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Antigüedad de la Virgen de la Antigua

 

Un año mas la ciudad de Guadalajara va a rendirse en fiestas en honor de su Patrona, la Virgen María en advocación de la Antigua. Y aparte de la serie innumerable de actos, que en esta oca­sión van a ser preludio inmediato de las Ferias y Fiestas de Otoño, los fieles cristianos celebraran como cada año, al menos desde hace un siglo, a la protectora  y abogada celestial de Guadalajara.

Sin pretender agotar un tema, ni entrar en profundi­dades investigativas que no hacen al caso, hoy quisiera sumarme a esta fiesta dando algunas noticias, deshilvanadas, pero curiosas todas, y por supuesto útiles para la comprensión global de lo que la Patrona representa en nuestra historia, de esta Virgen de la Antigua que ya casi nos parece ver recorriendo, rodeada de cientos de niñas ataviadas de alcarreñas, las calles de la ciudad.

La tradición dice de su antigüedad. De ella le deriva el nombre, que a tantos sorprende. Cuentan que cuando Alvar Fáñez de Minaya, aquella noche de San Juan del año 1085 (todavía están frescos los ecos de la celebración del IX Centenario de aquella efemérides) en que reconquisto a los árabes la Wad‑al‑Hayara de junto al Henares, lo primero que hizo fue subir la cuesta y llegarse hasta el barrio de los mozárabes, donde en la iglesia de Santo Tomé, que les acogía, venero la imagen antiquísima de la Virgen. Otros dicen que fue el mismo guerrero quien descubrió, oculta entre las piedras de la muralla, la talla en madera de María.

Supone esta conseja que la devoción por la Virgen se mantuvo incluso en la época de dominación árabe. Quizás sea demasiado decir. Pero lo cierto es que, aunque mínimamente, toda la época bajo­medieval, ya cristiana, mantuvo la Fe de las gentes arriacenses por su Virgen, colocada siempre en el altar de una capilla de la parroquia de Santo Tomé. La tradición, envuelta en ampulosas palabras típicas de la retórica finisecular, nos la da entera este fragmento de la petición que en 1883 hizo el Cabildo de Curas de Guadalajara en solicitud del título canónico de Patrona de la Ciudad para la Virgen de la Antigua. No me resisto a pasarlo por alto. Dice así:

«Dominada esta ciudad por el yugo agareno, sus mora­dores conservaron la Iglesia de Santo Tomé, como único consuelo en su terrible aflicción, y al librarse de aquel en 24 de junio de 1085 por las huestes de D. Alonso el VI, capitaneadas por el celebre y esforza­do Caballero Alvarfáñez de Minaya, los historiadores aseguran, que al penetrar en esta ciudad, fue su primer acto ir a posternarse ante aquella Santa Imagen, que los cristianos guardaban como rico Tesoro en la ya mencionada iglesia.  Este hecho y otros mas que han visto escri­tos los suscribientes, prueban que si bien esta ciudad no había decla­rado por actos oficiales como a su Patrona a la Imagen de Nuestra Señora de la Antigua, sin embargo, tenía puestos en ella su corazón y su esperanza para el socorro de sus necesidades, como así lo experi­mento en los años de 1589, 1593, 1609, 1641, 1648, 1676 y 1683, en que la falta de lluvias esterilizaba sus campos, y la peste diezmaba sus moradores, y que en 1725 desapareció la plaga de langosta que talaba los campos y frutos de la tierra…»

Tras tan razonadas expresiones de solicitud, la Virgen de la Antigua fue declarada Patrona de la Ciudad de Guadalajara el 8 de septiembre de 1884. Hace ya ciento y un años de aquello.

La devoción por esta imagen es, sin embargo, mucho más antigua. Dejando ahora aparte la tradición, y buscando los documentos escritos, únicos por los que podemos hablar los historiadores, recor­daremos que quizás la fecha mas antigua registrada en torno a la Patrona es la de 1505, época en la que una vecina de la ciudad, Isabel de Tejada, hacía fundación de una misa semanal en honor de la Virgen de la Antigua. Durante el siglo XVI sabemos que ya se venerable con regularidad y por muchas gentes a la Virgen bajo esta advocación, e incluso entre la aristocracia arriacense nuestra Madre tenía una preferencia evidente. Así, cuando en 1586 estuvo muy enfermo D. Rodri­go de Mendoza, marido de la sexta duquesa del Infantado Dona Ana de Mendoza, esta iba a menudo a orar «ante la Virgen de la Antigua, en la Parrochia de Sancto Thome».

A mediados del siglo XVI, una encumbrada familia de Guadalajara construyo nueva capilla para la Virgen en la referida Parroquia. Era con nombre de la Ascensión que se abría el nuevo espa­cio sagrado, y fueron el licenciado Luís Álvarez Jiménez y su mujer Isabel de Zúñiga y Valdés, que vivían en un palacio con dos torres en la plaza del Ayuntamiento, quienes mandaron hacer esta edificación, poniendo en lo alto sus escudo nobiliarios, que aun hoy se ven poli­cromados. Se comenzó a levantar la capilla en 1576, y sus hijos prosi­guieron la obra.

Pero también entre el pueblo llano de Guadalajara fue siempre muy fuerte la devoción a María de la Antigua. He visto en un testamento conservado en el Archivo Histórico Provincial, suscrito por una humilde mujer arriacense, mediado el siglo XVI, que dejaba «una saya entera de terciopelo leonado guarnecida de raso para la imaxen de nra señora del antigua…» En la capilla mayor del templo, sobre el arco triunfal de traza apuntada, lucía hasta el siglo pasado una leyenda escrita en caracteres góticos que decía que aquella capilla mayor había sido sufragada por Pero Ximénez. Y aun sabemos que, desde el siglo XVI, serían otras familias de alto copete, como los Páez, los Orozco, los Barnuevo, etc, quienes darían limosnas y harían funda­ciones en la parroquia de Santo Tomé en favor de la capilla e imagen de Nuestra Señora la Virgen de la Antigua. El pueblo, con su callado pero fervoroso aplauso, lleno durante siglos la mansión sagrada con cientos de ex‑votos que, hasta el siglo pasado, llenaban las paredes de la capilla.

La devoción por la Virgen de la Antigua no es cosa solamente de Guadalajara. En otras partes de España también existe. Así, en Sevilla, porque el alcarreño Diego Hurtado de Mendoza, hijo del duque del Infantado, a la sazón ocupando la silla arzobispal de Hispalis, y ostentando el Cardenalato, levanto en la catedral sevilla­na una capilla en honor de la Virgen de la Antigua, y pidió ser en ella enterrado. También en Valladolid hay una iglesia dedicada a nuestra Virgen, y en Sevilla aun una pintura mural muy antigua, cele­brada ya en las historias del Rey D. Fernando, conquistador de la ciudad. También hay devoción en Orduña (Vizcaya), en Madrid, en Bri­huega y en El Casar. Es, en definitiva, un canto universal que hacia la Virgen tiende, y en esta «antigua» advocación se concentra en algunos lugares.

Guadalajara acude un año más en clamor de ternura hacia su excelsa Patrona. Es una tradición más de la ciudad, algo que nos identifica con el río de la historia de nuestro burgo. Pero algo también que todos los alcarreños llevamos muy dentro, sacando desde el corazón a la calle la imagen de esta Virgen de la Antigua que ahora, un año más, nos pide nuestra atención y nuestras plegarias.

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