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Yunquera, toda un historia

 

Ayer jueves se presentaba en Yunquera de Henares un libro que hará historia, sencillamente porque ya la ha hecho: es la obra de José Andrés Gil Dongil, un enamorado como pocos de su pueblo, que ha tenido el valor, y la constancia, de ponerse a sacar de otros escritos un resumen de la historia de Yunquera. Y unidos todos los cabos, sumadas todas las páginas, añadidas todas las imágenes, ha conseguido hacer un libro que no sólo tiene bien hilvanadas sus propuestas de información, sino que es además una pieza hermosa, un verdadero objeto de arte.

Historia mendocina

La historia de Yunquera está pasada por los Mendoza. Como tantos otras cosas en Guadalajara, en la vega del río Henares sobre todo, la sombra de la banda roja en campo de sinople se mece por campos y villas, por iglesias y palacios. Hablar de Yunquera es hablar de muchas cosas, pero, sobre todo, de los Mendoza. Que instituyeron su señorío en 1492, concretamente el 26 de enero de ese año, siendo don García Lasso de Mendoza el primero de los señores de esa localidad, que ya era villa desde bastante antes, al menos desde 1428. Luego, los mendocinos alientos se fraguaron sobre esta localidad hasta el siglo XIX, siendo titulares del territorio y los derechos por él generados un grupo «menor» de Mendoza, los Laso, que ayudaron lo que pudieron al lugar, aunque siempre sacando ellos la mejor tajada, sin duda.

Entre los avatares sufrido por Yunquera a lo largo de los siglos, figura el de la peste de 1599, hecho que en este verano que se aproxima nos aprestamos a conmemorar. Bien dice en el prólogo de este libro que ayer se presentaba, la alcaldesa actual doña Pilar Lafuente: que la aparición de esta obra coincide con un aniversario sonoro, y que por una u otra causa, Yunquera está de celebración este año. En 1599, en el mes de abril, empezaron a enfermar algunos vecinos de peste. Había entrado la epidemia por las costas cantábricas tres años antes, y se había ido extendiendo con seguridad y daño. En Yunquera explotó enseguida, y murió tanta gente, y en tan poco tiempo, que los miembros del Concejo temieron «que se acabase el lugar y gente de él». De los 400 hogares que había a principio del año, en agosto solo quedaban con gente 230. Los demás habían desaparecido por muerte de todos sus miembros. Escalofriante. Y los remedios que ponían eran los que, por tradición, se empleaban: unas pildorillas hechas con acíbar, mirra y azafrán, o incluso las acederas sacadas de un baño de vinagre. De nada servía aquello como llegara al intestino el vibrión colérico. Un par de días después moría el individuo. Y las buenas gentes de Yunquera recurrieron a lo único que les quedaba: la Fe religiosa, estableciendo un voto, una promesa, de ir todos los años en procesión, desde el pueblo a la Ermita de la Virgen de la Granja, llevando un cirio de cera, y cantando en honor de la Virgen. Así se hizo aquel año, en Septiembre, cuando de forma brusca y casi milagrosa cesó la matanza. Y así se ha hecho todos los años, hasta este que se hará por 400 vez consecutiva.

Historia y Monumentos

Así de sencilla es la historia de Yunquera. Hecha de Mendozas y de tradiciones. Así de grande es su patrimonio, además, que cuenta con unos edificios de respeto y emoción. Una iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, que es de las mejores de la provincia, diseñada por Alonso de Covarrubias, y luego proseguida en sus líneas directrices por Nicolás de Ribero, discípulo aventajado de Gil de Hontañón. Esa iglesia, de tipo salón, con altas columnas cilíndricas que la confieren, al rematar en sus arcos limpios y elegantes, una belleza impresionante, la que confiere la sencillez y la perfección técnica. La restauración que se ha realizado en los últimos años de este templo, le ha revalorizado en el conjunto del patrimonio artístico provincial, poniéndola entre los ejemplos de monumentos covarrubiescos que expresan la importancia del valle del Henares como eje del arte renacentista, siempre a remolque de los alientos constructivos de los Mendoza.

Pero en Yunquera hay también un palacio señorial, el de los Mendoza, que no rebaja su valor ante ningún otro. Es más sencillo que el del Infantado en la capital, por supuesto, o que el de los Medinaceli en Cogolludo, pero no deja de tener el empaque renacentista, la ilusión de la casa perfecta, del templo de Apolo que los Mendoza siempre quieren dar a sus «casa mayores» estén donde estén. En este palacio mendocino de Yunquera surgen las zapatas, los escudos y los arquitrabes en perfecta conjunción, en equilibrado resumen de una forma de construir.

Y luego las ermitas. Desde la de la Virgen de la Granja, hoy situada en lo alto de un parque perfecto y encantador, hasta la de la Soledad, la más moderna de todas.

Folclore y mucho más

El libro de José Andrés Gil Dongil, que lleva por título Yunquera, resumen de historia, ha sido editado por el Ayuntamiento de la villa campiñera, y en sus 144 páginas se apiñan infinidad de elementos que le hacen interesante y emotivo. Quizás sea lo primero de todo, lo que más llama la atención, la impresionante colección de grabados, la mayoría a color, que alegran los ojos con tantas imágenes. Es un color vivo y realista, que nos da una vibración comunicativa con la realidad yunquerana. Pero no es menor el valor del texto, en el que se conjuga la concreción del resumen con la veracidad de lo real. Además de lo ya dicho, esta obra ofrece un repaso completo a las fiestas que se celebran en Yunquera a lo largo del año, dando especial énfasis a las de la patrona, la Virgen de la Granja, con sus elementos religiosos, procesión incluida y romerías, hasta los profanos, con el encierro de los toros por las calles. Y además la Semana Santa, emocionante siempre; San Isidro, San Cleto y San Agustín. O el Corpus Christi. Un breve capítulo sobre el Escudo Heráldico de la villa completa esta obra que es realmente una gozada, porque nos da en breve mensaje, la imagen completa, exhaustiva, de un pueblo, de su historia, y de su patrimonio. Un pueblo como Yunquera, que con este libro demuestra que además de la preocupación de su Ayuntamiento por tener calles, aceras y agua en los grifos, además de muchos otros servicios sociales, se ha ocupado de que su raíz más auténtica quede plasmada en un libro que, sin duda, será definitivo y perenne. Una obra por la que felicitamos a su autor, y al Ayuntamiento presidido por Pilar Lafuente que ha sido capaz de comprender el valor real que estas obras tienen en la convivencia de sus gentes.

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