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Guadalajara cruce de caminos

 

Será la ciudad de Guadalajara, durante los próximos días, el centro de atracción de toda la provincia. A partir del lunes día 4, y durante toda la próxima semana, la ciudad del Henares, el «río de piedras» de los cronistas medievales, se convertirá en un núcleo de ciencia y de saber, en un punto de encuentro de gentes de todo el planeta que acudirán a hablar y discutir sobre temas netamente culturales, en uno más de los Congresos Internacionales que Manuel Criado de Val, con la colaboración del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Patronato «Arcipreste de Hita» y la Excmª Diputación Provincial de Guadalajara, organiza cada dos años.

El Congreso Internacional de Caminería Hispánica

En esta ocasión, y como ya ocurriera en Pastrana en 1992, el tema que va a unir a dos centenares de sabios de toda la tierra es el de los caminos. La «Caminería Hispánica» es el título de esta reunión científica. Un tema amplio que tiene un especial valor en nuestros días. Pues si el ánimo de viajar se ha incrementado, los caminos ‑viejos y nuevos-  deben ser mejores para andar y más conocidos para no perderse en ellos. España entera cruzada de caminos se abre ante el viajero y, en este caso, ante los comunicantes que han estado, desde hace dos años, investigando y discurriendo sobre múltiples aspectos de los caminos, de las sendas, de las formas de comunicarse a través de España.

La celebración de este magno encuentro científico va a tener un punto de partida y llegada en Madrid, como auténtico cruce de caminos con el mundo; una inauguración solemne y oficial en Alcalá de Henares, en el Paraninfo de su Universidad Cisneriana; y una celebración continuada durante toda la próxima semana en Guadalajara, en Pastrana (el miércoles), en Sigüenza (el sábado) y en Hita, donde con la celebración del «Festival Medieval» culminará este magno encuentro de investigadores y literatos.

Guadalajara en los caminos del mundo

No estará de más recordar algunos de los ilustres viajeros que en los siglos pasados atravesaron nuestra tierra, y especialmente en Guadalajara fijaron sus miradas. Ya en época de los árabes, El Edrisi se admiraba de la riqueza de jardines y la abundancia de aguas en nuestra ciudad: Al occidente de la villa -decía el ilustre geógrafo árabe- corre un pequeño río que riega los jardines, los hueros, los viñedos y los campos, donde se cultiva mucho azafrán que se destina a la exportación. Rica era, aunque con pocos habitantes, la Wad-al-hayara que los árabes fundaron junto al Henares en el siglo IX, y a la que dieron el nombre de la comarca que preside: el río de piedras que antaño dábamos por traducción del vocablo musulmán, no es sino el valle de los castillos que con altivas y blancas piedras pregonaban poder y saber por encima de sus anchísimos horizontes. Desde Sigüenza a Alcalá, pasando por Jadraque, por Hita, por Guadalajara misma, la orilla izquierda del gran valle estaba plagado de atalayas y fuertes castillos. Ellos nos dieron el nombre. Los caminantes que siglo tras siglo pasaron, entre arboledas y fuentes, a la sombra de estas fortísimas construcciones, veían claro el nombre que luego se castellanizaría en este tan sonoro: Guadalafajara, Guadalajara de todas las doradas torres y los abiertos caminos…

A finales del siglo XV, cuando los Reyes Católicos habían puesto altísimo el prestigio de su nueva monarquía y la del país todo unificado, fueron numerosos los europeos que se animaron a penetrar las áridas tierras (para ellos casi desérticas) de las mesetas castellanas. Jerónimo Münzer fue quien, a través de su conocidísimo diario del viaje por España, trató de Guadalajara con admiración suma, y dio a conocer a sus nórdicos paisanos la riqueza en maravillas que atesoraba esta ciudad: es… tan grande como Ülm… se levanta en una prominencia del terreno al pie de la cual corre el río… Hablando del palacio que todavía por entonces construía su señor don Íñigo López de Mendoza, el segundo duque del Infantado, decía Münzer que no creo que en toda España haya otro tan fastuoso como este, ni con tanto oro en su decoración. Es de forma cuadrada, construido de piedra de sillería, con un patio de dos galerías superpuestas, adornado con figuras de grifos y leones, y en su centro una fuente altísima. Abundan los artesonados de oro con tallas de resplandecientes flores, y en cada uno de los cuatro ángulos hay una salida… el que nos enseñaba el palacio díjonos que pudiera comprarse un condado con el valor de lo que allí había, y sin embargo la obra no estaba todavía concluída… Cúpulas elevadas coronan todas las estancias; cada sala tiene tres o cuatro cámaras adyacentes, todas con aúrea decoración. En un inmenso salón están esculpidos los escudos de armas de los antepasados del duque… este palacio, en fin, se ha hecho más para la ostentación que para la utilidad. Y luego se admiraba muy mucho del palacio construido también en fechas recientes por el Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, quien acababa de fallecer en él poco antes de que llegara Münzer a Guadalajara (el verano de 1495). Decía que estaba extramuros de la ciudad (en realidad se situaba frente a la iglesia de Santa María, donde hoy se alza el Colegio Público «Cardenal Mendoza». Tras asegurar Münzer que esta casa cardenalicia era, sin disputa, una de las más bellas de España, decía que Yo he visto en Roma muchas de cardenales, pero ninguna tan cómoda ni tan bien ordenada como ésta. Tiene jardines con fuentes, y un aviarium en el que hay tanta variedad de aves que excede toda ponderación. Acaso no habrá en el mundo morada más deleitosa… Desapareció este fastuoso palacio mendocino en el siglo XVIII, tras un incendio, y de sus ruinas todos los vecinos cogieron columnas, capiteles y fragmentos que luego se distribuyeron por las casas de los alrededores, en las que todavía salen a la luz, de vez en cuando.

A la que vamos: Guadalajara en el camino de cientos, de miles de viajeros ilustres. Guadalajara en el altozano que vigila el valle y esa ruta vital y multisecular que desde Zaragoza llevaba a Mérida, desde el Mediterráneo al Atlántico, y que aquí iba dejando posos de sabiduría, jirones de cosmopolitismo. ¿Mencionar todavía a Davillier y Gustavo Doré cuando por aquí pasaron y el poso de sus impresiones sería reflejado luego en dibujos y páginas? ¿Recordar a Henri Cock, Gaspar Barreiros, Andrea Navaggero, Juan Bautista Labaña, el Gran Duque de Toscana y tantos otros que se admiraron de nuestra ciudad como hoy, todos cuantos la queremos, nos admiramos y la queremos? No es necesario.

Sólo recordar nuevamente cómo la próxima semana Guadalajara será, otra vez, camino ancho y carretera: cruce además de los caminos del mundo. Cruce de saberes y de admiraciones. Será en el Centro Cultural de Ibercaja, lugar idóneo sin duda para este tipo de eventos, donde más de trescientos escritores y científicos de diversos continentes pronunciarán los resultados de sus trabajos y abrirán los ojos para recorrer con ellos estos caminos, múltiples, solemnes y luminosos, de nuestra tierra.

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