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Historia de un convento: El de San Antonio de Mondéjar

 

Recordábamos la pasada semana cómo en los próximos días, concretamente el 4 de mayo, se celebrará el quinto centenario de la fundación del convento franciscano de San Antonio en Mondéjar. Y tomábamos la primera referencia de esa efemérides personificada en su fundador, el noble alcarreño don Migo López de Mendoza, impar figura de la mendocina estirpe que está hoy considerada como el auténtico introductor del Renacimiento en la Península Ibérica.

La construcción de este monasterio franciscano se desarrolló entre 1489, año de su fundación, y 1509, en que el Conde de Tendilla, al hacer un nuevo testamento, afirma tener ya totalmente terminada su fundación franciscana de Mondéjar, Esta familia, a lo largo de los siglos, permanentemente se ocupó de proteger con limosnas y atenciones a la comunidad de menores, y en muchos documentos y testamentos de los sucesivos marqueses aparecen referencias al convento de San Antonio Extramuros de la villa de Mondéjar, pidiéndoles misas y donando joyas, cantidades en metálico e incluso tierras.

También los acaudalados vecinos de Mondéjar, a lo largo de los siglos, fueron haciendo sustanciosas donaciones a la comunidad francisca. Así, vemos cómo los potentados López Soldado, a lo largo del siglo XVII, entregan bienes y posesiones, en forma de memorias pías, al convento de San Antonio. Don Juan Bautista Celada hizo en ese mismo siglo una fundación de capellanía muy generosa, en la que dejaba todos sus bienes al cuidado de los franciscanos. Antes, en 1639, el Comisario del Santo oficio en Mondéjar, don Marcos Alonso Sánchez, había dejado también sus bienes a beneficio del convento. Durante los siglos XVII Y XVII se puso de moda en toda la comarca enterrarse en el templo de los franciscanos de Mondéjar, que había sido construido con la idea de servir de panteón familiar a los marqueses, pero que luego por circunstancias varias solamente acogió a muy pocos de ellos. Esa costumbre hizo aún aumentar los bienes de la .comunidad, que se extendían a numerosas huertas, campos de labor, censos y juros de heredad, y un buen paquete de dineros en metálico fruto del encargo de misas.

En el siglo XIX se sucedieron diversas circunstancias históricas que acabaron con el monasterio de San Antonio. Fue la primera la Guerra de la Independencia. En Mondéjar se libró una dura batalla entre la guerrilla de El Empecinado y el ejército napoleónico, con pérdida de vidas y bienes. Los mandos franceses acamparon en el convento, arruinándolo en parte. Luego, en 1836, la Desamortización de los bienes eclesiásticos decretada por el ministro Mendizábal hizo que la comunidad de frailes abandonara el cenobio, desprovisto de buena parte de sus riquezas, quedando desierto y en progresiva ruina. La nueva desamortización de Madoz en 1851 supuso la venta definitiva de los bienes que aún quedaban a nombre de la Orden en Mondéjar.

El total abandono de bienes y edificios hizo que su desmoronamiento fuera progresivo. Tan arruinado estaba en 1916 que sus piedras se utilizaron para construir con ellas la nueva Plaza de Toros de la Villa. Ante la posibilidad de perderse lo poco que quedaba de tan bello e importante edificio, en 1921 el gobierno de Alfonso XIII declaró sus ruinas como Monumento Histórico‑Artístico, lo cual no le ha supuesto otra ventaja que el evitar su derrumbe total, pues todavía hoy deja mucho que desear el estado en que se encuentran estas ruinas del convento de San, Antonio, que deberían ser cuidadas y adecentadas con mimo, pues sin exageración puede calificarse a este templo como la primera construcción renacentista existente en España.

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