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abril 24th, 1987:

El castillo de Horche

La ermita de San Sebastián ocupa el lugar donde se supone estuvo el primitivo castillo de Horche

 

 La cercana y populosa villa de Horche tiene una historia interesante y densa que no es conocida en toda su dimensión real por sus actuales vecinos. Sirvan estas notas para dar fe de uno de sus monumentos más sonados y llamativos que durante siglos pasados tuvo, y del que hoy no queda casi ni el recuerdo. Se trata del castillo de Horche, que al menos ha quedado en la presencia del escudo heráldico municipal, que muestra en su cuartel superior una fortaleza rodeada de un par de olivos. 

Los historiadores de Horche, entre ellos el mas señalado, el fraile mercedario fray Juan de Talamanco, han puesto en los orígenes del pueblo la llegada de Alvar Fáñez de Minaya y su hueste de valientes caballeros como puntal primero de su reconquista a los moros y creadores del primer núcleo de convivencia. Las leyendas han continuado luego adornando el hecho y la secuencia primera de los anos. Y así nos dicen que, por el problema de los múltiples asaltos que a la zona daban los árabes desde el próximo valle del río Tajuña, los pobladores de Horche, la Magdalena y Valverde decidieron unirse para construir un castillo donde poder refugiarse en caso de ataque por parte de la morisma. 

Se decidió construir el castillo en lo más alto de la cuesta, y por hacerse en terrenos que pertenecían a dama principal llamada popularmente María Reina, de este modo se nombró desde el primer momento, allá por el siglo XII, al castillo de Horche, «el castillo de María Reina», que luego fue abreviado con el apelativo de Mairena con el que todavía hoy los viejos del lugar le recuerdan. Dice la leyenda también que esta benefactora mujer costeo de modo muy principal la construcción del castillo. 

El caso es que en lo alto del pueblo, allí donde hoy queda la ermita de San Sebastián, y restos mínimos de fortaleza, por el barrio que también llaman de Trascastillo, se puso un enorme edificio todo el construido con piedra arenisca y caliza, propia de la comarca, en forma de receptáculo cuadrado con torres en sus cuatro ángulos, y una barbacana o pequeña muralla baja en su derredor, que serviría de primera defensa del edificio. En cualquier caso, y a pesar de las pasajeras descripciones que nos han llegado, procedentes de escritores y cronistas antiguos, el castillo de Horche debió ser un pequeño edificio con estructura similar al de Torija, pero a una escala mucho mas reducida, mas domestica. 

Dice Talamanco que luego tomó el valle el nombre de Armuñuela, en recuerdo del vocablo «Arx Munita» que quiere decir «alcázar» o «casa fuerte». El deseo continuo de este historiador de encontrar en todos los nombres, aun en los de origen castellano y popular, un ascendiente culto de latín o el griego, le hace exagerar no pocas veces, como en este caso. 

Lo que si es interesante es la noticia que aporta en el sentido de haber existido en el valle del rió Ungría otro castillo, que se llamo de Rocha‑Frida, en bella denominación medieval que parece salida de un cuento de hadas. En un risco o cantil de cortados perfiles que preside la unión de los ríos Matayeguas (el que viene desde Centenera y Lupiana) y Ungría, se levantó este castillo, a iniciativa de los vecinos de los pueblos de La Magdalena y Pinilla, para en un momento determinado de peligro poder reunirse y protegerse de los ataques de los árabes. La verdad es que muy poco uso debió tener, y así es que hasta hoy no ha sobrevivido el más mínimo resto de esta fortaleza, que era más tallada por la Naturaleza que por la mano del hombre. 

Para concluir, solo me queda insistir en el hecho que ha provocado este recuerdo de hoy en torno al castillo de Horche: que en este bello y típico pueblo de la Alcarria se levanto también, en remotos siglos de la Edad Media, un castillo que si hoy no nos ha entregado su imagen ni su sombra, si que ha conseguido enviarnos el recuerdo de su existencia, de su emplazamiento y de su nombre. Esa fortaleza horchana de Mayrena es, además, el símbolo principal del escudo heráldico municipal, en el que se funde, como en una sola voz, la historia toda de la Villa. Queden en estas líneas el recuerdo de tal monumento y la constancia de que, en esta Alcarria densamente poblada de castillos, hubo además muchos otros, como el de Horche, del que solo la evocación nos ah quedado.