificada, sin exageración ninguna, como la mejor pieza de orfebrería renacentista del Señorío molinés. Al menos, a mí no me consta que haya otra pieza mejor.

Y si se me permite alargarme un poco más aún destacaré, como lo hace el autor de este folleto modélico que estoy comentando, los retablos dedicados a la Natividad y a Santa Catalina, que ocupan los testeros de las naves laterales. Ambos son de complejidad barroca en su decoración, pero centrados por sendas tallas que son muy singulares: la de Nuestra Señora de la Natividad es de principios del siglo XVI y la de Santa Catalina que según la tradición proviene también de la iglesia de otro pueblo abandonado o ermita en el camino de Ródenas. Cuatro estatuas barrocas de santos jesuitas las acompañan. Como se ve, en definitiva, un espacio de arte y teología, en el que el viajero puede pasar un momento de intensidades puramente estéticas. Una forma perfecta, este folleto editado por Ayuntamiento y “Hontanar” de Alustante, de dárnoslo a conocer.