Los Escritos de Herrera Casado Rotating Header Image

enero, 1991:

El Románico en la Sierra de Pela

 

Poco a poco, sin que nadie se haya dado cuenta, las mentes de los españoles han ido estructurándose en orden a una división primero provincial y luego autonómica, que ha supuesto la creación de unas líneas, invisibles pero tangibles, a lo largo y ancho de nuestro mapa peninsular, rompiendo, muchas veces, la unidad geográfica que suponen ciertas regiones. Esto que suena a parrafada desorbitada y agria, se comprenderá mejor si nos referimos, como ejemplo concreto de los muchísimos que se pueden poner, a la altiplanicie castellana vertebrada por las sierras de Ayllón, de Pela y de las Cabras, hoy dividida entre las provincias de Guadalajara y Soria, y aún entre dos comunidades autónomas diferentes. Es, en realidad, el punto máximo de separación entre una y otra Castilla, al norte el Duero y al sur la cuenca del Tajo. Pero no se puede dividir, tajantemente, con una línea fría y esquemática, esta zona que guarda, en todos los aspectos de su vivir, una gran homogeneidad.

La gris monotonía de sus horizontes, los más altos, quizás, de toda España; el rojizo estremecimiento de sus serrijones; la verde y vieja mansedumbre de sus encinares… el viento y el sol, hermanos gemelos, únicos para toda esa zona, se quedaron sorprendidos un día al ver que, unos señores con el mapa delante, trazaban una línea por encima de las sierras y a lo largo de los arroyos. Al norte, Soria. Al sur, Guadalajara. Pero siempre un sólo corazón latiendo en cada piedra y en cada mata de tomillo.

Todo esto viene a cuento de la artificiosa división que se le ha dado hasta ahora al arte románico de esta zona. Esta concepción de levantar iglesias y de adornarlas, producto de la mentalidad medieval tan íntimamente conservada en la región, reaparece uniformemente encuadrada tras el análisis minucioso de los monumentos a estudiar. La obra de Gaya Nuño sobre el arte románico en Soria, y la de Layna Serrano sobre el de nuestra provincia, han de quedar, necesariamente, sin pastas y sin títulos, porque los edificios, los capiteles, los modos de concebir el arte del siglo XIII quedan ligados íntimamente en esta altiplanicie castellana. Ya no se puede hablar, como hacía el doctor Layna, de la influencia del románico soriano en el de Guadalajara. Es imprescindible referirse al arte románico de la sierra de Pela, que yo centraría, como monumento clave, en la ermita de Tiermes.

El devenir es común ya en los albores de nuestra historia. Las ciudades celtíberas de Termancia y Tythia (Atienza), amigas y aliadas de Numancia, soportaron los embates de romanos. Reconquista común por parte de castellanos y leoneses; favores de Alfonso de Aragón, que construye iglesias; desmanes de navarros… Villacadima, Galve, Campisábalos, Albendiego, Atienza, Paredes, Caltójar y Termancia… claves son de este arte románico de única raíz y fuerza hispánica.

Una vez establecido este nuevo concepto de la unidad del románico de Pela, quisiera recordar un tema iconográfico que aparece en dos de sus monumentos, y que define, sin necesidad de palabras, el espíritu de una época como fué el comienzo de la Baja Edad Media española.

En uno de los capiteles de la ermita de Tiermes, dos caballeros armados alzan el poema rugiente de la pelea. En la pared meridional de la capilla de San Galindo, en Campisábalos, y como corola guerrera del mensario feliz y rústico, otra pareja de medievales figuras a caballo se aprestan a la lucha. Son éstas, quizás, las postreras representaciones románicas de un tema que se viene repitiendo desde el siglo XI, y que es directo heredero de la canción de gesta francesa, más concretamente la de Roldán, que es introducida en nuestro país a través del Camino de Santiago. Es en uno de sus más importantes enclaves, en Estella concretamente, donde vemos un magnífico capitel con la lucha de Roldán y el gigante Ferragut, ambos a caballo y pertrechados de escudos, de lanzas y jaeces de soberbio realismo. Posteriormente, en el monasterio palentino de Santa Cruz de Ribas, premostratense, surge de nuevo el tema. Igual que va a ocurrir en Tiermes, ambos caballeros protegen sus cabezas con cascos puntiagudos, únicamente horadados a nivel de los ojos. Aquí uno lleva lanza y el otro espada, y sus vestimentas son muy parecidas. Similares asuntos de caballerescas peleas surgen en capiteles de Caracena, de Torreandaluz, Rebolledo de la Torre, Irache y catedral vieja de Salamanca. La influencia francesa ha ido decantándose en su avance por España, y así, lo que en un principio era trasluz del espíritu de justa y torneo casi literario, acaba por representar, en Tiermes y Campisábalos, el fragor que surge de la lucha religiosa y racial entre cristianos y árabes, tan cercana geográfica y cronológicamente de ambos lugares.

Muchos otros temas resurgen hermanados al considerar como un bloque único, de naturaleza y características muy particulares, el arte románico en torno a la sierra de Pela. Desde la estructura de templos y orientación de atrios, a la decoración de canecillos y capiteles. ¿Serán los sorianos quienes rehagan este olvidado concepto? ¿Seremos los alcarreños? De cualquier manera, es ésta una tarea que nos está llamando, y que quizás, espero, se haya visto reflejada en el estudio sobre el románico de Guadalajara que un equipo de la Junta de Comunidades ha estado realizando durante el pasado año.

Ferias y Mercados en Guadalajara

 

El próximo día 24, jueves, festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, nuestro Semanario «Nueva Alcarria» va a hacer entrega, en el solemne y multitudinario festejo de sus «Populares 90», de diversas menciones de popularidad, todas ellas justificadas y merecidas. Hay en esa serie de «populares» algunos buenos amigos que por su trabajo, por su dedicación continuada a sus quehaceres habituales, en los que son maestros, han conseguido tal galardón. Ahí están Jesús Campoamor, pintor de las Alcarrias, o Fernando Carvallo, médico internista especializado en Sistema digestivo, hombre de ciencia y humanidad honda. Ahí está, también, Pedro Ortego Gil, abogado y profesor, que ha destacado en Historia por sus trabajos continuos y meticulosos y por haber conseguido, en los últimos días del año, el Premio «Layna Serrano» de investigación histórica que concede la Diputación Provincial a la mejor obra escrita sobre temas de historia guadalajareña.

Pedro Ortego Gil tiene diversas parcelas donde ejecuta su pasión investigadora y desarrolla su capacidad desbordante para el trabajo documental e interpretativo. Una de ellas es la que le ha procurado este Premio tan importante, y todas juntas le han asignado como el más popular de los historiadores provinciales en 1990. Mi aplauso fervoroso.

En ese tema que ahora él ha estudiado a fondo me gustaría entretenerme un momento. Como un homenaje a Ortego, no para completarle, pues lo que ha hecho es prácticamente definitivo. Se trata de un estudio sobre las Ferias y los Mercados a lo largo de los siglos en la tierra de Guadalajara. Completo, ameno, riguroso, bien hecho. De un lado, entretenido, pues nos recuerda formas de vida, costumbres antañonas que parecen salidas de una fábula de Tolkien, pero que se desarrollaban en Cifuentes, en Jadraque, en Molina, en Uceda o en la propia Guadalajara. De otra, riguroso, profundo, pues analiza desde diversos puntos de vista, especialmente jurídicos y económicos, el significado de esas antiguas Ferias alcarreñas y serranas. Dentro de un año estará su obra, editada por la Diputación, en la calle, y todos podrán saborear su galante idioma y su hondo saber.

Es este el momento, pues, de recordar aquellas ocasiones en las que gentes de toda una comarca se daban cita en algún pueblo importante de nuestro entorno, y con la excusa de celebrar a un santo, o de cambiar una mula, se pasaban varios días fuera de casa, familias enteras, cambiando de circunstancia y adquiriendo elementos de comida, de vestido y de entretenimiento para todo un año. Una economía de supervivencia, muy autócrata, anticonsumista, marcaba las formas de estos mercados. Sin embargo, algunos de ellos eran especialmente atractivos, sorprendentes, reuniendo cosas en sus puestos que venían de muy lejos, y que le hacían ser una especie de Meca para alcarreños, campiñeros y serranos. Ese era el caso, por ejemplo, de Tendilla, cuya gran feria dedicada a San Matías reunía a miles de personas de los entornos, y aún de toda Castilla, y era tan curiosa como nos lo demuestra la Relación que los de la Villa mandaron a Felipe II en 1580, y que no me resisto a copiar entera porque realmente lo merece y posibilita, con poco esfuerzo, que el lector se traslade «in mente» a esa calle mayor soportalada, hoy cruzada de bólidos, motos y utilitarios domingueros, pero antaño eje mayor de un pueblo digno y de un mercado señero y arraigado.

Decía así la tal relación: Cada un año se hace una feria la mejor que se hace en esta Comarca, de la qual feria resulta mui gran provecho y ganancia a los vezinos, así en las posadas como en otras grangerías que se exercitan los que se quieren aprovechar; tiene treinta días: trataré de las calidades que tubiera noticia: la Mercadería que a esta feria más viene y hace ventaja a las demás del Reyno, es la mucha suma y cantidad de paños de todas suertes, y para ello concurren mui buenas calidades: la primera, ser la feria de coyuntura que todo el imbierno se han labrado los paños, y ser la primera del año; lo otro, estar la villa en parte tan cómoda de donde se hacen y labran, pues está tan cerca de Segovia, de donde traen tan buenos paños velartes, finos, negros, y rajas, y otras suertes de finos paños; de la Ciudad de Cuenca vienen los mejores Mercaderos: traen mui escogidos y finos paños de subidas, y cendradas colores de todas las serranías y comarcas desta Ciudad de Cuenca, y de molina, Medinaceli, Sigüenza, Soria, vienen paños de todos géneros, y cordellates finos, a causa de que en estas partes hay la más fina lana del Reyno; de Aragón vienen Cordellates mui finos; de la Rioja, torrecilla de los Cameros, vienen muchos paños, y así mismo destas comarcas y pueblos de la Alcarria, y Ynfantazgo, de la ciudad de Huete y su tierra, Marquesado de Villena y Mancha vienen muchas suertes de paños: así mismo vienen muchas tiendas de paños subidos, granas, paños estrangeros, sedas terciopelos, rasos y damascos que traen Mercaderes gruesos de Toledo, Madrid, Alcalá, Medina del Campo y otras partes; para todos estos paños vienen infinidad de mercaderes de todo el Reyno y fuera dél, para las quales mercaderías hay asignadas partes donde se pone lo de Cuenca, Toledo, Segovia, con los demás géneros de paños por buena orden: pónense mui principales tiendas de sedas, joyerías mercería, que traen Mercaderes gruesos que venden a otros de menos cantidad; están juntas estas tiendas que parecen una Alcaycería de Granada que parece estar toda la vida de asiento: hay otras tiendas de Mercadería de Flandes, lienzos y otras cosas preciadas: vienen muchos vizcainos con lienzos preciados, y Mercaderias extrangeras: vienen muchos portugueses, traen muchas suertes de lienzos, y hilo de mucho valor; traen mucha especería, añir, brasil y otras muchas cosas curiosas y preciadas, como es drogas y conservas de la Yndia; pónense mui grandes tiendas y aparadores de Plateros: viene mucha cera, pescados de todos géneros, por ser principio de Quaresma: véndense muchas cabalgaduras; tíranse a la Andalucía y a los Reynos de Granada, Murcia y Valencia: vienen otros muchos géneros de Mercaderías, que especificarlas sería nunca acabar.

Me perdonará el lector tan larga cita, pero me he puesto a copiar y no me cansaba: todos los renglones eran interesantes y en cada uno de ellos palpitaba la admiración del cronista, la emoción por ver su pueblo tan lleno de gentes, de cosas, de riquezas nunca vistas. Allí se congregaban, en la calle mayor de Tendilla, con el rumor palpitante de la humanidad que compra y vende, las gentes de Castilla toda, de la Mancha, de los pequeños lugares de la Alcarria. Y así ocurría en Guadalajara, en Sigüenza, en Brihuega, en Jadraque, y en tantos otros sitios. Ortego Gil, en su obra, en ese estudio que aplaudimos y que le ha valido ser popular en Historia el pasado año, lo refiere con detalle y sabiduría. Estamos impacientes por oírle y felicitarle.

Un importante descubrimiento artístico: Pinturas góticas en Valdeavellano

 

Tiene Valdeavellano, en las cercanías de la capital, a tan solo media hora de camino en automóvil, un encanto especial que atrae y hace repetir la visita siempre que se ofrece la oportunidad de ello. Varias veces he acudido a este pueblo alcarreño, en la altura de la segunda meseta, sobre la orilla izquierda del río Ungría, y siempre me ha deparado alguna sorpresa nueva, o me ha dejado algún singular recuerdo.

El de una lluviosa tarde de primavera, estallando de verdes las alturas, y las nubes cargadas de música mirándonos benévolas no se borrará nunca. Pero el último fue más sorprendente, porque llevado de la mano de las amables gentes de la villa, y en ocasión de haber acudido allí a dar una conferencia sobre la historia del pueblo y su escudo heráldico, tuve la oportunidad de encontrar una pieza de arte que puede calificarse de única y primera en el arte provincial.

Se trata de un grupo de pinturas góticas, fechables hacia el siglo XIV, que adornan con la fuerza de sus colores bien conservados y la garra de los movimientos y expresiones de sus figuras toda una gran viga que soporta el coro alto de la iglesia parroquial, que es, dicho sea de paso, un soberbio ejemplar del estilo románico, y está dedicada a Santa María Magdalena.

La pintura en cuestión está colocada al revés, fruto sin duda de alguna reforma posterior en el ámbito del coro y los pies del templo. Pero se puede apreciar en todo su valor a pesar de ese detalle. Sobre una superficie que mide aproximadamente dos metros y medio de larga por unos sesenta centímetros de alta, aparecen diversas figuras que fascinan por la fuerza de su temática, de su colorido y de la viveza con que están representadas. Una de ellas, la más grande y que por sí sola ocupa la mitad de todo el espacio, es un gran dragón de siete cabezas, de aspecto temible y muy elocuente de su fiereza. Echa fuego por sus bocas, y el dorso está erizado de espinas, con grandes garras puntiagudas. Su color es el verde con algunos matices de ocre y rojo.

El resto de la pintura es un grupo de personajes, entre los que se aprecian claramente un caballero montado en su caballo, unos saltimbanquis dando volteretas, y otros músicos tañendo diversos instrumentos musicales, todos ellos representados con bastante maestría y nitidez. En definitiva, forman un grupo de personajes que parecen aludir a los peligros que acechan al buen cristiano, pues la música y los ejercicios circenses, como actividades lúdicas realizadas al margen de la Iglesia, son la expresión del mal camino. Del laicismo punible. El dragón de siete cabezas es sin duda una representación de la Bestia que amenaza a María en el relato sanjuanista del Apocalipsis, y es otra expresión más de esos peligros que amenazan al buen cristiano, y que debe evitar mediante la oración y el buen comportamiento.

Moralejas aparte, de lo que sin duda se trata es de una pieza magnífica, sorprendente e inesperada de la pintura medieval, en plena Alcarria. Algo realmente inaudito, pues es muy escasa la nómina de pinturas de esta época en nuestra región. Este grupo se salvó porque quedó debajo de una capa de yeso que se le aplicó a la viga en cuestión en alguna antigua reforma, y hace poco tiempo, al lavarle la cara al templo, apareció este grupo que, a pesar de estar colocado al revés, resulta muy bello y atractivo.

Merece, sin duda, una mayor atención por parte de todos. Esta nota de hoy, este Glosario verdaderamente apresurado, solamente trata de dar a conocer públicamente a los interesados en estos temas, tan importante hallazgo, y al mismo tiempo instar a las autoridades responsables del tema cultural y de patrimonio artístico a que consideren la posibilidad de restaurar y proteger adecuadamente estas muestras del arte gótico medieval en nuestra Alcarria.

A partir de ahora, Valdeavellano va a reunir, junto con su picota, su palacio de los Labastida, su fuente grande, y su portada románica parroquial, esta pintura gótica que bien merece un viaje y una detenida admiración. Será un momento en que, sin dificultad, el espectador se trasladará al Medievo y a las formas singulares de ver la vida en él. Será, en cualquier caso, una afirmación de la riqueza artística de nuestra tierra, que está pidiendo la atención y el cuidado de sus elementos por parte de todos. En Valdeavellano, las pinturas góticas aquí descritas ya la tienen, pues todos sus vecinos las conocen y están orgullosos de ellas. Ahora hace falta un último y pequeño empujón por parte de la Consejería de Cultura para que, mediante una leve e imprescindible restauración, queden salvadas del todo y para siempre.

Un escritor de nuestra tierra: Alfonso de Guadalajara

 

En un reciente viaje por el Sahara tunecino, zarandeados por el vaivén del Toyota sobre los polvorientos caminos del Gran Erg oriental, íbamos matando el tiempo mi amigo José Antonio de Mesa Basán y yo charlando sobre antiguos avatares históricos de nuestra tierra. Concretamente sobre los jerónimos, sobre el monasterio de Lupiana, sobre los Pecha de Guadalajara. No dejaba de tener gracia la escena, vestidos ambos con los atavíos islámicos de la fresca «chebba» y el negro «dach» sobre la cabeza, parloteando sobre los medievales y cristianísimos pretéritos de la Alcarria. Pero era lógico. A mí me gustan estas cosas, y él está preparando un libro sobre los jerónimos: el tema pasaba de los espejismos a los Pecha con total fluidez.

En homenaje, y espero que en ayuda, de mi amigo Mesa, van hoy estas líneas sobre uno de los mejores y más desconocidos de los escritores alcarreños, y, con toda seguridad, el más antiguo de todos los tratadistas jerónimos. Fue este personaje Alfonso de Guadalajara o Alfonso Fernández Pecha, cuyo era su nombre auténtico, aunque con el primero fue con el que pasó a la historia de la literatura religiosa y como es conocido más allá de nuestras fronteras.

Hermano de Pedro Fernández Pecha, el creador de los Jerónimos en España, y erector de su primer monasterio en Lupiana, Alfonso fue como él hijo de Fernán Rodríguez Pecha y Elvira Martínez de la Cámara, ambos muy favorecidos en la corte real de Castilla, pero con casa en Guadalajara y posesiones abundantes en la tierra alcarreña de Guadalajara y Madrid.

Mientras Pedro el primogénito fue destinado a los oficios cortesanos, Alfonso como segundo fue remitido a la Iglesia. El primero alcanzó los puestos de tesorero real, canciller del infante y otras sonoras prebendas. El segundo llegó pronto a obispo de Jaén. Pero uno y otro, en plena juventud todavía, desengañados del mundo en que vivían, se retiraron a hacer vida eremítica por los valles de la alcarria, concretamente en la parte inferior del curso del Tajuña, retirándose definitivamente a Lupiana, donde surgiría más adelante la orden jerónima.

Sobre Alfonso de Guadalajara existían hasta ahora fragmentarias noticias, aportadas fundamentalmente por algunos cronistas jerónimos, como fray José de Sigüenza y Vega, o por el cronista de Guadalajara Juan catalina García. Una importante y reciente aportación bibliográfica ha venido a aportar fechas concretas en su vida, así como los resultados fructíferos de su biografía viajera 1. En primer lugar, queda aclarada la identidad de Alfonso Fernández Pecha con el Alfonso de Vadaterra tan conocido en el Medievo italiano, y que explica ese apellido por la italianización que sufrió el lugar geográfico de su nacimiento: Wada de Guada‑ lajara, y el sufijo terra, venía a jeronimizar su nombre, como le ocurrió a su hermano el fundador de la Orden, que también quedó en muchas historias nominado como Pedro de Guadalajara.

Alfonso fue obispo de Jaén. Su periodo de gobierno en aquella diócesis queda limitado entre los años 1359 y 1368. En ese periodo, consta la relación que Alfonso de Guadalajara tuvo con los eremitas del Tajuña, tanto en Villaescusa como en Lupiana, y la intervención que él tuvo para que se trasladaran a este último lugar, en unos terrenos propiedad de sus padres. A ese mismo periodo final de su episcopado (1366‑1367) es cuando corresponde el momento de la retirada de la Corte de su hermano Pedro. Coinciden, pues, los caminos vitales de ambos hermanos, al salirse de los puestos cómodos y entrar en los del sacrificio.

La etapa última de la vida de Alfonso de Guadalajara es la más intensamente vivida, interesante como pocas. Desde 1368, Alfonso figura en compañía de Santa Brígida de Suecia, acompañándola en sus viajes de peregrinación, intercediendo por ella en los ambientes aviñonenses. Uno de los escritores que con mayor nitidez, en cuanto a fechas, aunque escaso en detalles, revela la trayectoria de Alfonso por Europa, es el padre Damiani, quien escribe así de él en su obra sobre la espiritualidad de Santa Brígida: «Alfonso de Vadaterra, español, pero de origen sienés por parte de padre, había sido obispo de Jaén… Después, en 1368, se encontró con Brígida, poniéndose a su servicio. Revisó completamente el texto de las Revelaciones y dio una mano en la redacción oficial. Se dedicó incondicionalmente a la canonización de nuestra santa, y convenció a Santa Catalina de Siena a continuar la obra para que tornase el Papa a Roma. Murió el 8 de septiembre de 1389 en el convento olivetano de San Jerónimo in Quarto, fundado por él».

Es finalmente otro autor español, Arce, en su estudio sobre Santa Brígida como peregrina a Tierra Santa, quien define la verdadera capacidad de Alfonso de Guadalajara como escritor católico, y nos hace suponer su dimensión magna en cuanto a conocimientos teológicos y también en cuanto a estilo latino, pues este autor confirma el papel fundamental del alcarreño en la edición de las Revelaciones de Santa Brígida, que fueron escritas por ella en sueco y en un latín muy defectuoso, siendo Alfonso de Guadalajara encomendado de ponerla en su versión definitiva, en latín ejemplar, y, es de suponer, que introduciendo correcciones no solo de estilo sino de conceptos, por lo que de este modo queda bien expuesto, a nuestro entender, el valor capital de nuestro coterráneo como escritor católico de alta significación.

Aparte de esta revisión general y puesta a punto de los ocho libros de las Revelaciones brigidianas, escribió una Epístola solitarii ad reges, en la que hace afirmación de las ideas, con las que él comulgaba, de los eremitas alcarreños que capitaneaba su hermano Pedro.

Otras actividades, aparte de las literarias, también tuvo Alfonso de Guadalajara. Así, el papel de acompañante de Santa Brígida a Tierra Santa, en una peregrinación llena de peligros y fructífera de espíritu para la marcha de la Iglesia Católica. También su actividad capital en la vuelta del Papado desde Aviñón a Roma. Y, por fin, dada su cabida en la corte pontificia, el apoyo a la creación de la Orden Jerónima por Bula del Papa Gregorio XI, con quien mantuvo Alfonso siempre una gran amistad. El nacimiento de la Orden jerónima tiene su raíz en la famosa bula Sane petitio, extendida por el Papa citado en 15 de octubre de 1573. Si bien dicha carta fundacional va dirigida a los solicitantes Pedro Fernández Pecha, Fernando Yáñez, Juan de San Felices, Alfonso de Jaén y Fernando de Hontoba, es indudable que se consiguió gracias a la intervención de Alfonso de Guadalajara, quien gozaba en esos momentos de gran autoridad en la corte pontificia de Aviñón, donde en su calidad de intelectual singular, tenía una gran amistad con el Papa, un enorme prestigio entre la Curia Cardenalicia y excelentes relaciones con los monjes del Santo Sepulcro de Florencia, que enviaron las normas básicas para ordenar la naciente regla jeronimiana. El verdadero artífice de la Orden de San Jerónimo es, sin duda, nuestro personaje, Alfonso de Guadalajara.

Murió Alfonso el 19 de agosto de 1389, en el monasterio de Quarto por él fundado. Sobre su sepultura, aparece esta inscripción latina: «HIC JACET REVERENDVS PATER. DNS. ALFONSVS DE VADALASSARRA NATIONE HISPANVS QVI DISPERSO PATRIMONIO PROPIO PROPTER DEV RELICTOQ. EPISCOPATV GEENENSE VT PAVPERES CRISTIFIDELIV SEQUERETVR EREMITICA VITAM DUXIT. TANDEM JANVA VENIENS ELEEMOSINA FIDELIVM. SVB VOCABVLO. BEATI.HIERONIMI. HANC. FVDAVIT. ECCLESIA. QVAM. REGI. OBTINVIT PERO VENERABILES. MONACVS. ORDINIS. MONTIS OLIVETI. DEMVM MIGRAVIT. AD. DOMINVM. AN. MCCCLXXXVIIII. DIE XVIIII. AVGVSTI».

NOTA:

1 REVUELTA SOMALO, José María: Los Jerónimos (una orden religiosa nacida en Guadalajara), Guadalajara, 1982. Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana», pp. 112‑124