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Covarrubias y el covarrubismo en la provincia de Guadalajara

         

Tras haber visto en pasadas semanas la vida y obra de Alonso de Covarrubias, y en más detalle su obra en las ciudades de Guadalajara y Sigüenza, nos queda hoy solamente, para completar una visión general y rápida de su intervención en el arte de nuestra provincia, el repaso a ciertos monumentos capitales de nuestro patrimonio, e incluso el análisis de otros elementos que le deben, si no la paternidad directa, sí al menos la inspiración y la influencia de formas.

Cotizado al máximo, rifado entre las más altas instancias (arquitecto oficial del Emperador y del Arzobispo toledano, preferido de los capitulares de Sigüenza, mimado de los Mendoza), Covarrubias fue llamado en 1535 por el General de la Orden de San Jerónimo para que trazara y dirigiera un nuevo claustro, de estilo renacentista, en el monasterio cabeza de la Orden Jerónima: en San Bartolomé de Lupiana.

Los documentos que atestiguan la paternidad de Covarrubias sobre este claustro fueron hallados por la investigadora doña Juana Quilez, en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara. En ellos se demuestra que el arquitecto toledano realizó las trazas de este claustro, que luego sería tallado formalmente por el cantero Hernando de la Sierra y su gente. Se trata, todos le conocen, de un ámbito puramente renacentista y plateresco, con una puridad de líneas exquisita, y con una decoración sencilla pero muy cabalmente terminada. Presenta un cuerpo inferior de arquerías semicirculares, con capiteles de exuberante decoración a base de animales, carátulas, Ángeles y trofeos, y en las enjutas algunos medallones con el escudo (un león) de la Orden de San Jerónimo, y grandes rosetas talladas. Un nivel de incisuras y cinta de ovas recorre los arcos. La parte inferior de este cuerpo tiene un pasamanos de balaustres. El segundo cuerpo de este claustro consta de arquería mixtilínea, con capiteles también muy ricamente decorados, y los arcos cuajados de pequeñas rosáceas, viéndose tallas mayores en las enjutas. Su antepecho, magnífico, en piedra tallada, ofrece juegos decorativos de sabor gótico. En uno de los laterales se añadió un tercer cuerpo que, si rompe en parte la armonía del conjunto, añade por otra una nueva riqueza, pues figuran columnas con capiteles del mismo estilo, antepecho de balaustres, y zapatas ricamente talladas con arquitrabe presentando escudos. Los techos de los corredores se cubren de senci­llos artesonados, y en las enjutas del interior de la galería baja aparecen grandes medallones con figuras de la orden. En frases de Camón Aznar, máximo conocedor de la arquitectura plateresca española, refiriéndose al claustro de Lupiana, dice que el conjunto produce la más aérea y opulenta impresión, con rica plástica y alegres y enjoya­dos adornos emergiendo de la arquitectura, es obra excelsa de nues­tro plateresco.

También en Pastrana actuó Covarrubias. Con toda seguridad fue el tracista, junto a Juan de Borgoña como pintor, del retablo mayor de la Colegiata, que según los libros de fábrica del templo fue realizado en 1536, pero que luego, en la reforma manierista realizada por el Obispo González de Mendoza, hijo de la princesa de Éboli, fue retirado y llevado a la ermita de Santo Domingo, donde finalmente se perdió y hoy solo se conserva una tabla, en el museo parroquial. En Pastrana es muy posible que trazara Covarrubias el proyecto para el palacio ducal, aunque este dato está aún sin confirmar. El aire sereno, equilibrado, pleno de clasicismo, de la fachada de ese palacio pastranero, evoca en todo los modos de hacer de Covarrubias. También la portada. El patio, que nunca llegó a existir, nos hubiera dado la clave de su autoría.

También en el retablo de Mondéjar participó Covarrubias, diseñando la parte arquitectónica y estructural del mismo. Junto a él, otros artistas de gran fama pusieron sus saberes: así Nicolás de Vergara el Viejo en lo ornamental; Bautista Vázquez en la escultura; y Juan Correa del Vivar en la pintura. Desapareció en la Guerra Civil y están haciendo ahora intentos en el pueblo de hacerlo nuevo.

Otra de las obras interesantes de Covarrubias en nuestra provincia, desconocida hasta ahora, y puesta de relieve gracias al estudio de Muñoz Jiménez, es la traza de la iglesia parroquial de Yunquera de Henares. De la antigua estructura gótica, este templo solamente conserva la torre, que es muy bella. Su diseño fue ya muy avanzado, pues el proyecto lo realizó Covarrubias hacia 1559. Es un elemento que puede denominarse de «iglesia de salón o columnaria». Tiene tres naves de igual altura, separadas por cuatro columnas toscanas a cada lado, con una parquedad en la decoración que apunta a lo claramente manierista. Faltan las bóvedas, que probablemente serían inicialmente de crucería. Y falta la cabecera del proyecto original, pues la actual es más moderna. Los escudos mendocinos campean sobre las columnas del crucero.

Hay que hacer, finalmente, una referencia al «covarrubismo» en Guadalajara. No es ello otra cosa que el «estilo» de alonso de Covarrubias, que dejó impregnado, por el prestigio de que gozó su obra en vida, todo el carácter constructivo de la Castilla nueva, a partir de la segunda mitad del siglo XVI. Si no trazadas ni dirigidas por él, sí inspiradas en sus obras, existen repartidas por nuestra geografía una inmensa serie de obras de las que actualmente estamos haciendo recopilación para su estudio metódico. Pero que aquí damos en breve resumen, por orientar al viajero y curioso hacia estas obras que definen, en la escueta parla de sus portadas, lo que fué el «covarrubismo». Recordar, por ejemplo, la iglesia parroquial de Lupiana, en la que si no puso su genio el toledano, le faltó muy poco. Es una portada elegante y esbelta, con un templo también muy renacentista y bello. En Horche pasa algo parecido. La iglesia parroquial de El Cubillo de Uceda tiene portada, interior y detalles ornamentales que si no son de Covarrubias le faltará muy poco. Algo similar puede decirse del templo antiguo, hoy ya en ruinas de Trijueque. De la parroquia de Mandayona, de la de Garbajosa, de la de Aranzueque, etc. La portada del templo parroquial de Bujalaro, cerca de Sigüenza, es otra muestra clarísima de lo que hablamos. O la de Peñalver.

Se podría seguir con esta enumeración hasta completar varias decenas de ejemplos. La influencia de Alonso de Covarrubias sobre el arte y la arquitectura histórica de Guadalajara ha sido tan grande, que era obligado, pues, hacer este repaso somero que, a lo largo de un mes, nos ha permitido recordar esta figura gigantesca del Renacimiento castellano, y su paso por Guadalajara, cuando se cumplen los quinientos años de su nacimiento.

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