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Villaverde protagonista

 

Entre las tres docenas largas de personajes e instituciones que este año la Redacción de Nueva Alcarria ha encontrado como populares entre los alcarreños, para mí ha sido una verdadera alegría encontrar el nombre de Alfredo Villaverde Gil. Un escritor alcarreño que ha puesto, en los ya largos años que lleva de ejercicio de esta actividad, el listón muy alto y la bandera del alcarreñismo por las nubes. Ejerciendo de escritor, de pensador, de poeta, de dramaturgo, de ensayista, y de conferenciante, con honestidad y firmeza. Y, sobre todo, con perseverancia y continuidad, algo que hoy día es muy difícil encontrar por estos lares, en que son tantos los que empiezan a correr y tan pocos los que llegan a la meta.

No me ha extrañado esta nominación, porque en el pasado año Alfredo Villaverde ha cosechado importantes galardones y ha visto de otros modos reconocida su valía. Recibió, por ejemplo, el Premio Quijote de periodismo turístico instituido por la Junta de Comunidades y dotado con un millón de pesetas. Poco antes había recibido el Premio «Castilla la Mancha» de Novela Corta en su XIII edición, y aún previamente había recibido en Cuenca el Premio Alfonso VIII  de Poesía concedido por la Excma. Diputación Provincial de esta provincia vecina.

Villaverde, poeta

La voz de Villaverde es la de un poeta actual y hondo en su expresión, que mide la palabra y la talla como un orfebre. Nace esa capacidad del análisis preciso de la realidad, del conocimiento de la naturaleza humana, de las largas lecturas, de los inacabables viajes. Es en toda la dimensión de la palabra un intelectual que expresa de modo poético su saber y su cabal visión del mundo.

Se inició hace ahora 20 años, en 1979, con su primer libro Confirmación de la intimidad, y desde entonces ha producida una decena de obras de contenido poético, unas veces en verso (la mayoría) y otras en prosa, como puede ser su Oráculo encendido, que ganó en 1987 el Premio Zenobia y que fue publicado en la colección Rabindranth Tagore. En ocasiones, su trabajo se ha movido por las candilejas del cine, y de él nació La ciega luz de las imágenes, en el que ese mundo luminoso del cinematógrafo quedó prendido y dibujado en imágenes sugerentes. La sede de Tántalo, aún, es otro poemario de basamenta reciamente humana, y para mi gusto, el más hermoso de los libros poéticos de Alfredo Villaverde es sin duda el último, El Viaje Prodigioso, en el que su experiencia de trotamundos queda refleja en sus impresiones delicadas, certeras, de lugares remotos y entrañables (Venecia, Marrakech, el cementerio judío de Praga…)

A su ciudad natal, Guadalajara, ha dedicado Villaverde hermosas páginas. Vivió su infancia en los entornos de la Plaza Mayor, aquella que aún tenía parterres, bancos y un puesto de periódicos. De ella ha dicho, recordando el momento en que el Reloj del Ayuntamiento da las doce campanadas

Escucho el carillón en otra atardecida,

en otro ser cuajado de silencios, de notas

tan antiguas y oscuras como un sonambulario

que golpea el recuerdo armando su memoria.

En esta misma plaza —lo veo— hay una fuente

y en su piso de tierra los niños que golpean

la pelota de trapo. Algún coche que pasa

con su tos de bencina. Entre los soportales

las castañeras velan el frío de noviembre

y un urbano persigue a los más contumaces

que apedrean la noche de risas, travesuras,

con su ingenua fiereza de barrios en algara.

En el sonido grave del ayer me sumerjo.

La ciudad provinciana. El paseo diario.

La levedad del tiempo que pasa de puntillas

y nos deja fragancias de estuco y yerbabuena.

El rumor de aquel beso robador de inocencia

mientras daban las nueve en todas las farolas.

¿Acaso aquella voz, aquel latido hermoso

de músicas serenas se perdió como un eco?

La plaza está desierta. En sus losas desnudas

herida la campana del corazón resuena

mientras bebo el aroma de esta copa vertida

con un sabor amargo de añil melancolía.

Se ha dormido el reloj. La noche va borrando

con sus alas las huellas. Entre las sombras sólo

la herencia del silencio como un mar inmutable

de aquel volver a ser inventando el recuerdo.

No puede el poeta con más cariño y hondura retratar la imagen de su ciudad, de su plaza, de sus años perdidos.

Villaverde, novelista

También ha hecho incursiones en el mundo de la novela, y así nos ha dejado Villaverde la que tituló «Don Iñigo, crónica y ficción del Marqués de Santillana», que publicó Enjambre en 1985. O la que, ambientada en la Serranía molinesa y del Alto Tajo, con personajes de carne y hueso, ha titulado «Nunca olvides nuestro jardín de estrellas». Tiene acabada otra que conozco y puedo decir que es singular y maestra: «Lucena» se titula y trata del personaje don Luís de Lucena en una fantástica revitalización de un ambiente perdido, la Guadalajara de finales del siglo XIX. Dará mucho que hablar.

Villaverde, dramaturgo

El mundo de las tablas lo ha tocado Alfredo con asiduidad. Él mismo es un magnífico actor, aunque nunca ha actuado de cara al público. Nunca olvidaré la interpretación que hizo de unos poemas de García Lorca en una noche de Nápoles, que arrancaron los aplausos y la admiración de decenas de personas que le invitaban a recitar y expresar su genio. Ha escrito dos obras perfectas: «Doncel», con una fábula sobre Martín Vázquez de Arce, y «Las Razones del Rey», quizás su libro más conocido, por haber alcanzado una tirada máxima, y en el que se da la epopeya amorosa y política de Felipe II, Antonio Pérez y la Princesa de Éboli en ese triángulo perfecto donde la pasión de estado, y el amor humano se entremezclan. La técnica del teatro, que es tan difícil, también la domina Alfredo Villaverde.

Villaverde, en fin, escritor

Creador del Grupo «Enjambre», que durante años dinamizó la vanguardia literaria en Guadalajara, ha caminado muchos otros tramos de vida y acción con el arma de la poesía, la literatura y el periodismo en las manos. Creador de una editorial, Words, en la que han aparecido hermosos libros sobre ciudades (Ciudades Mágicas) entre ellas la nuestra, Guadalajara, y otra cercana, Sigüenza. Periodista de turismo, es actualmente Presidente de la Asociación Castellano-Manchega de Escritores y Periodistas de Turismo, y en estas mismas páginas de Nueva Alcarria nos ha dejado, durante largo tiempo, palpable su capacidad de entrevistador y sagaz buscador de almas.

Sé perfectamente, y con esto acabo, que a Alfredo Villaverde le sonarán estas palabras a ripio sentimentaloide, o a halago gratuito nacido de una amistad larga y cuajada. No debe sonar tan mal, porque en realidad es el mínimo, instantáneo homenaje, que la provincia de Guadalajara le debe como escritor completo e intelectual de talla. Que al menos, hoy viernes, en la «fiesta de los populares de Nueva Alcarria» se le reconozca esa valía cuando, con otros muchos alcarreños/as notables, suba al escenario a recoger su diploma.

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