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Hita cabeza de festival

Como una hidra parda cubierta de multicolores cabellos. Así parece estar Hita en el preparativo de su Festival Medieval. Mañana sábado 1 de julio tendrá lugar, un año más, este Festival al que merece la pena. Hará calor, será blanco el horizon­te, de tanta luz, pero habrá color en las cuestas, sonido en los rincones, aromas de carne guisada por los muros y al atardecer desfiles… Llegar al Festival Medieval de Hita en tarde veraniega es regresar a un «mundo antiguo», a un espacio en el que se afanan conjuntamente la geografía y la literatura, el teatro y la música, ofreciendo en un solo cuerpo tanta variedad de alientos vitales. Durante casi 40 años, sin interrupción, ha sido así: el espíritu del Arcipreste de Hita, que está hecho de jirones de barro, de notas de pífano, de luchas de caballeros en la cuesta violenta, se ha instalado, al menos una tarde, en el cerro. Este año, además, volverá a ser el Teatro el protago­nista esencial La obra «Lucha de Don Camal y doña Endrina» que don Manuel Criado de Val escribiera para la primera andanza, esta vez se repetirá, como se repetirán los aplausos que se le tributen, en un nuevo homenaje, repetido y siempre merecido, a su querida y descomunal figura de trabajador de la cultura alcarreña.

El programa del Festival

Ha sido anunciado un nuevo y apetitoso Festival Medieval dé Hita. A la tarde, cuando aún arrecie el calor, empezarán las luchas de caballeros en el palenque. Después de visitar bodegas y bodegos, que tienen distinta profundidad, y de mirar el alarde de los caballeros en la Plaza del Arcipreste, a las 7 empezarán los Torneos. Con caballos los valientes justadores harán juegos de bohordos, de estafermos, sortijas y cañas, Finalizará la lucha con un Combate, clásico y eterno en el corazón de los cristianos, entre «Don Carnal» y «Doña Cuaresma».

A las ocho y media de la tarde, y por el grupo de calles céntricas de la villa, discurrirán las botargas serranas: los multicolores trajes de Beleña, de Montarrón, de Retiendas, de Peñalver… músicos de tradición castellana, (flautas y tamboriles repicando por la cuesta) y malabaristas en equilibrio. Se va a instalar este año un mercadillo en la plaza de doña Endrina, y se venderán meriendas en las minas de San Pedro.

El plato fuerte este año es el teatro. Como casi siempre, pero este año tiene la cierta supremacía porque se pondrá en escena, en esa escena prodigiosa que es la Plaza Mayor de Hita durante la noche, una obra clásica que escribió también un clásico (en vida) y que es la “Doña Endrina” de Manuel Criado de Val, una versión escénica del «Libro de Buen Amor» del arcipreste. La música novedosa siempre de Gregorio Paniagua, que la mayor parte de las veces improvisa sobre el escenario, y la dirección escénica de José Luís Matienzo, hará que este año sea el teatro lo más llamativo del Festival.

Más tarde, ya entrando en la madrugada, una “Fiesta del fuego” hará de prólogo al nuevo discurrir de los dulzaineros por las cuestas de la villa, y empezando la cena en las ruinas de San Pedro, a la que todos los asistentes habrán de ir vestidos a la medieval usanza. Un concierto, mientras tanto, es ese mismo lugar amenizará la cena y pondrá el broche sonoro y dorado a esta jornada, que sin duda servirá para acreditar el Premio al Turismo Regional que este año ha ganado la villa de Hita, y que la pone en primera línea de una carrera, ya emprendida, por recuperar vitalidad nuestros pueblos en el camino del turismo: un poso de realismo en sus paisajes y patrimonio, y un mucho de imaginación y ganas es lo que, bien aderezado con perseverancia e inteligencia pondrá a cada cual en su sitio. Hita, desde luego, está en ese camino sin discusión alguna.

Constantes culturales en la Alcarria

Esta ocasión del Festival Medieval de Hita me da pie para reflexionar, aunque sea brevemente, sobre lo que podría denominarse «constantes culturales» de la Alcarria, o, en atinada definición de Chueca Goitia al respecto de la arquitectura española, los «invariantes castizos» de la misma. La Alcarria tiene una raíz que hunde su avidez en tierras muy diversas: tierras moras y cristianas especialmente, como lugares que ya se manifiestan con un ropaje cultural amplio. Porque lo anterior celtibérico, romano, visigodo, es meramente nominal, pero aquello que ha dejado huello, no puede por menos de aflorar en algún momento.

Y esto es lo que en Hita especialmente se recoge: en la panorámica de su cerro, en el detalle de sus calles y monumentos, en la historia de la villa, (que tan maravillosamente escribió Criado de Val) y en la expresión de su gente. Latiente está siempre, al fondo, el brillante verso de Juan Ruiz, el Arcipreste, que une en su momento, ‑el siglo XIV‑ la tradición mora, la pujanza judía, el poderío cristiano: es un espacio físico‑temporal plenamente mozárabe pero innegablemente mudéjar. Si en algún sitio se funden las tres religiones, quizás con tanta o más fuerza que en Toledo, es aquí en Hita.

Esa expresión de tolerancia y enriquecimiento mutuo se pone de manifiesto en muchos otros lugares de Guadalajara y de Castilla: algunos elementos de la catedral de Sigüenza así lo demuestra; la perdida arquitectura mudéjar de la ciudad de Guadalajara. Tradiciones gastronómicas (corderos, breves y dulces), cantares de mayos pífanos y flautas… de ahí es de donde tiene que brotar la oferta y el vitalismo, en esta tierra que quiere recobrar su camino, enderezarlo hacia el norte, revitalizar sus movimientos y maneras…

En fin: nos dejaremos de disquisiciones, que ya se me están antojando muy teóricas, e, iremos al grano. A anunciar que mañana sábado en Hita se celebra de nuevo el Festival Medieval, y que si cualquier día de fiesta es bueno para ir hasta esa villa emblemática y espectacular tan cerca de nosotros, mañana será casi obligado acercarse y participar en su fiesta, en su música, en su color desorbitado.

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