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Alcarreños en América: resurrecciones y olvidos

 

En este año emblemático de 1992, en el que conmemoramos, de formas tan variadas, el Quinto Centenario de la llegada de los españoles al continente americano, la provincia de Guadalajara ha intentado por muy diversos caminos dar fe de su actuación en esta colosal empresa, la más grande que jamás ha emprendido ni emprenderá España. Hay que reconocer, con auténtico dolor, que todos estos intentos han quedado cortos. Ninguno ha llegado a cubrir el toque mínimo de consistencia que la ocasión requería. Y así, frente a las actividades desplegadas en regiones como Extremadura o en Castilla‑León, donde recientemente se ha celebrado un magno Congreso que ha analizado la actividad de los castellano‑leoneses en la empresa americana, Castilla‑La Mancha y más concretamente Guadalajara no ha hecho prácticamente nada en este campo.

Es cierto que la Diputación Provincial lleva publicados dos tomos de la Colección «Virrey Mendoza» que comenzó su andadura hace ahora 4 años, y que desde el cargo que entonces tenía de presidente de la sección de Historia de la ahora paralítica Institución «Marqués de Santillana» alenté para que con un libro al año sobre «Alcarreños en América» llegara a este de 1992 con un bagaje suficiente de publicaciones que sirvieran para demostrar lo que nuestras gentes tuvieron que ver en esta gesta. El tema se ha paralizado en el Palacio de la Plaza de Moreno, como tantas otras cosas. Y hasta el curso que organizado desde la Diputación (a cargo de los eclesiásticos Francisco Rodríguez de Coro y José María Berlanga López) se iba a impartir en los decapitados cursos de Verano de la Universidad de Alcalá en Sigüenza, bajo el título «La Alcarria en el V Centenario del Descubrimiento de América» se ha caído del programa sin más explicaciones, y ha dejado huérfana esta parcela de la conmemoración americanista.

El ciclo cultural que el Ayuntamiento a través de su Patronato Municipal de Cultura montó en Mayo pasado, contó con algunas charlas de tema histórico y una exposición de cerámica indigenista, más un par de actuaciones folclóricas, pero quedó falto, sin duda, de la visión de totalidad que el tema requería.

La iniciativa privada ha paliado en algún modo, y a costa de enormes sacrificios, esta atonía oficial. La Casa de Guadalajara en Madrid, con la infatigable Gloria de Lucas a la cabeza de la misión, está llevando a los pueblos de nuestra provincia el calor del recuerdo, la instalación de placas conmemorativas de hijos ilustres que fueron a América, y los parlamentos de alcaldes e historiadores que ponen ese sabor popular y cordial a un tiempo en esta efemérides. Fueron placas de un domingo en Torija y Caspueñas; de un sábado lluvioso en Jadraque e Hita; de un luminoso domingo en Tendilla y Peñalver; de otra jornada calurosa y reciente en Maranchón, Molina y Terzaga. Y otras seguirán, haciendo las cosas a lo sencillo, pero a lo grande porque se nota el corazón que va en ello.

El matrimonio de historiadores que forman Emilio Cuenca y Margarita del Olmo publicaron hace un par de años un estupendo trabajo titulado «Memorial de personas ilustres de Guadalajara en América», editado a su costa y que recomiendo leer, porque aparecen en él, entre las páginas de agradable aspecto de una edición cuidada, los más singulares de nuestros paisanos que desde el siglo XV al actual han llevado el nombre de Guadalajara a América. Otro libro de este matrimonio sobre los orígenes mendocinos de Cristóbal Colón complementaba la encomiable tarea investigadora de don Ricardo Sanz sobre este tema que ha llevado a la palestra de la actualidad la posibilidad de que el descubridor de América fuera alcarreño.

Yo creo, sinceramente, que esto es muy poco. El hecho de resaltar la tarea titánica, sobrehumana, que los españoles hicieron en América, modelando un continente entero, dándole su cultura y trasplantando a fuerza de mil sacrificios el ser hispánico hasta los macizos andinos y las selvas tropicales, debería de haberse conmemorado (en fecha tan concreta y emblemática) de forma más contundente. Hay gentes que siguen dando ese esfuerzo conmemorativo en su trabajo de cada día. Ahí está el ejemplo de María Pilar Gutiérrez Lorenzo, que acaba de obtener el doctorado «cum laude» en la Universidad de Alcalá por su trabajo sobre el alcarreño (pastranero por más señas) don Gaspar de la Cerda Sandoval, conde de Galve, que fué Virrey de México a finales del siglo XVII. O el estudio pormenorizado y rehabilitador de la figura del fundador de la Guadalajara jalisciense, Nuño Beltrán de Guzmán, que han escrito los profesores Adrián Blázquez Garbajosa y T. Calvo. Incluso la magna tesis doctoral de la profesora Berta Ares sobre el tendillano Tomás López Medel, Oidor en las audiencias de Guatemala y Bogotá. Además de otros trabajos que han escrito otras personas, y temas que están investigando un importante grupo al que, en el proyecto presentado por mí a la Diputación Provincial hace cuatro años, para que con tiempo suficiente se diera en este año de 1992 el justo realce conmemorativo desde esta provincia paridora de titanes, se ha dejado lamentablemente en el banquillo, silenciado por el estruendoso sonar de la EXPO sevillana…

Hace unos días, mi buen amigo Ángel Romera Martínez me enseñaba y prestaba para investigar el testamento de don Juan García Barranco, natural de Brihuega, y que en 1617 murió siendo Corregidor y Alférez Mayor de la ciudad de La Puebla de los Ángeles en México, donde ejerció su mando y dejó múltiples recuerdos de su afán constructivo. Con verdadero interés he empezado a leerlo, y de él creo que saldrá (a pesar de lo dificultoso de su lectura, por estar en un tipo de letra muy difícil escrito) un amplio repertorio de noticias que podrán añadirse a este cúmulo ya existente sobre la cantidad (centenares fueron, miles) de alcarreños que llegaron a América y dejaron su huella de buena hombría, de trabajo, de sacrificio y de imaginación sin límites.

Virtudes todas ellas de las que por desgracia hay que reconocer que anda muy escasa en 1992 esta Guadalajara que los parió y los lanzó al mundo difícil de la epopeya americana. Aquí seguiré, en las amables páginas que NUEVA ALCARRIA me brinda cada semana, recordando a algunos de estos paisanos que hicieron posible que hoy, cómodamente instalados, sus descendientes conmemoren su sacrificio vendiendo camisetas estampadas con un multicolor pájaro llamado Curro.

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