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En el Centenario de Martínez Izquierdo

Casa natal de don Narciso Martínez-Vallejo Izquierdo en el pueblo molinés de Rueda de la Sierra

 Hoy viernes día 18 de abril se cumplen cien años desde aquel otro Domingo de Ramos de 1886 en que, sobre las gradas de la catedral madrileña de San Isidro, y tiroteado por un clérigo, cayo herido de muerte quien a la sazón era Obispo de Madrid‑Alcalá, D. Narciso Martínez Izquierdo, natural de Rueda de la Sierra, en el Señorío de Molina y provincia de Guadalajara. Con este motivo centena­rio vamos a recordar en breves líneas la historia de su vida.

Fue una vida dedicada íntegramente al estudio y al bien. Nació, como he dicho, en el rocoso pueblecito de Rueda de la Sierra, en un luminoso enclave del Señorío de Molina, cargado de casonas con escudos y tradiciones sin cuento. En la casa que siglos atrás había sido de los Vallejo, y en el seno de una familia de sencillos agricultores, nació el 29 de octubre de 1831 Narciso Martínez Izquierdo. La familia le puso en estudios primarios, y luego a los 12 comenzó los de segunda enseñanza, que poco después tuvo que dejar por falta de recursos económicos.

Pero siete años más tarde los reanudó, en el Colegio escolapio de Molina de Aragón, donde enseguida alcanzó fama de muy estudioso y aun de sabio. Sus compañeros, luego algunos lo contaron, creían que Narciso tenía la «ciencia infusa», pues hasta las más complicadas materias de la Teología, solo con leerlas una vez, ya era capaz de explicarlas a los demás. «Recuerda, no aprende» decían los compañeros.

El caso es que no solo estudió en el Seminario conci­liar de San Bartolomé de Sigüenza, sino que al mismo tiempo fue profe­sor de diversas materias en el mismo, entre ellas de lengua hebrea y de Religión, siendo además bibliotecario de dicho Seminario. En cuanto a fechas y grados, debemos recordar como el 13 de abril de 1859 se ordenó de presbítero. El 29 de septiembre de 1860 se recibió de bachi­ller en Teología, en noviembre de 1864 ganó por oposición una plaza de canónigo en la catedral de Sigüenza, obteniendo los grados de licen­ciado en Derecho Canónico y Doctor en Sagrada Teología en el Seminario Central de Toledo en 1866.

De allí se lanzó Martínez Izquierdo a una carrera eclesiástica en la que por meritos propios, deslumbrando con su saber y su oratoria, fue escalando posiciones y arribando a cargos progresi­vamente de mayor importancia y responsabilidad. Tras marchar de Sigüenza, fue canónigo magistral en la Catedral de Granada, y arcediano de la misma. En aquella Universidad andaluza se licencio en Filosofía y Letras. De sus muchos saberes, de su erudición e inteligencia, no puedo hacer aquí reseña, pues no acabaría. Decir también que fue nombrado Académico correspondiente de la Lengua, y en 1879 fue conde­corado con la gran cruz de Isabel la Católica.

Aunque sin una vocación muy definida hacía la política, Martínez Izquierdo entro también en esta. Durante el sexenio revolu­cionario participó activamente en la cosa pública, y en las Cortes constituyentes destaco con algunas intervenciones. Fue elegido diputa­do por su distrito natal, el Señorío de Molina, en dichas Cortes constituyentes, en 1869. Y poco después, en 1875, a propuesta de Castelar, a quien había combatido políticamente, fue nombrado Obispo de Salamanca, cargo que ocupó durante 10 años.

También en la política de la Restauración actuó Martínez Izquierdo, como senador representando a la provincia de Vallado­lid. Tras la firma del Concordato con la Santa Sede por el gobierno canovista, fue creada una nueva diócesis en España, la de Madrid‑ Alcalá, siendo elegido para cubrir el puesto de obispo, y ser así el primero de la serie de eminentes personajes que por el han pasado, D. Narciso Martínez Izquierdo. Tomó posesión el 2 de agosto de 1885. Inicio de inmediato, llevado de su inteligencia y su capacidad de trabajo, la organización de su diócesis, nueva en todo. Pocos meses después, en abril de 1886, caía asesinado por el cura Galeote. Los dictámenes médicos, tras analizar la personalidad y circunstancias del asesino, le declararon perturbado mental, asegurando que había obrado de forma no responsable. Parece ser que, en la remodelación diocesana, el nuevo Obispo había decidido que este sacerdote dejara de prestar servicios en un oratorio donde cobraba por decir misa 18 reales. Y aseguran que ese fue el motivo de que Galeote se armara y ejecutara su propia justicia a tiros.

En Rueda de la Sierra, donde aun se ve la casa natal del prelado, sencilla pero señorial, con un escudo de armas sobre el portón, aun enseñan con orgullo una de las zapatillas que llevaba D. Narciso puestas al momento de su muerte. Y en una cajita muy pequeña tienen guardada la bala que acabo con su vida. Además pusieron un monolito de la misma piedra rojiza que envuelve al pueblo, delante de la iglesia, recordando al noble y virtuoso hijo de Rueda que con su trabajo y esfuerzo había escalado tan altas cotas de responsabilidad en la Iglesia Católica, muriendo trágicamente.

En este momento de cumplirse el centenario de aquella fecha lamentable, hemos aprovechado para recordar la vida y la perso­nalidad de este ilustre molinés, de quien todos debemos sentirnos orgullosos.

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