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Adán y Eva en Sigüenza

 

Me encontré hace unos días, revolviendo viejos papeles y cajas de fotografías, con las imágenes desnudas, sorprendidas y sorprendidas, de Adán y Eva tallados en alabastro blancos, que hace muchos años vi y me sorprendieron en el patio del Museo Diocesano de Sigüenza, que ahora está en plena tarea de remodelación y arreglo. Aunque todavía cerrado, y porque son muy conocidas estas bellas estatuas góticas que anuncian tantas cosas en su modo y manera, quiero darlas en pregón para que el recuerdo de quienes las conocen reviva, y se aviven las ganas de verlas a quienes aún no lo hicieron (1).

Las estatuas

Se trata de dos estatuas en alabastro blanco, de una sola pieza, sobre peana, conservadas actualmente en el Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza, y procedentes del sepulcro de don Martín Fernández en la iglesia parroquial del cercano pueblo de Pozancos. Ya han sido magnífica­mente estudiadas estilísticamente: y puestas en relación con otras obras de un supuesto taller de escultura gótica en Sigüenza, en los últimos años del siglo XV (2).

Desde el punto de vista iconográfico, podemos señalar que ambas figuras están desnudas. Adán es un hombre, de mediana edad, con larga cabellera de amplios rizos, lo mismo que el denso bigote y la barba. En su pecho se marcan levemente las costillas. Su mano derecha, mediante los dedos pulgar e índice, abraza la región media cervical, concretamente el órgano laríngeo, y muy en particular el relieve del cartílago tiroides, conocido vulgarmente por «la nuez de Adán». Su mano izquierda, extendida y con todos los dedos juntos, aprieta una gran hoja de higuera sobre sus órganos sexua­les.

Eva es una mujer joven, de pelo largo y liso, separado a ambos lados de la cabeza por una raya central, cayendo tras el cuello en amplios bucles. En el pecho destacan dos mamas pequeñas, juntas y de inserción alta. El vientre es redondeado y algo abultado. Su mano izquierda, en la que apare­cen ligeramente separados los dedos pulgar y meñique, se afirma sobre el pecho. La derecha sujeta una gran hoja de higuera sobre sus genitales externos.

Interpretación iconológica

Las representaciones de Adán y Eva en el arte han sido muy diversas. Adán ha sido considerado una prefiguración de Cristo (3). La tentación de Eva, una prefiguración de la Anunciación. El pecado original, una prefi­guración de la Redención y Pasión de Cristo, etc. (4). En esta forma que aquí, en Sigüenza, se nos muestran, aparecen Adán y Eva en muchos otros ejemplos del arte español: así, en la Biblia de la Biblioteca Provincial de Burgos (5), obra románica, se ve a Adán que lleva su mano derecha a la laringe, y con la izquierda sujeta una gran hoja con la que tapa su sexo. Eva, enfrente, le ofrece un fruto y le dice: Lang (toma, en alemán). También en los costados del «Arca de San Isidoro» de León aparece escena similar, y aún en otro monumento muy característico del románico español, la iglesia de San Martín de Frómista (Palencia), presenta una escena en la que, a ambos lados de un árbol, se ven a Eva señalándose el pecho, y a Adán señalándose la laringe con su mano derecha (6). En muchos otros lugares (puerta del juicio de la catedral de Tudela, iglesia de Covet, en Lérida, etc.) se ven escenas semejantes.

Su interpretación no es difícil. Eva señalándose el pecho viene a decir: Yo, deseo. Adán, llevando su mano a la garganta, da a entender: Yo, trago. Indudablemente, se trata del momento del Pecado Original, o ligeramente posterior, pues ambos personajes se encuentran ya desnudos y provistos de las hojas de higuera que dice la Escritura: Cum coqnovissent se esse nudos, consuerunt folia ficus et fecerunt sibi perizomata.

En el contexto del monumento funerario para el que fueron tallados, vienen a expresar claramente su papel de contrapunto, -representantes de original pecado— frente al deseo de superación de la debilidad humana por un ser virtuoso, que muere en imitación de Cristo. En dicho monumento funerario, ya estudiado (7), de la iglesia de Pozancos, se ve la estatua yacente del clérigo don Martín Fernández, en cama alabastrina sujeta por leones que rompen cadenas, como esperanza de la resurrección, y escoltada por grifos, seres benéficos que acompañan en el viaje de la muerte. Una bella tabla sobre el bulto funerario (tabla que hoy está también en el Museo Diocesano de Sigüenza) representa el Ente­rramiento de Cristo muerto, como escena ideal a la que tiende el clérigo muerto y debajo enterrado. Culminando el monumento, una talla de la Virgen María con el Niño sobre sus rodillas, y a los lados San Juan y la Magdalena (8), figuras que con María configuran el Calvario, del que en cierto modo son antítesis Adán y Eva, en el preciso momento del pecado original, en que a ambos lados del sepulcro estaban representados.

Son dos simples apariciones de ese monumental conjunto de arte que encierra Sigüenza. Quien viaja a la Ciudad Mitrada, y se queda maravillado de su presencia, de su poder, de su peso histórico, del rojizo color de sus caserones, aún quedará más admirado al saber que en todos sus rincones se guardan milagros como el que aquí acabo de señalar: dos simples estatuas que llevan en sí mismas el mensaje redondo del arte medieval.

Notas al Texto

(1) Herrera Casado, A.: «Notas de iconografía seguntina», en Revista Wad-al-Hayara, nº 6 (1979), pp.235-239.

(2) LÓPEZ TORRIJOS, R., «Datos para una escuela de escultura gótica en Guadalajara», en Revista Wad‑Al‑Hayara, nº (1978), pp. 103‑114.

(3) SCHILLER, GERTRUD: «Ikonographie der christlichen Kunst», 1968, Tomo II, pp. 142‑145.

(4) Reau, Louis: «Iconographie de l’art chrétien», Paris, 1956, Tomo II, parte 1ª, pp. 83‑84

BREYMANN, Adam und Eva in der Kunst des christlichen Altertums, Wolfenbüttel, 1893.

Bergouignan, P.et P., «Le Peché original (Etude iconopraphique)», París, 1952.

(5) YARZA LUACES, J.: «Las miniaturas de la Biblia de Burgos», en Archivo Español de Arte, XLII (1969), pág. 185.

(6) GÓMEZ‑MORENO, M: «El arte románico español», lámina CX.

(7) López Torrijos, R., artículo citado.

(8) López Torrijos, R.: «La iglesia románica de Pozancos», en Revista Wad‑al‑Hayara, nº 6 (1979), pp. 231-234.

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