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junio 13th, 1998:

Jerónimo Castillo de Bobadilla, un corregidor de Guadalajara en el siglo XVII

Si es larga y densa la nómina de personajes que tuvie­ron a Guadalajara y su provincia por solar patrio, y de muchos de ellos hemos visto ya y conocemos sus peripecias vitales, no es menos larga y densa la lista de personas que de un modo u otro tuvieron que ver con Guadalajara aun no habiendo nacido entre sus fronteras. Y el mismo razonamiento nos vale para los siglos pasados como para los días presentes. Pero nuestro cometido radica en analizar el pasado, en traer a nuestra consideración de hoy las peripecias del ayer, de sus instituciones y de sus gentes.

Es por eso que hoy recordaremos la figura de un escri­tor importante del Siglo de Oro, que vivió en Guadalajara algunos anos y aquí dejo su huella de bondad y sabiduría, lo mismo que el recogió, en su cargamento biográfico, los benéficos efectos de su vida en esta ciudad amable. Se trata del jurisconsulto Jerónimo Castillo de Bobadi­lla, que escribió una importante obra de teoría política, y en Guada­lajara residió varios anos de finales del siglo ejerciendo el cargo máximo de Corregidor de la ciudad y su comarca.

Nació Castillo en Medina del Campo, en febrero de 1546. De hidalga familia, tenían su solar ancestral en Bobadilla del Campo, también en la provincia de Valladolid. Estudio el bachillerato en artes en Salamanca, y se graduó como licenciado en Cánones por la Universidad Salmanticense. Caso con Juan de Palomares, y en 1568 inicio su carrera en la Administración del reino, ejerciendo primera­mente como teniente de Corregidor en Badajoz. Paso luego, en 1574 a Soria en calidad de Corregidor, y aunque la ley estipulaba que no se podía ocupar este cargo mas de tres anos seguidos, esta demostrado (como alguna que otra vez ha ocurrido en España, aunque en siglos muy lejanos) que la ley promulgada por el Estado luego no era cumplida por el propio Estado. Y así parece ser que Castillo de Bobadilla prolongo algo su estancia en Soria. El caso es que fue nombrado luego corregi­dor de Guadalajara, cargo que ocupo, aproximadamente, entre 1578 y 1586. Sabemos, porque el mismo lo dice en sus escritos, que ocasional­mente fue nombrado Pesquisidor para algunos asuntos especiales.

Tras superar los sucesivos juicios de residencia a que todo funcionario publico era sometido una vez terminada su ejecuto­ria, fue nombrado en 1592 Letrado de las Cortes, trabajando en ellas durante 10 anos mas, especialmente ocupado en el proceso del Reino contra la Hacienda Real, sobre la renta del servicio y montazgo, así como participando en las negociaciones y asesoramiento de las «cosas tocantes al servicio de los 18 millones». Finalmente, en 1602 fue nombrado Fiscal de la Real Audiencia de Valladolid. Pero justo en esa época cayo enfermo, se fue a vivir a Medina, y en 1605 murió.

Aquí en Guadalajara, como he dicho, ocupo el cargo de Corregidor de la ciudad y de su comarca. Según sus biógrafos, fue el prototipo de Corregidor recto, justo e indulgente, que trabajo siempre muy seriamente por dar a la ciudad un ambiente de justicia y de orden al mismo tiempo. En esa época, el Corregidor fundía en su misión otras dos que hoy están claramente separadas. Era, por una parte, el repre­sentante máximo del Monarca en ese territorio, ejerciendo el Gobierno y la Administración, y controlando el orden público. En definitiva, las misiones que hoy tiene, o ha tenido hasta tiempos muy recientes, el Gobernador Civil. Pero añadía además la función de juez máximo, y administraba la Justicia en nombre del Rey, en las ciudades que, como Guadalajara, eran libres, no sometidas a señorío particular. Esto es, ejercía además de «Presidente de la Audiencia». Por ser esta ultima faceta mucho mas especifica y técnica, se ve que la inmensa mayoría de los Corregidores del Antiguo Régimen eran generalmente abogados y gentes de leyes.

Jerónimo Castillo de Bobadilla figura en la historia de la literatura española por una sola obra que se ha considerado siempre como capital en la evolución del Derecho hispano. Se titula así: Política para Corregidores y señores de vasallos en tiempos de paz y de guerra, y para jueces eclesiásticos y seglares, y de sacas, aduanas y de residencias, y sus oficiales: y para regidores y abogados, y del valor de los Corregimientos y Goviernos, realengos y de las Ordenes. La escribió entre 1590 y 1595, en Madrid, y aunque tuvo problemas, de índole económica para publicarla (tuvo que reunir primero y luego pagar 3000 Ducados), apareció la primera edición en Madrid, en 1597. Tras su muerte vino la gloria, y conoció múltiples reediciones, de las que como recordar, dentro del período clásico, las de Medina del Campo en 1608, Barcelona en 1616 y 1624, Madrid otra vez en 1649, 1759 y 1775, y la de Amberes en 1704 y 1750. La obra tuvo, como queda demos­trado, una gran aceptación entre un público especialista y también a niveles más amplios, en universidades, filósofos, políticos en general y mucho publico curioso. Pero también, como no, tuvo problemas con la Inquisición, que en 1608 y 1632 incluyo en el Índice algunos de sus párrafos, por banalidades relativas a la preeminencia del derecho seglar sobre el canónico.

Aunque como no especialista en el tema, no entraré a valorar técnicamente la obra de Castillo de Bobadilla. Pero si puedo al menos situar a este Corregidor que fue de Guadalajara entre el grupo de cabeza de los escritores barrocos de temas políticos en nuestro Siglo de Oro. Escribe, es cierto, de un modo ampuloso, hincha­do, pero siempre va en derechura «al grano», como hombre de leyes que es. Remito a la bibliográfica sobre este personaje a quienes quieran profundizar en su valoración.

Para terminar, solamente insistir en que siempre resul­ta de interés repasar las personalidades que de un modo u otro influ­yeron en al vida de la ciudad en épocas pasadas, porque sus propias biografías, sus realizaciones, repercutieron de algún modo en lo que Guadalajara paulatinamente fue. No cabe duda que la presencia de Castillo de Bobadilla, ilustre escritor y tratadista político del siglo XVI, como máxima autoridad en nuestra tierra, coopero al clima de cultura que en esta «Atenas alcarreña» se vivió por entonces.

BIBLIOGRAFIA

TOMAS Y VALIENTE F.: Castillo de Bobadilla. Semblanza personal y profesional de un juez del Antiguo Régimen, en «Anuario de Historia del Derecho Español», XLV (1975)

SPINOLA, F. E.: Gerónimo Castillo de Bovadilla, Colección de Clásicos Políticos Españoles, Madrid, 1939