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La Virgen de la Granja de Yunquera

 

Dentro de pocos días, exactamente el próximo martes día 7 de septiembre, Yunquera de Henares va a vivir una jornada muy especial, porque se van a iniciar las jornadas conmemorativas del Cuarto Centenario del Voto a la Virgen de la Granja. Un acontecimiento que incide directamente en la religiosidad popular, en el alma sencilla y noble de las gentes de la Campiña, y que a lo largo de este verano se ha sucedido, con nombres y apellidos diferentes, pero con un latido similar, en otros lugares de nuestra provincia.

Los cuatro siglos que ahora se cumplen de haber proclamado a San Diego de Alcalá patrón de Cogolludo, o de haberle prometido a la Virgen de la Granja, de Yunquera de Henares, hacerla todos los años una fervorosa romería desde el pueblo a su ermita, surgen de un problema común y terrible: de la epidemia de peste que asoló España en la primavera de 1599, y que redujo a muchos pueblos de Castilla a la desertización absoluta, dejando numerosos lugares vacíos, ocupadas las casas solo por muertos. Y otros, como los referidos de Cogolludo y Yunquera (y la mayoría de los que hoy forman nuestra provincia) reducidos a menos de la mitad de su población, en tan sólo 3-4 meses.

Para recordar someramente aquella ocasión, podemos decir que fue en abril de 1599 cuando llegó a la Alcarria el mayor desastre que recuerdan sus anales: la «peste» entró en cada casa de cada pueblo, y mató, en poco más de tres meses, a la mitad de la población de entonces. Desde tres años antes, y tras recorrer Europa triunfante, por los puertos del Cantábrico penetró en España, asolando el reino. ¿Alguien puede hoy imaginar aquella terrible primavera y verano de 1599, cuando veían morir a sus seres queridos sin poder hacer nada por salvarlos? Sabemos que solamente en Yunquera, de 400 vecinos (hogares, la mayoría con muchos miembros de familia) quedaron reducidos en agosto a solo 230. Las autoridades de la villa temieron que se acabase el lugar y gente de él. Algunos huyeron, pero la mayoría sintieron la dentellada de la epidemia. Trataron de calmarla con los remedios que entonces se tenían, ineficaces cuando no irrisorios. Asustados, impotentes, los yunqueranos terminaron por acudir al remedio sobrenatural. Se reunieron todos los vivos, el 24 de junio, y en solemne asamblea en su Concejo decidieron hacer el voto perpetuo de…ir cada un año… en procesión… todos los vecinos del pueblo… a la ermita de Ntra. Sra. de la Granja… a decir la misa por el pueblo… y a ofrecer un cirio de cera… todos los 15 de septiembre. Se hizo así cada año. Se sigue haciendo, y es ahora, en este mes de septiembre de 1999, cuatrocientos años después, porque una promesa es una promesa, cuando toda Yunquera lo va a recordar, y por lo grande.

Un nuevo libro sobre la Virgen de la Granja

El próximo martes 7 de septiembre, víspera de la celebración de la Virgen, a las 8 de la tarde, y en el gran plazal que antecede al Palacio de los Mendoza de Yunquera, se va a hacer la presentación del libro que ha escrito con este motivo ese historiador que es Ramón Molina Piñedo, hijo del pueblo, y por muchos motivos hijo emérito, pues ya hace muchos años escribió ampliamente la historia de la villa campiñera; luego construyó una gran pieza teatral en homenaje al pastor Bermudo, descubridor de la Virgen, y ahora nos sorprende una vez más con la publicación de una obra espléndida, trabajada durante años, profunda y ancha, como los grandes paisajes, entretenida y devota, completa y rigurosa. La ermita de la Virgen de la Granja de Yunquera se titula este libro de fray Ramón, y en esta ocasión el pueblo entero va a tener la posibilidad de gozar con su presencia, con su palabra, y con el mismo entusiasmo que todos y todas los de Yunquera tienen: ensalzando a la Virgen de la Granja, su patrona, y (como quedó demostrado hace 400 años justos) su milagrosa protectora en aquella epidemia. Pues nada más decidir los regidores y vecinos que aún alentaban de hacer cada año su romería, cesó el mal y dejaron de producirse nuevos casos de peste.

El día 8, fiesta de la Virgen, habrá nuevamente actos litúrgicos, procesión por el pueblo, encuentro de familias y amigos, cohetes y churros, al mejor estilo de la fiesta campiñera. Durante los siguientes días, los toros darán la animación del peligro, el pálpito de lo difícil. Y el 15 se repetirá esa grandiosa romería en la que todos los yunqueranos, sin excepción, se dan cita para bajar andando, entre los abrasados campos, hasta el jugoso, soñado y verde rincón donde se alza la ermita de la Virgen de la Granja.

Allí se concentra el aroma de lo popular con Salves, procesiones y cánticos. Allí está todo el vibrar de los corazones. Lo humano se alarga por el campanil de la ermita y se funde con lo divino. Pero no es mi intención hacer aquí juegos literarios de corte eclesiástico. No es lo mío. Solamente decir que si alguien quiere, estos días de septiembre, vivir con fuerza lo que es el espíritu popular en torno a una devoción mariana, eso está cuajado y firme en Yunquera de Henares.

Está por venir, y no me atrevo (no puedo) hacer una crónica anticipada. Auguro lo mejor para este acontecimiento, que está siendo preparado con todo entusiasmo desde hace meses. Participa el Ayuntamiento en pleno, la Cofradía de la Virgen, los yunqueranos todos. Los de aquí y los que se fueron. Vibrarán una vez más con la luz que la Virgen va dejando desde sus andas sobre los campos pálidos. Será un buen momento para sentirse de la tierra, campiñero, sentirse unido a un pueblo, saberse parte de una corriente secular, por no decir milenaria.

Esos saberes, además, los vierte fray Ramón Molina Piñedo en su obra sobre la Virgen. Tan esperada y tan conseguida, que es a su vez un milagro. Porque en ese libro, que es tan monumental que pesa un kilo, están todos los milagros, todas las canciones, todos los ex-votos, todas las ermitas y todos los mantos de la Virgen. No sólo en fotos, sino retratados con la palabra. Una joya que se merece nuestra felicitación al autor, hombre de probados méritos como historiador, escritor y divulgador del amor a la Virgen.

Y aún más: una felicitación al pueblo entero de Yunquera, por haber sabido captar con sentimiento auténtico y sinceridad a prueba, la esencia de su raigambre castellana y campiñera. Una fiesta por todo lo alto, con el fundamento de lo religioso, y el horizonte del color y la alegría.

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