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CASIMIRO GÓMEZ ORTEGA, UN ILUSTRADO EN TRILLO

 

Ha celebrado España, en pluriforme copia de actos, el segundo centenario de la muerte de uno de sus más interesantes y benéficos personajes históricos, el rey Carlos III de Borbón, que gobernó nuestro Estado desde 1759 a 1588, dándole a todos los niveles un impulso continuo que le permitió entrar, de forma evidente, en la modernidad. En nuestra provincia se han celebrado algunos actos en recuerdo de esta efemérides (un magnífico concierto barroco en los jardines de la Real Fábrica de Paños de Brihuega durante el pasado verano) u en estos días el «Aula de Historia» de la Institución de Cultura «Marqués de Santillana» está llevando adelante un ciclo de conferencias que tratan de brindar, de forma secuencial, una visión amplia de la situación política, cultural y científica de la España carolina.

Quisiera hoy, y como una aportación a ese Centenario y a la memoria del rey Carlos III, traer a la pública consideración la figura y la obra de un sabio de la Ilustración, un hombre que laboró toda su vida, desde unas perspectivas de científico moderno, por conocer mejor la naturaleza y al tiempo tratar de aprovecharla mejor en beneficio de sus semejantes. Fue este sabio don Casimiro Gómez Ortega, médico, farmacéutico, botánico e historiador, que por su inteligencia y su trabajo ha merecido pasar a la historia. Aunque toledano de nacimiento, y madrileño de adopción, sus trabajos por las tierras de Guadalajara (en Trillo concretamente) le hacen en cierto modo ser un personaje más de esa galería quimérica y volátil de «alcarreños ilustres» que de vez en cuando anotamos.

Casimiro Gómez Ortega había nacido en Añover de Tajo (Toledo) en 1740, y murió en Madrid, en 1818. Estudió en Toledo, Madrid y Barcelona, y fué primeramente enviado a Bolonia, donde estudió Medicina y Filosofía, graduándose en 1762 de ambos títulos. Pero al regresar a España decidió estudiar Farmacia, lo cual hizo con gran aprovechamiento. Desde 1771, en que fue nombrado director interino del Jardín Botánico de Madrid, hasta 1801, en que se jubiló, dedicóse en cuerpo y alma a la tarea de hacer de esa institución un auténtico modelo en su género. La instalación de ese Jardín modélico le supuso a Gómez Ortega el viajar durante varios años por todas las capitales europeas, observando sus jardines botánicos, adquiriendo ejemplares de plantas en todos ellos, y finalmente ejerciendo una labor de director y formador de generaciones de botánicos en la capital de España, durante los 30 años que dirigió el centro (1771‑1801).

Su relación con Guadalajara se fundamenta en su estancia en Trillo, en 1777, en que acudió a realizar personalmente el examen químico de las aguas medicinales de los famosos manantiales de la villa alcarreña. El impulso de los gobiernos ilustrados de Carlos III hacia la puesta en valor de los manantiales de aguas con propiedades salutíferas, hizo que los de Trillo fueran alentados en gran modo. No solo se iniciaron los trabajos conducentes a la puesta al servicio público de sus baños y fuentes, sino que se decidió que es estudiaran con detenimiento sus aguas, desde un punto de vista químico. De su viaje y estudios por la Alcarria surgieron diversas publicaciones de un alto interés. Especialmente su Tratado de las aguas termales de Trillo, publicado en 1778, es una preclara muestra de un análisis metódico y científico, dando por primera vez Gómez Ortega la explicación adecuada sobre el ácido carbónico o «aire fijo» en las aguas, habiendo conseguido en ellas separa los gases del agua.

Su estudio sobre las propiedades químicas y medicinales del líquido elemento, se amplió a otros aspectos. De su gran valía como historiador surgió, en el libro que comentamos, una completa historia de la villa de Trillo y de sus aguas. Publica en esa obra el texto completo de la «Real Cédula de Su Majestad» (Carlos III) sobre las aguas de Trillo, y se extiende finalmente describiendo el itinerario de Madrid a Trillo, a través de Aranzueque. Además publicó, previamente a este interesante «Tratado», una Memoria analítica de las aguas de Trillo, del mismo año en que hizo su estudio (1777), y un Catálogo de las plantas que se crían en el sitio de los baños de Trillo y sus inmediaciones, en el que pone el sabio botánico, por orden alfabético, los nombres de las 260 plantas que encontró y clasificó en el entorno de la villa alcarreña, anotando de ellas las que tienen propiedades medicinales, y señalando incluso que la variedad de Robinica pseudoacacia (falsa acacia) que allí se veía, había sido enviada desde el Jardín Botánico de Madrid, para ilustrar los jardines del nuevo Centro Balneario.

Es destacable además el hecho de que las grandes expediciones científicas organizadas por el gobierno de Carlos III hacia América y otras tierras remotas, con el afán de investigar los múltiples aspectos de su geografía misteriosa y las propiedades de sus productos, fueron realmente planificadas y dirigidas por don Casimiro Gómez.

Además destacó Gómez Ortega por muchos otros motivos. Es reseñable su afición a la historia, que le llevó a ser nombrado, en 1770, todavía muy joven, académico numerario de la real institución. Muestras de su capacidad en este sentido las dio al escribir su «Tratado» sobre las aguas de Trillo, en el que puso un largo preámbulo con una exhaustiva y bien trazada historia de sus baños. Fue además alcalde examinador del Tribunal del Protofarmacéuticato, recibió el título de «boticario mayor del Rey», siendo además médico de la Real Cámara. Por supuesto fue Académico de número de la Real Academia Médica Matritense, desde 1761 (antes de haberse hecho farmacéutico). Brilló, incluso, como sapiente latinista, y además de versos en este idioma, nos dejó su maravilloso tratado botánico titulado «Caroli Limai botanicorum principis philosophia botánica», publicado en 1792, en Madrid, por Pedro Marín. En definitiva, una eximia figura de la ciencia hispana que dejó su honda y brillante huella por las tierras de la Alcarria, contribuyendo con su presencia y su trabajo a un mejor conocimiento de la misma.

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