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El antiguo retablo de Renera

 

En un tranquilo valle de la Alcarria se encuentra la villa de Renera, que durante siglos transcurrió en paz sus horas y las de sus vecinos, dedicado a la agricultura y ocupado en ocasiones en fiestas y realización de obras que hicieran pasar a la posteridad el nombre del pueblo y sus gentes. El viajero de hoy podrá admirar, especialmente, un par de cosas en Renera: la iglesia parroquial, obra de grandes dimensiones, como desmesurada en su barroquismo sobre el caserío, y el Ayuntamiento, que aunque muy modificado y maltratado a lo largo de los siglos, aun deja hoy entrever la pureza de sus líneas, y lo tradicional de su concepto.

En la iglesia parroquial de Renera hubo un gran retablo ya desaparecido. Vamos a recordar algunos datos sobre dicha obra de arte que pueden interesar a algunos, especialmente teniendo en cuenta que todavía quedan en el templo, distribuidos por sus paredes, numero­sas tablas procedentes de aquel gran retablo, y que como por un mila­gro, y gracias a la preocupación de algunos párrocos, se han podido salvar.

El retablo se construyo en 1549. Se componía de una serie de tablas de pintura y de paneles de escultura, a lo que acompa­ñaba una profusa obra de mazonería en la que destacaban columnas aba­laustradas y grutescos numerosísimos confiriéndole todo ello una ma­jestuosidad y una impresión de riqueza impresionantes. Su historia reciente es de lo más triste. Fue desmontado en 1936 por el Servicio de protección a las obras de arte del Gobierno de la II Republica. Fue llevado, ya desmontado, a los sótanos del Museo del Prado, donde permaneció durante la Guerra Civil. Después de ella, se le pierde la pista. Hoy sabemos que una de las tablas del retablo, la mejor, esta en una colección de Paris. Y varias otras tablas de pintura, las correspondientes al bancal, se encuentran en una colección privada de Barcelona. El resto de las pinturas volvieron a la parroquia, donde han sido colocadas sobre los muros. Solo pequeños fragmentos de la mazonería y paneles escultóricos se han salvado, encontrándose algu­nos, de magnifica factura, en el Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza.

En cuanto a los autores de tan extraordinaria obra de arte, y a pesar de no haberse encontrado todavía la documentación que lo acredite sin lugar a dudas, parece ser que fueron, en lo escultóri­co, Francisco de Giralte, que ya había trabajado en otros retablos de la Alcarria, y en lo pictórico, Juan de Villoldo, autor castellano, que durante la primera mitad del siglo XVI trabajo en numerosos lu­gares del reino de Toledo, así como en la catedral de Sigüenza y en la parroquia de San Juan de Atienza. El estilo de Villoldo esta inmerso plenamente en el manierismo post‑renacentista, con formas y escorzos dados a sus imágenes que le hacen entrar en el círculo de Berruguete, y a mayor distancia, en el de Michelangelo Buonarotti. Lo de Giralte es también heredado en gran modo de Berruguete, pues usa y abusa de las formas contorsionadas y los efectos patéticos.

De las tablas que han quedado en la iglesia de Renera, y que hoy el viajero puede contemplar, destacan diversas escenas de la Vida de la virgen Maria, pues a ella estaba dedicado el retablo. Entre estas encontramos el Abrazo ante la Puerta Dorada; la Anunciación de Maria; Cristo con la Cruz a cuestas camino del Calvario. Se sabe que ocupando el lugar central y preferente del retablo había una gran tabla con una escena del Descendimiento.

En cuanto a las tablas que permanecen en una colección privada de Barcelona, y que muestran a los Profetas, podemos decir que están representados, pictóricamente, pero como si de estatuas se tratara. Se encuentran sentados, en muy forzados escorzos y posturas violentas. Se apoyan sobre bloques pétreos que muestran como en re­lieve, en sus frentes, escenas alegóricas diversas, y van apoyados a su vez en «putti» renacentistas.

Daniel tiene una pluma en la mano, y un tintero en la otra. Se acompaña de dos ángeles, y le escolta el anagrama de Cristo (JHS) y la inscripción «Eslabón me es toda cosa». Ezequiel nos ofrece su pie derecho apoyado en un bloque sobre el que se han tallado dos jóvenes que entre si pelean. Jeremías sostiene una filacteria en sus manos en la que leemos: «Jeremias filius Helchiae», y aparece apoyando su rodilla izquierda en un basamento en que se representan unos perso­najes que gesticulan en el espacio. Uno de ellos se esta suicidando con un puñal, y el otro se mesa los cabellos. Las figuras son muy estilizadas y expresivas, con un aire manierista completo. Finalmente Isaías, que porta un gran libro en el que aparecen las frases del versículo 14 del capitulo VII de los vaticinios contra Judá e Israel: «Ecce Virgo concipiet et pariet filium». Debajo de esta figura profé­tica se ve la fecha de realización del retablo, de este modo: «Fa/cie/bam A.D. 1549»

De todos modos, y a pesar de los escasos y fragmentados restos que quedan del que fue magnifico retablo de la parroquia de Renera, merece visitarse aquel templo alcarreño y admirar estas breves tablas que, en su idioma arcano, nos hablan de las formas de ver la vida, la religión y el arte en el siglo XVI, época de esplendor y de riqueza en nuestra tierra.

Bibliografía

Se han ocupado en el análisis de la obra de Villoldo en Renera los autores J. Rogelio Buendía y Ana Ávila en su obra La intervención de Juan de Villoldo en la provincia de Guadalajara: el retablo de Renera, publicado en el «Boletín del Seminario de Arte y Arqueología de Valladolid», así como el mismo J.R. Buendía, sobre la obra total de Villoldo, en La Pintura española del siglo XVI, en «Historia del Arte Hispánico», tomo III, 1980. También cita el antiguo retablo de Renera Maria Elisa Gómez de las Heras en su memoria de licenciatura sobre Algunos retablos renacentistas en Guadalajara y su provincia, y para consultar algunos otros datos sobre el patrimonio artístico complementario de la villa de Renera, consultar mi obra Crónica y Guía de la Provincia de Guadalajara, pp.236‑237

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