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De turismo por la Alcarria

 

Ayer jueves se abrió en Pastrana la segunda edición de una Feria que va a más, que ya no hay quien a pare: TUROJAR ’99 es la muestra de lo que nuestra provincia tiene qué ofrecer para quienes hacen del Turismo Rural y de la vida en el campo su más alta preferencia. El título de la Feria refleja y resume de lo que trata: es la Feria del Turismo rural y lo que en torno a él se mueve; es la feria del Ocio y de lo que puede llenar las horas que están vacías de trabajo, y es la Feria de la Jardinería y el cuidado de los espacios que cada vez en mayor número los alcarreños se preparan para domar la naturaleza, aunque sea en los 50 metros cuadrados del jardín de un adosado.

A esta Feria TUROJAR van a asistir, por las fechas en que se celebra, y porque miles de personas están deseando ponerse al día en ese mundo que les gusta, muchos visitantes, sin duda: y pasarán por sus stands gozando de las ofertas que en ellos se exponen, rutas de aventura, posibilidades de deportes nuevos, senderismo, alojamientos en pueblos y campos, paseos en bici, sensaciones nuevas, descubrimiento de la propia tierra.

La Alcarria que no cesa

Porque la Alcarria no se acaba nunca de conocer bien. Sus caminos (de ahí le viene el nombre, de un fonema ibérico/vascuence, el «karria» del que luego derivó «carro» y «carril» para decir el camino) llevan a mil lugares sorprendentes, maravillosos. Si Brihuega pasa por ser su jardín, Cifuentes su corazón, Pastrana la capital histórica y Trillo la energética, aún lugares como Budia donde está la esencia de sus personajes, como Peñalver donde perviven las tradiciones mieleras, como Tendilla donde los soportales hablan de eternas ferias, de Pareja donde los obispos conquenses tenían su paraíso… y cientos más, llenos de encanto.

Un encanto, y una emoción, que se fraguan a veces en elementos sencillos, como los rollos y picotas de sus pueblos.

No hace mucho, un escritor alcarreño cien por cien como es Felipe Olivier López-Merlo, publicaba un libro que tenía a los rollos por protagonistas. Un libro sencillo y hermoso a la vez, con información sucinta y en funciones de guía amable que nos ha ido llevando por esos 40 pueblos que en nuestra provincia aún lucen, en su plaza mayor o a la entrada de la villa, un rollo o picota como elemento sugerente de haber tenido su autonomía en el tema de la justicia.

Me gustaría hacer, saliendo del convento de San Francisco de Pastrana, donde a estas horas TUROJAR concentra a miles de visitantes alcarreños y foráneos, un breve recorrido por los rollos y picotas de la Alcarria, y ofreciendo a mis lectores las imágenes de tres de ellas, que hice va ya para veinte años, y que en alguno de los casos se ha transformado drásticamente.

Desde Pastrana se sube por el cauce del río Arlés, y se llega a Alhóndiga, donde junto a la ermita de San Roque luce erguido y sereno el pétreo elemento que da fe de su villazgo. Se sube la cuesta y en el alto se va a la derecha, hasta Peñalver: allí está uno de los más hermosos rollos, el que ostenta en su pináculo el escudo de la familia Juárez de Carvajal. Si bajamos a Tendilla, y seguimos el camino de Pastrana por los montes empinados de Fuentelviejo, llegamos a Moratilla de los Meleros, donde escondida en un camino se encuentra su picota encantadora, una de las más bellas de la Alcarria. En ella, de columna estriada, se ve el remate con cabezas de leones, y la basamenta donde muy desgastadas aparecen figuras que representan a los cuatro vientos de la Alcarria: el ábrego del sur, el helador del este, el cierzo violento del norte, y el húmedo poniente del oeste. Se vuelve a la carretera principal y pasado Renera llegamos a Hueva, donde también, en su plaza mayor, señorea el ámbito un hermoso rollo encabalgado sobre sus gradas de piedra.

Pasamos nuevamente por Pastrana, y bajamos hasta Almonacid, donde en las alturas del pueblo luce hoy una picota remozada, (hecha nueva, mejor dicho) que nos recuerda la imagen de cómo estaba hace 20 años, junto a estas líneas. Un poco más al sur llegamos a Albalate, donde han conseguido hacer un rollo absolutamente nuevo, demasiado evidente en su frialdad de siglo XX.

Y aún quedarían mil caminos que recorrer. Solo por ver la dignidad, la gallardía de los rollos y las picotas de la Alcarria, merece la pena hacer un viaje a través de ella. En Budia, en las afueras, tienen una preciosa pieza del siglo XVI, muy bien cuidada. Y en Durón, ya junto al pantano, otro pequeño y severo, más antiguo. Por la Alcarria Baja es Fuentenovilla la localidad que puede presumir de tener la picota más bella de Guadalajara. En su culminación aparecen figuras humanas y mitológicas soplando, un tejadillo que imita placas de cerámica, aunque es todo tallado en piedra caliza, y una baranda que le da aire de catedral gallega. En el entorno están, todavía, el de El Pozo de Guadalajara, tan valiente frente a la iglesia, o el de Valdeavellano, también señor de los cuatro vientos en el centro de su plaza. Pastrana, en fin, luce en el centro de su palaciego plazal de la Hora un breve crucero que tanto significa su veneración por la simbología cristiana como la gallardía de su villazgo inmáculo.

Caminos abiertos

Pero si la Alcarria tiene sus caminos abiertos a todas las posibilidades del turismo (no olvidar esas fabulosas casas rurales con alojamiento y restaurante que han surgido en Budia, en Brihuega, en el mismo Pastrana) la caminata por sus vegas estrechas, y el descubrimiento de sus sorpresas gastronómicas, junto con la evocación de los lugares que Cela describe en su clásico «Viaje», hacen del turismo en nuestra principal comarca uno de los espacios progresivamente más demandados por esa población creciente, y rica, de la cercana metrópoli. Conseguir que la oferta sea suculenta y variada, selectiva y perfecta, es el reto que tienen, que tenemos, los alcarreños: y en TUROJAR está su mejor escaparate, sin duda, un escaparate para el Turismo en los pueblos, para el ocio de los fines de semana, para la jardinería del pedazo de tierra que a cada uno le corresponde.

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