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junio 14th, 1996:

Torija, deseño de hoy sobre las piedras de siempre

 

No es mala noticia decir, de vez en cuando, que nuestra tierra es protagonista más allá de sus propios límites. Hoy corresponde ese protagonismo al castillo de Torija, y por muchos motivos. Durante esta semana pasada ha sido centro de la atención de miles de personas. Allí se encuentra el Museo del «Viaje a la Alcarria», el único museo del mundo dedicado a un sólo libro. Esa idea, que partió de la Diputación Provincial guadalajareña, llegó hace un año a consumarse, y hoy es una espléndida realidad. De tal modo, que entre sus muros, y en su torno, acaba de celebrarse con toda solemnidad el medio siglo del nacimiento de ese libro, el mejor vocero y cantor de nuestra tierra.

La idea era absolutamente genial: convertir las ruinas de un abandonado castillo, palomar sin brújula, solemne cabezón plagado de vientos, en un espacio moderno al que adscribir la memoria de una obra literaria. Y además de recuperarle como elemento arquitectónico del Medievo, que era su razón de ser, ofrecer desde él un aspecto moderno, contemporáneo, de la vida de la villa torijana, de la Alcarria toda.

Ese reto fue aceptado por Diputación Provincial, por el Ayuntamiento de Torija, por una serie de gentes que pusieron manos a la obra para montar aquel espacio de acuerdo a unas nuevas coordenadas. El encargado de llevar hasta el final ese reto fue el arquitecto José Luís Condado, quien auxiliado por un equipo en el que formaba parte Antonio Dombriz del Prado como arquitecto técnico, consiguieron transformar un patio vacío y un torreón sin más esencia que sus fortísimos muros, en un espacio nuevo, múltiple, lleno, luminoso y mágico. Quizás la más alta función de la Arquitectura, la de «crear espacios» frente a la de alzar imágenes, es la que en el Museo de Torija se ha llevado a cabo.

Esa hazaña, que es técnica y plástica al mismo tiempo que utilitaria, ha sido reconocida hace tan sólo unos días por la publicación de mayor prestigio en el mundo del diseño arquitectónico: la catalana ON Diseño, en su número 171, trae un amplio reportaje cuajado de fotografías en color, de la rehabilitación que Diputación Provincial ha hecho del viejo castillo de Torija para transformarlo en Museo del «Viaje a la Alcarria». Y entre otros variados ejemplos de afortunadas remodelaciones en otros puntos de España, la intervención alcarreña resalta con fuerza y originalidad únicas.

Nueva imagen para Torija

Una imagen de modernidad y atrevimiento, con la función conseguida sobre la ruina inservible. Lo que se ha hecho en el castillo de Torija puede quedar (de hecho ha quedado, según las palabras de la Revista ON Diseño) como una página señalada de la historia de la restauración arquitectónica, como una de las mejores y más atrevidas novedades en punto a reunir patrimonio «puro y duro» (un castillo medieval de los Mendoza) con la oferta cultural más moderna, como es un museo de recuerdos directos en torno a un libro, a un personaje y a una tierra (el del «Viaje a la Alcarria» de Camilo José Cela.

Los orígenes del elemento son remotísimos. ¿Castillo templario, como quieren algunas leyendas? Más bien un originario torreón, una «turrícula» minúscula, vigilante de caminos, asomada al valle frondoso que desde la meseta lleva al valle del Henares, y que daría nombre, hace siglos, al pueblo: de turrícula a torija sólo existe una modulación en el pronunciar.

Luego fueron los grandes señores de la Alcarria, los López de Orozco, y más tarde los arzobispos toledanos, los Mendoza de Guadalajara… esa densa lista de nombres que suben y bajan por el valle, y que en 1525 se adensó en el llamado «Paso Honroso de Torija» en el que don Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de Coruña, y sus primor todos de Guadalajara, ofrecieran un galán espectáculo ante el Emperador y el Rey de Francia que por allí pasara.

El batallador «Empecinado», don Juan Martín, por hacer guerra a los franceses dinamitó el viejo castillo, para que no fuera usado por los napoleónicos, y así quedó ya roto y traspasado de los vientos, hasta hace pocos años en que inició, paulatinamente, su reconstrucción, que ahora se ha visto rematada con esta valiente decisión de meter en su interior un museo, y ponerle a la gran torre del homenaje un aditamento que entre materiales modernos (la madera, el metal y los cristales) ofrece al viajero la posibilidad de visitar, lleno de luz y de recuerdos, un Museo lleno de interés y alcarreñismo.

La novedad de Torija

Según palabras del autor de la restauración, el arquitecto José Luís Condado, «el objetivo básico de la intervención en el castillo de Torija ha sido la rehabilitación interior de la torre del homenaje, para facilitar su utilización como pequeño museo monográfico». Para ello se han tenido que realizar dos forjados interiores, ya que la torre sólo conservaba la bóveda de cobertura de la planta inferior, y se han tenido que añadir los elementos necesarios para permitir la comunicación entre los diferentes niveles interiores.

Con las palabras técnicas del profesional que mide al milímetro lo que hace, en Torija «la diferencia de cota existente entre la rasante del patio del castillo y la planta primera [del interior de la torre, inicio del Museo] se salva mediante una escalera contenida en un volumen exento, adosado en el ángulo del patio más próximo a la torre; entre esta planta y las dos superiores, la circulación vertical se establece por medio de una escalera de caracol dispuesta en el interior del hueco rectangular practicado en el tramo central de los dos forjados interiores».

Esa escalera exterior sirve al mismo tiempo como vestíbulo de ingreso a la pequeña sala, de impresionante bóveda pétrea, que aún existía original en la torre del Homenaje, y que en estos pasados días ha servido de sede a una magnífica exposición de pinturas de paisajes alcarreños de Jesús Campoamor.

Son varios los aspectos que cabe resaltar en esta interesante restauración del castillo de Torija, y su adecuación como Museo del «Viaje a la Alcarria», ahora destacados por la Revista ON Diseño como ejemplares: en primer lugar, la no reconstrucción de los elementos y materiales originales; segundo, el tratamiento reversible y no traumático de los muros y elementos conservados de la fortaleza, de tal modo que los nuevos elementos ahora incorporados puedan ser interpretados siempre como piezas muebles, susceptibles de ser retiradas en cualquier momento futuro. Y tercero, el uso de nuevos materiales, que en ningún caso tienen una apariencia que quiebre la silueta o las texturas anteriores del edificio, y que cumplen la función requerida sin excesivos contrastes entre ellas. De este modo, se ha recurrido a un repertorio restringido de cuatro materiales básicos: el hormigón, el acero (como elemento estructural de las dos escaleras y de los forjados interiores), la madera con dos acabados industrializados diferentes, para las superficies del forjado final y el cerramiento de la caja de la escalera exterior, combinado en este último caso con el vidrio.

Todo ello en el cuerpachón vetusto, pero renovado y hoy más vivo que nunca, del castillo de Torija, que además añade un marco urbanístico muy mejorado en los años últimos, renovado y cuidado por su Ayuntamiento, hasta el punto de que, para quien todavía no haya subido sus pasos hasta esta plaza y este castillo-museo de Torija, le recomiendo que cuanto antes lo haga, porque se va a llevar una gratísima sorpresa.