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noviembre 22nd, 1991:

Una joya olvidada: El monasterio de Lupiana

 

Muy cerca de nuestra capital, a poco más de 10 kilómetros de la Plaza Mayor, se encuentra uno de los principales atractivos monumentales y patrimoniales (y por consiguiente turísticos) de la provincia de Guadalajara: el Monasterio jerónimo de San Bartolomé de Lupiana. Uno de esos lugares donde la historia y el arte se conjuntan perfectamente para entregarnos el recuerdo granado de espléndidos días y la maravilla visual de portadas, patios y entornos de consumada belleza.

En otras ocasiones he comentado, en estas mismas páginas, la historia de este Monasterio, y las maravillas que encierra. He animado a mis lectores a visitarlo. Y he glosado la importancia que para el turismo provincial tiene este elemento arquitectónico, declarado Monumento Nacional hace muchos años, en 1931 concretamente, pues en él se encuentran los recuerdos de Felipe II (quien lo visitó varias veces) mezclados con los de Pechas, Mendozas y fray José de Sigüenza, mas la gigantesca mano de Alonso de Covarrubias, que se ocupó en diseñar y dirigir su gran claustro.

Hoy no me dedicaré tan sólo a esa tarea, sino a la más urgente, e imprescindible, de alertar sobre la gran dificultad que existe para visitar este impresionante enclave, raíz de buena parte de nuestra historia, y mosaico del arte alcarreño más representativo.

La dificultad viene dada por las cortapisas que la propiedad del edificio pone a los visitantes para poderlo admirar con la tranquilidad que merece y en los momentos en que la mayoría de las gentes interesadas pueden hacerlo. Al ser este Monasterio un Monumento Histórico‑Artístico de interés Nacional, el Ministerio de Cultura se ha ocupado de que sus propietarios faciliten su visita y estudio por parte de cuantas personas estén interesadas en hacerlo. Y ello sin ningún tipo de limitaciones, pues para ello la ley también les exime del pago de buena parte de los impuestos que correspondería pagar si no tuviera esa categoría monumental.

Pues bien: la propiedad ha designado como días y horas de visita los miércoles de 10 de la mañana a 2 de la tarde. Momento, como se ve, el más inadecuado para estimular la llegada masiva de público que no sólo puede, sino DEBE conocer este monasterio. Estos horarios de visita son los últimos facilitados por la Delegación Provincial de Cultura, confirmados por quienes han intentado visitar San Bartolomé en días y horas diferentes (sábados y domingos) y no han podido hacerlo.

Y este asunto, que pudiera parecer una nimiedad a algunos, se convierte en fundamental de cara al estímulo del turismo en Guadalajara. Así de claro. Se han hecho esfuerzos, por parte de varios organismos, por dirigir una buena parte del turismo madrileño, que es nuestro principal manadero de «divisas provinciales», hacia Guadalajara. Y ése es un turismo de fin de semana, de «puente» de domingo exclusivamente. La Junta de Comunidades, a través de su Consejería de Industria y Turismo, ha gastado buenos dineros, en una campaña inteligente, promocionando ese viaje hacia nuestras tierras. La Diputación Provincial, a través de su Servicio de Turismo, también ha hecho algo en ese sentido. Se han puesto carteles indicativos en la carretera de Cuenca, señalando la proximidad del monumento que, por lo demás, viene en todas las guías. En la última y mejor de ellas, la «Guía de Castilla‑La Mancha» que ha editado el Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades, el claustro de Lupiana sirve de portada al libro. ¡Qué desilusión llevará el viajero que, guiado por ella, quiera contemplarlo! Porque lo va a tener realmente muy difícil.

Aquí hace falta, sin embargo, otra cosa distinta a la lamentación. Aquí se impone que la autoridad competente, la que tiene capacidad de decisión y acción, tome este asunto de una vez por todas en sus manos. Y pacte con la propiedad unos horarios verdaderamente facilitadores de la visita. No vale con cumplir el trámite que marca la ley, y poner cuatro horas a la semana según se dice en ella. Concretamente las menos adecuada para esa inmensa mayoría del pueblo español que los miércoles, de 10 a 2, está trabajando. Hay que abrir el Monasterio de Lupiana todos los días del año, por la mañana y por la tarde, y muy especialmente los sábados y domingos. Hay que arreglar los accesos al monumento, y hay que darle aire de propaganda por todos lados.

Lupiana, y especialmente su Monasterio jerónimo de San Bartolomé, es una de las joyas artísticas de las que puede presumir Guadalajara con más contundencia. No podemos seguir, como hasta ahora, teniéndola solamente en la lista de nuestras maravillas monumentales. Hay que airearla, abrirla, enseñarla, y atraer con ella a mayor número de visitantes. Promocionarla en el exterior de nuestra propia tierra. Hacer campaña en Madrid de que esto existe. En definitiva, cumplir con los requisitos que, en punto a la cultura, un Estado regido por un gobierno que se dice progresista debe hacer: permitir el acceso de todas las capas sociales, y de todos los ciudadanos sin excepción, al uso y disfrute de esa cultura. Así de sencillo.