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julio 17th, 1998:

Ocahíata en el recuerdo

 

Hacía tiempo que debía haber sido pregonado el recuerdo de José Antonio Ochaíta, aquel gran escritor, pensador y poeta del que cada mes de julio, en la noche de Pastrana, nos acordamos fielmente porque tuvo su muerte (como la de todos, previamente marcada en día y hora) como a él le hubiera gustado: en el loor de las multitudes y el sonar de los versos.

Por fin ha llegado ese momento, precisamente ahora que se cumplen los 25 años de aquella muerte tan literaria y brusca. La figura leve, el emocionado recuerdo a su entrañable humanidad, la calidad excelsa de sus versos y el color magnífico de sus metáforas, acaba de ser recordado en nuestra ciudad, con la calidez y el emocionado decir de quienes le conocieron y admiraron su escribir, su hablar, su ser.

Una biografía breve

Había nacido en el alcarreño enclave de Jadraque en 1903, y desde muy pequeño fue un enamorado de la literatura y el arte. Licenciado en Filosofía y Letras, se dedicó primeramente a la enseñanza en diversas ciudades españolas, dirigiendo también varios periódicos. En Cádiz tuvo una Academia y en Vigo fue redactor y director de un conocido diario. Su afición a la poesía le llevó a componer multitud de letras para canciones de corte español, que luego famosas tonadilleras repitieron por el ancho mundo: algunas de las más conocidas canciones de Concha Piquer, Juanita Reina y Lola Flores fueron escritas por José Antonio Ochaíta, y su composición de El Porompompero fue universalmente repetida. Junto a los maestros Valerio, Quiroga y Rafael de León, puede decirse que el arsenal de la más genuina «canción española» salió de la mano de este escritor alcarreño.

Pero no paró ahí su inspiración y maestría. Dedicado también a la creación literaria, produjo estimables obras de teatro, como la tragedia en verso «Canela», que escribió con Rafael de León y estrenó María Fernanda Ladrón de Guevara, y su famosa «Doña Polisón», drama de tintes hispánicos. Fue nombrado miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, y alcanzó muchas otras distinciones, entre las que debe destacarse muy merecidamente la de Cronista Oficial de la ciudad de Guadalajara.

Sin embargo, toda la inspiración, la sabiduría y la gran cultura de José Antonio Ochaíta se volcaron en su quehacer poético, dedicando muchas de sus composiciones a las tierras y personajes de la Alcarria, donde se desbordó en forma de recitales, pregones y actuaciones múltiples. Es muy escasa, hasta ahora, la obra impresa de este magnífico escritor. Un «Desorden» fue su primer libro de versos, dedicado a la madre que marcó su vida. Siguieron «Turris fortíssima» y «Ansí pintaba don Diego», rarísimos hoy de encontrar. La «Poetización de Jaén» vio la luz gracias al apoyo de su amigo Juan Manuel Pardo Gayoso, jiennense que fue gobernador civil de Guadalajara en los años sesenta, y un pequeño opúsculo sobre «Jadraque, balcón de la Alcarria» se repartió en minúsculo formato por la Diputación Provincial. La Caja de Ahorro y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, le publicó su encendido canto al río Henares, «…conjunción de huertos y castillos», y aún el Ayuntamiento de Guadalajara hizo una corta tirada del texto del pregón que, bajo el título de «Guadalajara de todas las estrellas» pronunció en 1969 para anunciar las Ferias y Fiestas de la ciudad desde el balcón del Ayuntamiento.

Algunos poemas y romances vieron la luz en la gran «Antología de la Poesía Española» dirigida por Federico Carlos Sáinz de Robles, y algo después de su muerte en el libro «Guadalajara en la poesía» que seleccionó José María Alonso Gamo aparecen las increíbles composiciones con que Ochaíta ganó los premios provinciales de poesía en 1966 (Molina de Aragón) y 1973 (Guadalajara) cantando al Señorío molinés y en una «septena» a los castillos provinciales, respectivamente. Su última aparición impresa, siempre en «exposición colectiva» fue en la obra Cien Poetas en Castilla ‑ La Mancha que editada por Enjambre dirigió Alfredo Villaverde. Y nada más. Hasta ahora.

Una muerte literaria

La noche del 17 de julio de 1973, en el transcurso de una más de aquellas clásicas veladas literarias que bajo el título de «Versos a medianoche» y con un marcado carácter provincianista y carmelitano organizaba el Núcleo «Pedro González de Mendoza», José Antonio Ochaíta dijo adiós a la vida mientras recitaba, como si fuera una llama leve, su poema «Tengo la Alcarria entre mis manos». En un momento de su intervención, cuando alzaba su pequeña figura que parecía querer ascender tras las nerviosas manos gesticulantes, se le paró el corazón, quedando un instante en silencio, y cayendo al suelo, ya sin vida.

Por entonces le había pedido a Dios « ¡Que me pongan encima de los huesos, / cuando me entierren, el candente broche / de una piedra cualquiera del desmoche / de tu castillería…!». Se refería a los castillos de Guadalajara, de los que sabía historias y leyendas, y las sabía decir como ninguno. Y acababa, en ese continuo hablar con las altas instancias: « ¡Padre y Maestro, / te traigo de la Alcarria este disloque / para forjar tu eternidad completa…!».

Una deuda saldada

De los cientos de versos que escribió Ochaíta, apenas si nos quedaban ya memoria desvaída, en nuestras cabezas, de habérselos oído. Y así a miles. Se hacía necesaria, imprescindible, la gran Antología Poética que merecía por ser, sin duda, uno de los más grandes escritores que nuestra tierra de Guadalajara ha dado a la literatura española. Se hicieron intentos, y sólo ahora, al cumplirse con justeza (hoy es el día) los 25 años de su muerte en las gradas de la Colegiata de Pastrana, ha visto por fin la luz esta obra tan necesaria.

El pasado miércoles, en el ámbito del Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de Guadalajara, se presentó este libro tan esperado. Recopilador de los versos, el propio alcalde, José María Bris, que tan bien le conoció y compartió tantas jornadas con Ochaíta. Prologuista del compendio, Carlos Murciano. Comentarista en el momento de la presentación, José Antonio Suárez de Puga, que con el homenajeado compartió tándem en el oficio de Cronista de esta ciudad, y en la galanura e intensidad de sentimientos cuajados en versos no le ha ido a la zaga.

Ayer, incluso, en la noche tan noche del 16 de julio, la noche carmelitana tan amada de Ochaíta, ante la fachada del convento de los Santos Reyes de Guadalajara, volvieron a oírse las composiciones subidas y emocionadas del poeta jadraqueño.

Este libro que acaba de presentarse, con edición que ha corrido a cargo del Ayuntamiento y la Diputación de Guadalajara, es algo más que un homenaje a nuestro mayor poeta. Es un obligado reconocimiento, y la oferta a las actuales generaciones para que sepan lo que es escribir, emocionarse y poner el mundo del revés con la palabra.