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agosto 14th, 1992:

Pastrana en fiestas

 

Se hace difícil elegir, en esta semana que la provincia entera arde en fiestas, un lugar donde acercarse para vivir de lleno un jolgorio patronal. Si Brihuega va a derrochar en estos días su ancestralismo con la carrera del toro en homenaje a la Virgen de la Peña, Sigüenza tendrá la bulla de sus peñistas tras San Roque y Cogolludo se entretendrá en montar sobre el redondel de su plaza ducal el espectáculo de la alegría. Y tantos y tantos otros lugares de la provincia se olvidarán por unos días de problemas y sinsabores, gozando con merecimiento su fiesta propia.

Pero si hay que elegir, este año lo haré con Pastrana, la villa con la que la Alcarria se identifica y parece que, en cierto modo, la preside. Porque buena parte de su historia, ‑y por lo tanto de su ser‑ se centra en ella.

La fiesta mayor de Pastrana se hace en honor de Nuestra Señora de la Asunción, a celebrar mañana 15 de agosto. En ella, y ante una masiva asistencia de vecinos y forasteros, tienen lugar bailes, concursos, música, pruebas deportivas y sobre todo está el rito del toro, tan hispánico, que en Pastrana se articula con la suelta y encierro de las reses por las calles, con las correspondientes carreras de los mozos y los sustos de todos por los lances con los astados. Hay además una «vaquilla del aguardiente» a la que entre todos marean, y la correspondiente corrida ó novillada, para terminarse las jornadas festivas con la típica «comida de los huesos» de las reses lidiadas.

Este año la fiesta se prologó con una cuantas actuaciones culturales, dado que es el Cuarto Centenario de la Princesa de Éboli, y el Ayuntamiento pastranero ha querido que su recuerdo esté presente en cada momento trascendente del año. Así, el pasado día 3 de julio hubo en el palacio ducal una representación teatral de «La alcaidesa de Pastrana» de Eduardo Marquina. Luego, el 19 de julio en la iglesia parroquial se celebró un concierto de Música Polifónica del siglo XVI, y el 25 del pasado mes tuvieron lugar los tradicionales «Versos a Medianoche» que en el poético marco del atrio de la colegiata sirvieron para rendir el homenaje de los vates alcarreños a la Princesa tuerta.

Todo esto viene a cuento de que Pastrana sigue siendo, en la paz de un día cualquiera del año, o en el bullicio de su día grande fiesta, un lugar de viaje obligado, una plaza mayor de la Alcarria donde se puede palpar el valor y la esencia genuina de nuestra tierra. En la paz porque los dorados arranques de sus edificios centenarios hablan por sí solos el lenguaje de la grandiosidad. Y en la fiesta porque la voz de las gentes y su moverse de un lado a otro confieren una sensación de vida a esas piedras que nos entregan un lugar sin parangón.

Pastrana tiene tantos encantos que es imposible aquí dejarlos resumidos. Su imagen en la distancia, colgando las casas y los tejados entre las manchas de olivar verdipardo; sus callejas de sombra fresca y sus profundos portalones donde resuena la voz de los moriscos; sus monumentos clave en el desarrollo del Renacimiento castellano: el palacio ducal, la iglesia colegiata, el gran convento carmelita de San Pedro. Y sus museos de hoy, y su animación turística, creciente e imparable.

Pero ahora añade, en estos días que son diferentes, la alegría de todo el pueblo, que repite el rito de cada año, que saca el toro a las calles, que come y bebe con más abundancia que otros días, y que en definitiva son sus esquinas más anchas y más sonoras.

Todo en Pastrana reclama la atención del viajero. Será estas jornadas que mañana «día de la Virgen» comienzan, las que pueden servir de justificación para tomar un primer contacto con ese pueblo al que, con toda seguridad, más adelante se volverá. A rescatar de sus carpetas la magia viva de una historia recuperada.