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La iglesia de Santiago, monumento regional

 

Decimos esto, porque el pasado día 26 de septiembre el templo arriacense de Santiago Apóstol, se vistió de gala para dar el tono justo de un gran monumento que podría decirse eje en el conjunto del patrimonio artístico de nuestra Región. Un concierto de gala, a cargo del organista y compositor Miguel del Barco, llenó el ámbito mudéjar del templo medieval con los acordes de diversas piezas sacras y profanas, sacando de los registros del órgano parroquial, recién restaurado también, los mejores sonidos, y poniendo las obras de Bach y Guridi en clave de precisión y belleza sumas.

La Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha, a través de su consejería de Educación y Cultura, inauguraba así varias cosas: de una parte, su temporada de grandes conciertos, de aproximaciones musicales a todos los habitantes de la Región, con programas e intérpretes de altura indudables. De otra, el propio órgano de la iglesia de Santiago se ponía nuevamente de largo, tras una restauración necesaria para ponerle a punto. Y finalmente, se daba por inaugurada con dicha actuación la tarea de restauración del templo, especialmente externa y a nivel de ábside, que ha posibilitado realzar su belleza arquitectónica a base de limpiar y consolidar los muros, los adornos, la espadaña y la visión panorámica del conjunto. 

Las obras de restauración realizadas durante el último año han supuesto una inversión de seis millones de pesetas, y han sido dirigidas por el arquitecto don Carlos Arnáiz Eguren. A decir verdad, se ha quedado un tanto corto en la decisión de recuperar esta pieza arquitectónica, pues ha respetado en demasía las construcciones posteriores (especialmente la Casa Parroquial que fué añadida al templo en el siglo pasado). La solución que le ha dado al problema de poder subir hasta el campanario, no es mala, pero en cualquier caso añadirle una escalera metálica a un ábside mudéjar no deja de suponer un afeamiento. Por supuesto, no había otra forma de hacerlo.

El templo parroquial de Santiago, en Guadalajara, con su ábside finalmente rescatado, se convierte así, como decimos en el título, en un auténtico monumento regional, en uno de los símbolos más llamativos de la arquitectura mudéjar de Castilla‑La Mancha. En su interior destacan la gran nave central y su presbiterio cubierto de bóveda de ocho nervios y altos ventanales en los muros; también lo hacen la capilla de la cabecera del Evangelio, obra probable de Alonso de Covarrubias, con el enterramiento del fundador don Juan de Zúñiga, que hoy aparece, sin estatua yacente (porque la vendieron las monjas a principios de este siglo) en el muro del fondo; y esa otra capilla espléndida del caballero Diego García de Guadalajara, en la que surge magnífica la bóveda gótica nervada y gallonada.

Sirven estas líneas para animar, nuevamente, a todos a que visiten este templo tan hermoso, tan perfectamente recuperado para el porvenir, en el que de vez en cuando suenan las notas del órgano y vibran los muros de ladrillo y mampuesto con la emoción de los siglos pretéritos. La iglesia de Santiago supone una de las joyas de la monumentalidad, ya tan escasa, de nuestra ciudad, y es por ello que cualquier tarea de restauración y cuidado que se tenga hacia ella merecerá nuestro aplauso. Este es un momento, amigo lector, justo para volver a verla. Sin olvidar la pulcra apariencia del enterramiento del caballero Zúñiga en la capilla del fondo del Evangelio. Junto a estas líneas aparece un dibujo del mismo, para demostrar que existió con caballero y todo. Lo dibujó así Pascó, en la segunda mitad del siglo XIX.

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