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El linaje de los Arce y Sosa en la ciudad de Sigüenza: notas sobre organización y transmisión de las armerías

En este trabajo se estudian los modos de transmisión de los nombres y apellidos, así como los emblemas heráldicos personales y familiares, en la baja Edad Media castellana, en el contexto particularizado de una sola familia, concretamente la de los Arce y Sosa, habitantes de Sigüenza y el valle del Henares durante la segunda mitad del siglo XV y primera del XVI. Para ello se trabaja sobre un material consistente en 17 escudos de armas, la mayoría de ellos distribuidos por la capilla mortuoria de esta familia en la catedral de Sigüenza, y sobre el testamento y codicilos de los fundadores del grupo, Fernando de Arce y Catalina Vázquez de Sosa. Tras hacer un análisis individualizado de cada escudo de armas, y de ofrecer un amplio cuadro genealógico‑heráldico de los miembros de esta familia, se ofrecen las conclusiones que describen con nitidez las formas de nominar a los individuos del grupo, y los modos diversos, normales y/o excepcionales, deformar sus escudos de armas.  

Material y métodos

En el contexto general de nuestros estudios sobre heráldica en la provincia de Guadalajara, nos llamó la atención la abundancia de manifestaciones y documentos armeros que en los primeros años del siglo XVI se concentran en Sigüenza, relativos a la familia de los Arce y Sosa. Sobre la variedad de sus escudos, puestos en fachadas y enterramientos, y muy especialmente sobre los peculiares modos de organización y transmisión de sus armerías, hacemos a continuación algunas breves consideraciones.  

El más conocido de los miembros de esta familia es, sin duda, don Martín Vázquez de Arce, “el Doncel”, debido a lo singular de su enterramiento en la catedral de Sigüenza, y a la leyenda que siempre ha rodeado a su figura. El más importante de sus miembros, sin embargo, fué su hermano, don Fernando Vázquez de Arce, obispo de Canarias, notable humanista que dirigió, por su preeminencia intelectual y su fortuna, la organización de la familia, haciendo de cabeza visible de la misma durante el primer cuarto del siglo XVI, y ejerciendo de responsable en el tema de la organización y transmisión de las armerías familiares, tema que ocupa nuestra comunicación.  

El material histórico con el que trabajamos es tanto arqueológico como documental. El primero está compuesto por un conjunto de 17 escudos de armas pertenecientes a diversos miembros de esta familia, 14 de ellos localizados en la catedral de Sigüenza 1 y 3 más en la portada de su palacio seguntino. El material documental se centra en el testamento y codicilos de don Fernando de Arce y su mujer doña Catalina Vázquez de Sosa, padres del Doncel, conservados en la catedral seguntina 2.  

El método seguido para nuestro estudio ha consistido en la búsqueda e identificación de todos los escudos referidos, asignando cada uno de ellos a un personaje ó linaje. La descripción de los referidos emblemas heráldicos, y su comparación mutua, ha llevado a detectar una serie de anomalías en lo que sería la composición y transmisión lógica de los símbolos, que finalmente han sido explicadas por las disposiciones encontradas en el testamento y codicitos referidos, redactados por los padres del Doncel, pero modificados significativamente por su hermano, el obispo de Canarias, quien, por otra parte, no hace sido seguir una costumbre muy difundida en su época.  

Para una mejor comprensión de estas notas, hemos acudido a la expresión gráfica de los escudos heráldicos, que presentamos de forma individualizada tomados de diversos enterramientos, y conjunta como elaboración de un cuadro genealógico‑heráldico de la familia Arce‑Sosa.  

La familia de Arce y Sosa

La familia de los Arce y Sosa fué una de las pocas agrupaciones de hidalgos existentes en la ciudad de Sigüenza a lo largo de la Baja Edad Medía y principios de la moderna. Diversos estudios históricos y sociológicos han venido a poner de relieve la escasez y poca importancia de la nobleza de sangre en la ciudad de Sigüenza y su territorio durante los largos siglos en que fué señorío de los obispos 3. Aunque el duque de Medinaceli siguió poseyendo tierras en dicho territorio, que había pertenecido originariamente, durante los años inmediatamente posteriores a la reconquista de la zona, al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, ningún otro noble con título poseyó bienes raíces ni, mucho menos, ostentó señorío sobre el territorio episcopal. Algunos hidalgos y gentes acaudaladas, caballeros ciudadanos y comerciantes burgueses, consiguieron a lo largo de la baja Edad Media hacerse con la propiedad de tierras en derredor de Sigüenza, y de “casas mayores” en el interior de la propia ciudad. Tras las primeras desamortizaciones de bienes eclesiásticos llevadas a cabo por Carlos I y su hijo Felipe II, algunos grupos familiares, generalmente ligados a importantes miembros del Cabildo, consiguieron hacerse con la Propiedad y aun el señorío jurisdiccional de Pequeñas aldeas del territorio seguntino: tal es el caso de los Mora, señores de Ures y Valdealmendras desde 1550 aproximadamente. Tan sólo este grupo, el de los Mora, Torres y Gamboa, ligados a los La Cerda de Medinaceli, y el de los Arce y Sosa que centran nuestro estudio, consiguieron colocar sus panteones familiares en sendas capillas de la catedral. 

De procedencia desconocida, el grupo Arce y Sosa no llegó a contar con señorío propio. Eran hidalgos con propiedades rústicas y urbanas en Sigüenza y Guadalajara. Para sobrevivir medianamente tuvieron que entrar en el círculo cortesano de los Mendoza, apareciendo en funciones administrativas (don Fernando de Arce fué secretario del segundo duque del Infantado, don Iñigo López de Mendoza), militares (Martín Vázquez de Arce, el Doncel, formó en el ejército de dicho segundo duque, yendo con él a la guerra de Granada, y pereciendo en ella) ó eclesiásticas (Fernando Vázquez, que llegaría a obispo de Canarias, fué canónigo y prior del Cabildo en Osma, la diócesis que previamente había administrado el Cardenal Mendoza) 4.  

La estructura familiar de los Arce y Sosa, tal como podemos colegir de los datos arqueológicos y documentales que manejamos, sería la siguiente: tomando por eje y creadores del linaje Arce y Sosa a los padres del Doncel, don Fernando de Arce y doña Catalina Vázquez de Sosa, encontramos que por parte de esta, vivieron en Sigüenza, a mediados del siglo XV, sus padres, don Martín Vázquez de Sosa y doña Sancha Vázquez. Este hidalgo pertenecía al linaje de Sosa, de procedencia portuguesa. Así lo proclama, no solamente su apelativo, sino el dato heráldico del principal cuartel de su escudo, que muestra las cinco quinas de Portugal. De su madre hereda las fajas de Vázquez, y con ellas compone el escudo, que lleva, partido, en su cuartel derecho y principal las armas de Sosa, herencia paterna, y en el izquierdo ó secundario las de Vázquez, de herencia materna. Sin embargo, vemos que su nombre es Martín Vázquez de Sosa. Esta es la norma habitual en la Castilla del siglo XV: el linaje materno se antepone al paterno. En realidad se articula al nombre propio, al que confiere modulación, y detrás figura el linaje paterno, normalmente precedido de la partícula “de”, con lo que adquiere el relieve propio del legítimo linaje.  

La esposa de don Martín Vázquez de Sosa se denominaba Sancha Vázquez en su sepultura. Las armas que aparecen talladas en su enterramiento (hechas bien entrado el siglo XVI a instancias de su nieto Fernando Vázquez de Arce) no se corresponden con el linaje de Vázquez. Serían, pues, de su padre, cuyo apellido no nos ha llegado. Se trata de una escueta banda, que en el siglo XV es emblema de varios linajes, entre ellos los de Sandoval ó Mendoza. El Vázquez de esta señora puede ser por su madre (lo cual haría primos a los esposos) o bien fué tomado del linaje del marido, por desconocer su nieto, cincuenta años después de muerta la señora, el auténtico linaje al que pertenecía. O incluso por ser plebeya.  

De este primer matrimonio nació doña Catalina Vázquez de Sosa. Funciona de modo similar que con su padre el mecanismo de transmisión de linaje, apellidos y armerías. El Vázquez es de su madre y por lo tanto sigue directamente al nombre. Y el Sosa precedido de la partícula “de” se encarga de señalar el linaje paterno. Los emblemas heráldicos, que aparecen en el enterramiento central de la capilla de San Juan y Santa Catalina donde están los padres del Doncel, aparecen separados los de doña Catalina: de una lado el paterno de Sosa y de otro el materno de Vázquez.  

En cuanto al padre del Doncel, esposo de la doña Catalina Vázquez de Sosa que acabamos de ver, es el primer sujeto del linaje de Arce que aparece en nuestro estudio. Sus antecesores debían ser de la tierra seguntina o medinense. El hecho de formar su escudo de armas con cinco flores de lis de oro sobre campo azul nos hace sospechar una cierta clientela, incluso secular, respecto a los La Cerda, señores de Medinaceli. El nombre de este individuo, en todos los documentos y elementos arqueológicos, es el de Fernando de Arce. Perteneciente al referido linaje de los Arce, sorprende que utilice directamente como primer apellido el del linaje paterno. En su enterramiento vemos los escudos de sus progenitores: destacado, las flores de lis de los Arce. Y a un costado, el materno formado por un ajedrezado que sabemos de gules y oro. Sin duda, perteneciente a Cisneros, a cuyo linaje pertenecería su madre. A través del mecanismo habitual de nominaciones personales en la baja Edad Media, el padre del Doncel debería llamarse Fernando Cisneros de Arce. Por razones que desconocemos, eliminó el apelativo materno. Sus armas, sin embargo, no se perderían del todo.  

Los restos mortales de todos los personajes que estudiamos y nos sirven para elaborar estas notas sobre organización y transmisión de armerías, se encuentran reunidos en la capilla de San Juan y Santa Catalina, situada al extremo del brazo meridional del transepto de la catedral de Sigüenza. Ocupa el lugar del primitivo ábside más meridional de la cabecera del templo, convertido luego en capilla de Santo Tomás Cantuariense, y propiedad de los La Cerda desde el siglo XIV. En 1491 la adquirió Fernando de Arce para enterramiento de toda su familia. Aunque fué en realidad su hijo Fernando Vázquez de Arce, obispo de Canarias, quien dirigió su construcción, su ornamentación y dispuso la colocación de los sepulcros. Así, en la fachada de la capilla, obra magnífica en estilo renacentista, diseñada por Francisco de Baeza en 1530, aparecen una serie de escudos policromados que sirven para completar nuestro estudio. Y a propósito del fundador, del padre del Doncel, podemos decir que en la referida portada surge, centrando el arco, un emblema ajeno en todo a los linajes familiares, pero que no es difícil de interpretar. Se trata de un escudo de gules, que ofrece una cruz florenzada de oro, cargada en su centro y puntas de cinco veneras de plata. Aun con los esmaltes un tanto alterados, este emblema pertenece claramente a la orden militar de Santiago, a la que perteneció el hidalgo con el título de Comendador de Montijo. A los lados de este emblema militar, aparecen perfectamente esmaltados los escudos de Arce (a la derecha) y de Sosa (a la izquierda), propios del matrimonio fundador.  

Lamina 1

  

Y pasamos a estudiar los emblemas heráldicos de los hijos del matrimonio fundador. Fueron éstos dos varones y una hembra. El primero, dedicado a las armas, se educó en la corte de los Mendoza de Guadalajara, y muy joven alcanzó a ser caballero de la Orden de Santiago. Teniendo solamente 25 años, en el mes de julio de 1486, fué muerto por los moros en la Vega de Granada, en una acción militar del ejército del segundo duque del Infantado, en el que militaba. Su padre, que le acompañaba, recogió el cuerpo, y años después fué trasladado a Sigüenza y enterrado en la capilla adquirida para esta función. Su enterramiento, y especialmente la estatua que lo cubre y representa al mozo, es de lo mejor de la escultura occidental. Se le conoce como “el Doncel de Sigüenza”.  

En su frontal, entre adornos vegetales, aparece el escudo de este joven, llamado Martín Vázquez de Arce. Es curioso observar que aunque los linajes de este sujeto son de Sosa (por su madre) y de Arce (por su padre) y que por lo tanto serían esos, y en ese orden, los apellidos que debería llevar, no es así, y toma como apéndice de su nombre el que era primer apellido de su madre por el linaje de su abuela. Lo mismo harán sus hermanos, que añaden el Vázquez como modulación del nombre, y ponen el linaje paterno como auténtico apellido.  

En cuanto al escudo de Martín Vázquez de Arce, este se organiza de una forma clara y lógica, aunque diferente del de sus hermanos. Se trata de un escudo de embocadura alemana, cuartelado, que en el primero y cuarto cuarteles ofrece las armas de Arce, el linaje principal por paterno. En el segundo ofrece las armas de Sosa, el linaje materno, y en el tercero las tres fajas de Vázquez. Pero no olvida el linaje materno de su padre, el Cisneros, y lo coloca, curiosamente, como bordura de todo el escudo. Hay que hacer constar que no fué el propio interesado, don Martín Vázquez de Arce, quien diseñó así sus armas, sino que estas fueron colocadas al hacer el sepulcro, años después de su muerte, y que sería su hermano Femando, diseñador del sentido humanista del monumento, quien las dictara. 0 aun su padre, que vivía. Vemos en ellas, en cualquier caso, un orden lógico y jerárquico: primero y cuarto, linaje paterno; segundo, primer linaje de la madre, y tercero, segundo linaje de la madre. Por bordura, el segundo linaje del padre.  

El segundo de los hijos del matrimonio fundador, también varón, fué Femando Vázquez de Arce. Dedicado a la Iglesia, fué hombre de estudios, luego canónigo en Sigüenza y en Osma, y finalmente fué nombrado obispo de Canarias. Murió en 1522, siendo enterrado también en esta capilla, en un sepulcro ya netamente renacentista, con forma de retablo, apareciendo su cuerpo yacente, revestido de sus mejores galas eclesiásticas sobre la urna que contiene sus restos. Además de una densa decoración plateresca, aparece en el frontal del enterramiento una pareja de sus escudos de armas, tenidas de ángeles. En este tema de los tenantes, en cuyo profundo sentido no vamos a entrar ahora, vemos la diferencia que esta familia establece para sus miembros. Y así, mientras al Doncel, como militar y civil, se lo sujetan dos pajes vestidos a la alemana, al obispo se lo tienen sendos ángeles. Y a los padres, figuras de jóvenes revestidos de túnicas, mientras que a los abuelos son “putti” desnudos y arrodillados.  

Don Fernando Vázquez de Arce, diseñador de los sepulcros de esta capilla, y aun inspirador de la organización de sus armerías, además de ser quien dispuso las herencias y reparto de los bienes de sus miembros, organiza sus armas de la siguiente manera: en escudo de tipo español, cuartelado, en el primero pone las armas de Arce; en el segundo, las de Sosa; en el tercero las de Cisneros y en el cuarto las de Vázquez. Aunque son, como vernos, diferentes de las de su hermano, el sentido de su disposición es el mismo, quizás más claro: va primero el primer linaje de su padre, segundo el primer linaje de su madre; tercero el segundo linaje de su padre; y cuarto el segundo linaje de su madre. Este escudo lo vemos en otros lugares de la capilla, especialmente policromado, y siempre timbrado con el capelo episcopal, en las columnas laterales de la portada de la capilla.  

Lamina 2

  

Finalmente, la hija tercera del matrimonio fundador es una hembra, doña Mencía Vázquez de Arce, cuyo escudo de armas no nos ha llegado, aunque le suponemos igual que el de su hermano Fernando. A partir de aquí, veremos el proceso de transmisión de apellidos y armerías en los sucesores del linaje de Arce y Sosa, determinado no sólo por la lógica de la sucesión, sino por los imperativos arbitrarios de unas disposiciones testamentarias hechas para salvaguardar la cohesión e importancia de un mayorazgo y unos bienes raíces. Los datos que reseñamos a continuación proceden de los documentos mencionados al comienzo de este trabajo, gracias a los cuales conocemos los enlaces de los miembros de esta familia, y la forma en que se estableció su sucesión, sus herencias e incluso el modo de transmitir linaje y armerías.  

Y así vemos que don Martín Vázquez de Arce, “el Doncel”, tuvo una hija, llamada Ana, que debía ser muy pequeña cuando él murió, y que debía ser ilegítima pues para nada se menciona a la madre, ni en parte alguna se especifica su nombre y menos aún su linaje‑5. La heredera de don Martín, que según el testamento de los fundadores de la capilla se convierte en primera beneficiaria de los bienes familiares, es denominada Ana de Arce unas veces, Ana Vázquez de Arce otras y aun Ana de Arce de Sosa. En cualquier caso, es claro que sólo recibe apellidos y linaje del padre. Su escudo, que no conocemos, sería similar al del padre: un cuartelado de Arce, Sosa, Vázquez y Arce con bordura de Cisneros. Esta joven se casó con Pedro de Mendoza. Y según la imposición testamentaria de su tío el obispo de Canarias, debía de disfrutar los bienes del mayorazgo sin dividirlos ni venderlos; debería dejárselos, enteros, a un hijo (ó hija si no tuviera varones), al que quisiere, pero siempre varón si lo hubiere. Y si falleciera doña Ana sin hacer testamento, heredaría los bienes el hijo varón segundo, el cual, en todo caso, además de los bienes recibiría los apellidos de Arce y Sosa, y, por supuesto, las armas correspondientes a esos linajes.  

El eclesiástico don Fernando Vázquez de Arce, prior de Osma y obispo de Canarias, no tuvo descendencia de ningún tipo. Al menos, en la documentación que manejamos no consta haberla tenido. El es, atentamente entregado a su familia, quien se preocupa de todos, de que tanto sus padres, como hermanos, como sobrinos, vivan dignamente y reciban saneados, y aun mejorados con su fortuna, los bienes propios del linaje. El cuida de colocar los sepulcros de todos en la capilla de San Juan y Santa Catalina, y aun se encarga de terminarla y adornarla como corresponde a la familia de hidalgos que con su cuidado se estabiliza y consolida.  

La tercera de los hermanos, doña Mencía Vázquez de Arce, se casa con un individuo perteneciente a linajuda casta de hidalgos tradicionalmente asentados en el ducado de Medinaceli. Es concretamente don Diego Bravo de Lagunas, que tiene con su familia solar conocido en Berlanga de Duero, en cuya colegiata se reúnen algunos interesantes enterramientos de sus miembros, todos ellos marcados con los emblemas heráldicos de su apellido principal, un castillo de tres torres. Que doña Mencía Vázquez de Arce usó las armas de su linaje, ya perfectamente consolidado, de Arce y Sosa, no hay duda, aunque tampoco tenemos constancia arqueológica de ellas. De su matrimonio con Diego Bravo de Lagunas tuvo varios hijos. El mayor se llamó Femando de Arce, y debía recibir el mayorazgo, apellidos y armas del linaje de Arce y Sosa en caso de que no tuviera herederos doña Ana. Darle ese nombre era predisponerle para recibir el mayorazgo. Sin embargo, vemos en este testamento que sus hermanos reciben otros variados apellidos. El que le sigue es Juan de Ortega. Va luego Diego Bravo de Sosa, y aún después Luís Bravo, el más pequeño. En ese orden deberían heredar el mayorazgo de los Arce, si los hermanos mayores murieran sin descendencia. Y, confirmando la curiosa forma de transmisión de linajes y armerías, el obispo de Canarias dispone que en el caso de darse las circunstancias de heredar el mayorazgo alguno de éstos, automáticamente deberá cambiarse el apellido, y adoptar el de Arce y Sosa, y utilizar sus armas, obligándose a residir en Sigüenza, se supone que en las casas mayores de la familia, o, al menos, visitando frecuentemente la capilla de San Juan y Santa Catalina de la catedral seguntina.  

Era ésa la condición para poder disfrutar de los bienes y rentas del mayorazgo. Así vemos que una de las hijas de este matrimonio, enterrada en el pavimento de la capilla de San Juan y Santa Catalina, es doña Catalina de Arce y Bravo, hija de los referidos señores. El orden de apellidos es el habitual, poniendo delante el Arce de su madre, y como principal el Bravo de su padre. En el enterramiento, una sencilla lauda de suelo con su figura tallada en bajorrelieve, junto a la cabecera pone sin embargo el emblema del linaje materno a la derecha y la del paterno a la izquierda. Esta señora presenta las mismas armas que usó su tío el obispo de Canarias, aunque con ligera variación. Usa un escudo español, cuartelado. En el primer cuartel, las armas de Arce; en el segundo, las de Sosa; en el tercero, las de Cisneros y en cuarto, las de Vázquez, pero estas a su vez borduradas con el jaquelado de Cisneros.  

En la misma capilla, y también en una lauda sepulcral en su suelo, aparecen las armas de un hijo de esta señora, doña Catalina de Arce y Bravo, casada con un individuo del grupo de los letrados seguntinos del siglo XVI. Este hijo hereda los apellidos del padre, y se denomina Pedro Díaz de Caravantes, pero sin embargo usa las armas cuarteladas del linaje de su madre, siguiendo fielmente los dictados testamentarios de sus bisabuelos.  

Consideramos finalmente los tres escudos que aparecen en la fachada del palacio seguntino de los Arce, conocida popularmente como “casa del Doncel” ó palacio de los Bedmar. En tomo al arco semicircular y baquetonado de su ingreso aparecen los emblemas de los linajes fundadores. Están distribuidos en un orden lógico y habitual en la armería castellana, aunque presentando alguna variación curiosa de reseñar. En la enjuta derecha, las cinco flores de lis del linaje de Arce, del esposo. En la enjuta izquierda, el escudo partido de Sosa y Vázquez por los linajes de la esposa. Y en la clave del arco, el lugar de honor, un escudo cuartelado en el que, como hacía el Doncel en su sepulcro, aparecen las armas de los Arce repetidas en el primero y cuarto cuarteles, y las de Sosa y Vázquez repartidas por el segundo y tercero, con la curiosidad de que las de Sosa eliminan las quinas de Portugal y dejan solamente los luneles, incluso mutilados.  

Lamina 3

  

Discusión y resultados

A través de la objetiva descripción de los materiales utilizados en nuestro estudio, hemos podido ver la variedad de individuos que, en el plazo de un siglo (3 generaciones o poco más) forman el eje de una familia de hidalgos seguntinos que ramifican sus propiedades e intereses a lo largo del valle del río Henares y aun los extienden hacia el ducado de Medinaceli. De este linaje de Arce y Sosa, consolidado tras el matrimonio de don Fernando de Arce y Catalina Vázquez de Sosa, surgen individuos que utilizan nombres y escudos de armas condicionados en su composición no sólo por las habituales normas nominativas y heráldicas de la baja Edad Media castellana, sino por la fuerza de cláusulas testamentarias que persiguen el mantenimiento de apelativos y armas fuera de sus normales cauces.  

Aunque puede aducirse que el análisis de una sola familia no da razón para elaborar enunciados definitivos sobre este aspecto, sí es cierto que el comportamiento de una fracción específica de la sociedad permite enunciar nociones y bases de ese funcionamiento. De ahí que los datos examinados en este trabajo nos permitan, de un lado, comprender las formas de transmisión de nombres y apellidos en las clases nobles de la baja Edad Media castellana, y de otro apreciar la dinámica de uso y transmisión de los emblemas heráldicos personales y familiares. El hecho de considerar más en profundidad la organización de la sociedad familiar y las relaciones entre sus miembros, está aún por hacer, pero su inexistencia tampoco invalida nuestro trabajo.  

En cualquier caso, los resultados son evidentemente positivos, y aunque sobre este tema debe aún profundizarse y examinar otros ejemplos individuales, el análisis de los aspectos nominativos y heráldicos del linaje seguntino de los Arce y Sosa, dentro del contexto de una realidad histórica en el espacio geográfico del valle del río Henares, nos permite llegar a las siguientes  

Conclusiones

En el espacio temporal de la baja Edad Media y comienzos del Renacimiento (segunda mitad del siglo XV y primera del XVI) y en el espacial del valle del Henares, existen unos usos específicos de nominaciones personales, de uso de emblemas heráldicos y de transmisión familiar de esas nominaciones y emblemas.  

El nombre se toma de algún santo o santa al que la familia tiene devoción, o que por tradición se usa en la familia. Generalmente, son nombres que utilizaron algunos ancestros concretos que alcanzaron un prestigio social o familiar muy determinado. Detrás del nombre se coloca, como modulación del mismo, el apellido de la madre, aunque esto no es sistemático, y en ocasiones se prescinde de su uso. Así, vemos cómo la mujer de don Fernando de Arce es Catalina Vázquez de Sosa, hija de una Sancha Vázquez y de un Martín Vázquez de Sosa. Sus hijos son luego Martín Vázquez de Arce (el Doncel), Fernando Vázquez de Arce (el obispo de Canarias) y Mencía Vázquez de Arce, aunque en ocasiones al segundo se le denomina solamente Fernando de Arce, como su padre. La hija del Doncel don Martín Vázquez de Arce, recibe solo los apellidos del linaje del padre, y se llama Ana de Arce y de Sosa, ignorando por completo el apellido de la madre. De forma excepcional, pero no rara, este orden se modifica, y en obediencia a disposiciones sucesorias y condiciones para gozar alguna herencia, algún miembro de una familia puede prescindir del orden normal de sus apellidos, y adoptar como de linaje los de abuelos o tíos matemos.  

El uso de las armerías es claro. Pueden adoptarse los siguientes usos: a) se usa como propio el escudo del linaje paterno. b) pueden usarse juntos los escudos de los linajes paternos del padre y de la madre. c) puede adoptarse un escudo único, partido, poniendo en el cuartel derecho, siempre principal, el linaje del padre, y en el izquierdo el de la madre. d) puede cuartelarse el escudo y poner en el primero de los cuarteles, en alto a la derecha, las armas del linaje paterno del padre; en el segundo cuartel, las armas del linaje paterno de la madre; en el tercero, las del linaje materno del padre, y en el cuarto, abajo y a la izquierda, las del linaje materno de la madre. e) sin embargo, pueden adoptarse muchas otras variantes en el orden y organización de las armerías, que dan riqueza a este aspecto de la heráldica bajomedieval castellana. Como ejemplo, el orden que utiliza Martín Vázquez de Arce, el Doncel, en la organización de su escudo, poniendo en el primero y cuarto cuarteles las armas de su linaje paterno, en el segundo las del linaje paterno de su madre, en el tercero las del linaje materno de su madre, y poniendo como bordura de todo el escudo las armas del linaje materno de su padre. f) finalmente, y también como excepción condicionada al cumplimiento de mandas e imposiciones testamentarias, vemos que en ocasiones un individuo hereda completas las armas de una abuela materna, como es el caso de Pedro Díaz de Caravantes usando el escudo cuartelado de su abuela Mencía Vázquez de Arce, mostrando en él los emblemas de los linajes de Arce, Sosa, Cisneros y Vázquez. En cualquier caso, y siguiendo la regla general de la armería castellana, las armas de los linajes se distribuyen por los cuarteles en un orden de jerarquía habitual, que va desde el derecho del jefe al izquierdo de la punta, utilizando en ocasiones la bordura para colocar algunas armas consideradas como secundarias.  

Lamina 4

  

Notas

 1 ver sus fichas detalladas en HERRERA CASADO, A.: Heráldica seguntina: I ‑ La Catedral de Sigüenza, colección “Archivo Heráldico de Guadalajara”, nº 5, Ediciones AACHE, Guadalajara, 1990, pp. 26‑39 y 74‑75
2 lo publica y comenta FEDERICO FERNANDEZ, Aurelio de: Documentos del Archivo catedralicio de Sigüenza referentes a D. Martín Vázquez de Arce (el Doncel) y a su familia, en Revista “Wad‑al­Hayara”, 6 (1979): 97‑118
3 BLAZQUEZ GARBAJOSA, A.: El Señorío Episcopal de Sigüenza, Colección Alfoz, nº 1, Edita Institución “Marqués de Santillana”, Guadalajara, 1988; MINGUELLA Y ARNEDO, Fr. T.: Historia de la diócesis de Sigüenza y de sus Obispos”, 3 tomos, Madrid, 1910; ORTIZ GARCIA, A. y cols.: Las clases privilegiadas en el siglo XVIII en Sigüenza: el estamento nobiliario, en Revista “Anales Seguntinos”, 5 (1988): 235‑247.
4 Ver a este respecto nuestros estudios sobre la pertenencia de los Arce y Sosa al entorno social de los Mendoza de Guadalajara en los trabajos Un Mendoza más: Martín Vázquez de Arce, en “Glosario Alcarreño II Sigüenza y su comarca”, Guadalajara, 1976, pp. 95‑98; Una imagen de Escipión (lectura iconológica del enterramiento de Martín Vázquez de Arce en la Catedral de Sigüenza., en Revista “Anales Seguntinos”, 4(1987): 43‑56; Martín Vázquez de Arce, el Doncel, 500 años después, Guadalajara, 1986
5 En el documento que estudiamos se dice ser doña Ana fija legítima del dicho Martín Vázquez.

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