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Pastrana, siempre de actualidad

 

Esta semana pasada, Pastrana ha vuelto a alcanzar la popularidad y el baño de multitudes que habitualmente recibe en estos días iniciales de la primavera con motivo de celebrar su Feria Nacional Apícola, que viene siendo cada año más sugestiva y amplia en ofertas. En ella se vuelcan una serie de organismos, entre los que destacan, de un lado, el Patronato rector con José Luis Herguedas como artífice múltiple, y por supuesto el Ayuntamiento de la villa de Pastrana, más la Excma. Diputación Provincial, la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha y todos los vecinos de Pastrana, que gozan y a un tiempo son protagonistas de este hecho anual.

Pocas semanas antes, concretamente el día 8 de marzo en el «Diario 16» y luego el domingo 14 de este mismo mes en «El País», era la villa de la Alcarria el centro de millones de miradas, al aparecer en un fascículo coleccionable del primero de estos diarios, y llenando una página de la sección de «Viajes» del segundo, en ambos casos con fotografías y planos, más informaciones y sugerencias a cual más atrayente. Se lo tiene merecido, no solo por su valor intrínseco, por ese aire formal de villa antigua, pura y castellana en la que parecen pasar los siglos como lentos balbuceos que van tamizando su sabor antiguo, sino por el afán que últimamente sus munícipes, y muy especialmente la Corporación que hoy preside don Juan‑Pablo Sánchez Sánchez‑Seco, han puesto en encontrar para Pastrana un camino auténtico, realista y firme de desarrollo.

Lejos las ideas, siempre utópicas, de fábricas y multitudes. Saber adecuarse a la realidad de lo que se tiene, de lo que potencialmente se puede alcanzar, y conocer y aprovechar los movimientos que arrastran a la sociedad actual. De ahí que el futuro de Pastrana pase claramente por el tamiz de lo turístico, de la oferta de sus posibilidades, únicas y tan peculiares, de cara a un bloque de visitantes que serán cada vez más numerosos y selectos.

Pero además abrir nuevos caminos paralelos: el de la cultura por ejemplo. El de la enseñanza. El de un lugar de paz donde vivir o crear cosas nuevas y sencillas. De ahí que el empeño de su alcalde y corporación sea buscar asentamientos de artesanos, cooperativas de industrias no contaminantes y que puedan no sólo crear puestos de trabajo sino acrecentar la fama pastranera por otros derroteros ¿Quizás un centro nacional de producción de alimentos melíferos?

También la Universidad de Alcalá tiene puestos sus ojos en Pastrana. ¡Y cómo…! Con pasión de enamorado. Con la obsesión de quien, mire a dónde mire, ve el objeto de su amor en cualquier lado. La Universidad de Alcalá ha planteado la creación de una serie de «alojamientos» ú «hospederías» universitarias por la provincia de Guadalajara. Unos lugares (en Atienza, Sigüenza, Molina y aquí en Pastrana) que destacan por su valor histórico y monumental, en los que se habilitarán edificios con destino a servir de centros de alojamiento y de estudio a un mismo tiempo. En Pastrana, sin embargo, y me consta de conversaciones a diversos niveles dentro del área universitaria en que me muevo, se hará algo más: el propio Palacio Ducal de los Éboli va a ser restaurado, puesto en valor, sirviendo sus salas nobles para sede del gran Museo que tendrá en sus «tapices» universalmente conocidos el hito último de muchas peregrinaciones, mientras que en el resto del edificio se abrirán aulas, salones de conferencias, espacios de acogida, y en definitiva cobrará el entorno, con su plaza señorial abierta al campo olivarero de la Alcarria, un aire nuevo de humanismo y gracia que nunca llegó a perder.

No son sueños. No soy proclive a tenerlos. Sólo los adolescentes los tienen. Hay muchos elementos de juicio ahora reunidos para poder afirmar que esto va en serio. Un equipo decidido en la alcaldía y municipio pastranero, pisando muy seguro donde se debe pisar, y un bloque de gentes con sensibilidad plena en la Universidad alcalaína, van a llevar esto que fue un sueño a ser una realidad. No creo confundirme. Y no soy yo quién lo promete.

Pastrana, siempre de actualidad, invita cada día a recorrer sus calles estrechas y silenciosas. Esquinas y panorámicas donde parece siempre concentrarse el calor y la luz de aquel verano, donde se queda eterna la mirada clara de quien sabe esperar porque merece la pena. Un lugar, en definitiva, para vivir un amor y hacerse viejo.

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