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enero, 1984:

Protagonista:Pueblo de Guadalajara

 

La historia no se hace exclusiva­mente por las gentes que exhiben su nombre y apellidos a la puerta de cualquier hecho trascendental. Eso es obvio, y hoy en día ya plenamen­te admitido. La «intrahistoria» está, incluso, tomando carta de naturale­za y aportando con sus datos míni­mos, superficiales, cotidianos, el armazón preciso que da consistencia, textura y fuerza a la historia con mayúsculas Por detrás de las bata­llas y los tratados, está el precio del pan, la necesidad de esparcimiento, los odios de razas, el afán de latido simplemente. Al fondo de las figu­ras magistrales, de las coronas reales, de los estandartes capitanes, es­tá la masa informe, el pueblo llano y espontáneo, el trabajador sin nombre y el comerciante sin apelli­dos, que con su empuje y su peso, fundidos en multitud, escriben la historia y señalan sus caminos.

El pueblo de Guadalajara se hizo protagonista en múltiples ocasiones a lo largo de la historia. Hubo, sin embargo, algunas situaciones en las que su intervención fue crucial, de­finitiva En ocasiones de guerras e invasiones, de alzamientos y revuel­tas, algunos pueblos supieron, en piña dura, defender su raíz y su pervivencia. Protagonizaron heroicas defensas villas como Brihuega, en la guerra de Sucesión, o Molina de Aragón, frente al acoso de los fran­ceses de Napoleón, en la guerra de la Independencia; también fueron definitivas las actuaciones del co­mún de las gentes de Atienza, a fi­nes del siglo XV, cuando el asedio de la villa por el ejército real de Juan II y su defensa heroica junto a los navarros, o las de Auñón en 1455 cuando tuvieron que defender se del asedio implacable del revolto­so Juan Ramírez de Guzmán, más conocido por «Carne de Cabra». En unos y otros lugares, fue el pueblo sencillo el que decidió el sentido de la lucha, que si llevado de generales, de intereses sublimes y de estrate­gias preparadas, en definitiva fue el esfuerzo de las gentes, el que llevó el resultado en un sentido concreto.

Brihuega protagonizó una sonada batalla con ocasión del cerco a que la sometió el ejército borbónico en la Guerra de Sucesión al trono, en diciembre de 1710; Molina, tras re­sistir el empuje del general Roquet en noviembre de 1810, cayó devas­tada, incendiada, en holocausto que mereció luego la concesión del títu­lo de Ciudad por Fernando VII; Atienza quedó masacrada por el ejército real de Juan II y el condestable don Álvaro de Luna, sus igle­sias incendiadas, sus plazas barridas, sus construcciones más diversas es­fumadas bajo el fuego de la guerra, pero el espíritu indomable de un pueblo permaneció claro y resuelto

Auñón, en fin, tuvo también en su esfuerzo de heroica defensa de su pequeño burgo, la conciencia de re­sistir a la injusticia, de salvar el ho­nor que no era sólo el de una Orden caballeresca -la de Calatrava- o de un maestre legítimo -don Alonso de Aragón- sino la del sentido real de seguir siendo un pueblo dig­no, seguro de sí mismo.

Si alguna de las muchas guerras que han asolado los páramos y vallejos de la tierra alcarreña, han te­nido el protagonismo del pueblo, ésta ha sido la guerra o levantamien­to de las Comunidades Castellanas. Sin entrar ahora en el sentido au­téntico de aquélla conflagración, re­volucionario popular para unos, y defensor de los intereses feudales para otros, lo cierto es que la rei­vindicación primera fue claramente asumida por el pueblo todo, y en su consecución se luchó y algunos hasta murieron. Las Comunidades, que ensangrentaron Castilla entre los años 1520 y 1521, pusieron fren­te a frente al emperador novato Car­los I y a los Concejos, Comunes y gremios de Castilla.

En Guadalajara estalló también la reyerta, y las razones teóricas, los mítines y reuniones, las peticiones al duque del Infantado y al corregi­dor real, pasaron a las manos y a las armas. El pueblo alcarreño se sublevó contra el régimen constituido, y sus cabecillas, nobles y desprendi­dos por un ideal, cayeron en la batalla Francisco de Medina, el inte­lectual que preparó las bases teóri­cas y alentó, en el atrio de San Gil, a la reivindicación popular de un ré­gimen comunero y democrático, fue finalmente encarcelado y purgado de por vida. Pedro de Coca, el carpin­tero que presidió la violenta mani­festación que irrumpió en el «patio de los leones» del palacio del Infan­tado, y acosó al tercer duque en sus aposentos, pidiendo su intercesión ante el emperador, fue finalmente ahorcado en pública plaza de Gua­dalajara.

No sólo en los momentos de la serenidad y el trabajo se alza el pue­blo en protagonismo de artesanía y fiestas: es también cuando la guerra aprieta, y el honor del terruño se cuestiona, cuando la gente sin nom­bre ni apellidos salta a la palestra, pone cara al ventarrón, y se erige en figura. Eso ocurrió, por las Alca­rrias, cuando la guerra de la Independencia contra la invasión napo­leónica de España.

Cabalgó nuestro territorio el ge­nial Juan Martín Díaz, El Empecinado, quien protagonizó numerosos hechos de armas entre los olivos y cerros de Guadalajara. Pero las ya casi legendarias hazañas de este trueno no hubieran podido consu­marse sin la presencia de otros nu­merosos luchadores, militares unos y otros simplemente aldeanos, que entregaron lo mejor, su esfuerzo más alto, y en ocasiones la vida, por dar fuerza a la batalla contra el francés. Así, forzoso es recordar los nombres de José Mondedeu, Vicen­te Sardina, Saturnino Albuin Mar­celo Dávila, Hipólito Angulo Jeró­nimo Luzón o Juan Cajal, sin olvi­dar de entre ellos a Juan Arias de Saavedra, Rafael de Cuéllar o José López Juana Pinilla, que desde sus puestos burocráticos tanto hicieron por la resistencia armada contra Na­poleón, todos ellos figuras clave en la resistencia y la guerrilla. José Mondedeu era natural de Fuentelviejo, y allá prestó su casona como albergue y cuartelillo del Empecina­do y sus gentes; el herrero briocen­se Francisco Pareja también se de­dicó a la guerrilla, poniendo más de una vez en dificultades a los france­ses; y, en fin, el mismo Marcelo Dávila, capitán del ejército, natural de Valdenoches, que consiguió abastecer con largueza a las huestes de Juan Martín, formando entre todos ellos ese plantel de olvidadas glorias que dieron jaque entre los olivares de la Alcarria a las tropas más po­derosas del momento.

En próxima semana continuare­mos relatando aquellos momentos en que el pueblo de Guadalajara se convirtió en protagonista y se alzó pionero en el camino de la cotidianeidad o de la historia.

Palacios y casonas de Guadalajara

 

Uno de los modos de construc­ción de la arquitectura civil en tiempos pasados fue el palacio. Generalmente para servir de residencia a algún potentado o no­ble familia, y en otras ocasiones para sede de alguna institución señalada, los palacios fueron expresión, durante muchos siglos, del poder, la fama, la virtud y la preeminencia de sus constructo­res y habitadores.

En la provincia de Guadalaja­ra fueron construidos numerosos palacios, especialmente a partir de los últimos años del siglo XV, y muy particularmente en los si­guientes del XVI y XVII. Los se­ñores territoriales y jurisdiccio­nales que ejercían algún tipo de poder, de tipo social o económi­co, sobre las tierras de Guadala­jara, pusieron por las ciudades y villas, o incluso en medio de los campos, sus nobles mansiones, en forma de palacios o casonas, expresivos de su preeminencia. Unos fueron, y aún lo siguen siendo, ejemplares singulares de la arquitectura y el arte. Otros, simplemente, moles pétreas, grandes y desangeladas, cuyo único rasgo de singularidad cabía en el escudo de armas que sobre el portalón de entrada campeaba. De unos y otros han llegado hasta hoy numerosos ejemplos, y hacer ahora un re­corrido, aunque sea somero y breve, por estos restos del pasa­do, ha de servir para refrescar memorias y alentar el deseo de conocer más a fondo esta par­cela del patrimonio arquitectó­nico, riquísimo y variado, de la provincia de Guadalajara.

La mejor representación de los palacios de Guadalajara está encarnada en el de los duques del Infantado, en la capital, obra construida a instancias de Iñigo López de Mendoza, segundo du­que, y realizada por el arquitecto Juan Guas y el decorador Egas Coeman. En estilo gótico isabe­lino con reminiscencias mudé­jares, su portada soberbia presi­dida por gran escudo mendocino, y su patio «de los leones» son piezas claves de la arquitectura tardo ‑ medieval española. Fue construido entre los años 1480 y 1500, con reformas posteriores.

Otro de los buenos palacios al­carreños es el que mandaron ele­var para presidir la plaza mayor de Cogolludo, los duques de Medinaceli, señores del pueblo. Obra al parecer diseñada por Lorenzo Vázquez, se erigió en la última decena del siglo XV, y en su portada y patio luce el equilibrio perfecto del primer Renacimiento.

En Mondéjar los marqueses de tal título, rama familiar de los Mendoza, mandaron a Pedro Machuca construir un palacio, en los inicios del siglo XVI, del que hoy sólo quedan restos mí­nimos de su portada. También de esa época inicial del Renacimiento español se pueden admirar en Guadalajara los palacios de don Antonio Mendoza (obra de Lorenzo Vázquez) y de los Dávalos, quedando en la ciudad del Henares, de épocas posteriores, los magníficos palacios de los condes de Coruña (en la calle Mayor), de los Guzmán (junto a Santa María) y como representación de una nueva época y moderna arquitectura novecentisa, el palacio que alberga a la Excelentísima Diputación Provincial, obra del arquitecto Marañón.

Distribuidos por la provincia se ven muchos otros palacios que van desde el lujo y la opu­lencia de la casa mayor de los Silva, en la plaza principal de Pastrana, a la sencillez de las ca­sonas de los Manrrique en Lara­nueva o El Pobo de Dueñas. El palacio de los duques de Pastra­na, obra de Alonso de Covarru­bias, presenta un aspecto de fuerza y estabilidad, con para­mentos casi lisos y torreones que flanquean los ángulos de su cua­drada planta, pero el interior es diáfano, de claro sabor renacen­tista.

Por diversos pueblos de la Al­carria se van encontrando pala­cios de una nobleza tardía, casi siempre de estilo barroco: así los de Goyeneche y los López Cua­drado, en Illana; el de los con­des de San Rafael en Almonacid de Zorita; el de los marqueses de Chiloeches en su mismo pueblo; los diversos que jalonan la calle mayor de Durón; el de los Polo y Cortés en Escariche; el de los Mendoza en Tamajón; los de Bravo de Lagunas y Manrique de Lara en Atienza; el de los Ibarra en Centenera, y así varias dece­nas más, que demuestran lo po­blado y lo rico de estas comar­cas en siglos pasados.

Pero será quizás la zona más densamente ocupada de palacios y casonas el Señorío de Molina, donde una nutrida representa­ción de hidalgos, acaudalados te­rratenientes y ganaderos, gene­ralmente venidos de tierras nor­teñas, pondrán sus casonas, dan­do un carácter original a estas construcciones, de paramentos recios de sillar, balconadas seve­ras y escudos nobiliarios barro­cos presidiendo el conjunto. La variedad de estos palacios moli­neses, de los que existen más de un centenar, es grande. Y así encontramos elementos de gran riqueza como el palacio del vi­rrey de Manila, en la ciudad de Molina, con gran portada barroca y su fachada cubierta de pinturas al fresco. También son magníficos el palacio de los García Herreros en Milmarcos, el de los Ramírez en Hinojosa, el de los Malo en Setiles, o el de los Funes en Villel de Mesa, Otros ejemplares como la «casa grande» de Valhermoso, el palacio del obispo Utrera en Tartanedo, el de los Gálvez, en Fuentelsaz, el de Embid, o el del obispo Díaz de la Guerra en Molina, muestra los caracteres peculiares de esta arquitectura nobiliaria.

El cáliz de Viñuelas

Un detalle de la basa del cáliz de Viñuelas, representando a San Pablo burilado sobre la plata.

 

Entre los restos, ya escasos, de lo que fue el gran patrimonio que del arte de la orfebrería tuvo la provincia de Guadalajara, hay que destacar una pieza de excepcional calidad e interés, no suficientemente estudiada y siempre mencionada de pasada o en compañía de repertorios más amplios de piezas. Se trata del cáliz de la localidad campiñera de Viñuelas. Dicha pieza, en plata maciza, con restos de sobredorado, se conserva actualmen­te en un domicilio particular del pueblo, aunque en concepto de depósito, pues la propiedad la ostenta la parroquia del lugar. 

Este hecho habrá sido el causante de que en el Inventario General Ar­tístico de Guadalajara, que se ha editado recientemente por la Dirección General de Bellas Artes (1), no aparezca mencionada esta pieza como exis­tente en el patrimonio artístico de Viñuelas.  

Queremos, tras este dato, insistir, una vez más, en el peligro que supone este depósito de piezas artísticas propiedad de la Iglesia en domicilios par­ticulares, que de este modo escapan fácilmente al cuidadoso examen de los estudiosos y técnicos, y, sin embargo, progresivamente se va diluyendo la memoria de su existencia y propiedad, hasta el punto de que en algunas ocasiones puede dudarse, incluso por parte de los párrocos administradores del patrimonio eclesial de los pueblos, de la existencia de estas piezas. La ubicación de estas obras de arte muebles, especialmente las de orfebrería, en museos de arte de ámbito diocesano o provincial sería el mejor remedio frente a este problema.  

El cáliz de Viñuelas es obra magnífica de la platería castellana del si­glo XVI. Su estructura y ornamentación lo incluyen plenamente en el estilo renacentista. Tiene una altura de 20 centímetros por 16 centímetros de diámetro en la base. Lo estudió superficialmente García López (2), diciendo de él que era «un cáliz de plata que va perdiendo el primitivo dorado; es de elegantes líneas, de ejecución fina, del gusto del renacimiento con mascarones, cartelas, endriagos y guirnaldas, todo bien relevado», y añade que el punzón o marca del platero que lo hizo eran Iván Franci. Más recientemente, el gran conocedor de la platería castellana Cruz Valdovinos ha escrito unas líneas sobre él en el estudio de conjunto dedicado a la orfebrería española (3), apreciándolo como «pieza potente y bien estructurada» y datándolo hacia 1560/65.  

El cáliz de Viñuelas, que podemos ver en la lámina I, muestra una gran base o pie, circular y relevado, con múltiples ornamentos repujados, que a lo largo de una cenefa alternan cabezas de angelillos, corazones entre verduras y bustos de apóstoles que, al ir acompañados de atributos, podemos identificar como San Pedro, San Pablo, Santiago y San Andrés, además de alguna otra carátula del repertorio clásico. En el gollete cilíndrico que sostiene el pilar central vense también diversas cabezas femeninas que se unen con paños, alternando con valientes cabezas de carneros y algún trofeo militar, cofres y pergaminos. Encima, el gran nudo ostenta enorme riqueza ornamental, en la que destacan angelillos y fruteros de delicada precisión en la talla. Más arriba, sobre el fino pilar, se abre la copa, de suave apertura cónica hacia la boca. En su base tiene la copa también una cenefa de repujados adornos donde se ven angelillos y frutas. 

En la parte interna de la base aparece la marca del autor de esta obra de arte. En dos líneas aparece el nombre de Iván Franci. Se trata del orfebre de Alcalá de Henares, activo durante el siglo XVI, Juan Francisco. Sobre este autor ya expusimos en anterior trabajo los datos de su actividad y obra conocida (4), y más recientemente el profesor Cruz Valdovinos ha ampliado con nuevos datos el espectro de su biografía (2), que, resumida, viene a ser ésta: Juan Francisco nació en Alcalá de Henares hacia 1510 o 1515. Se formó en el taller familiar, que dirigía su padre, Juan Faraz, notable orfebre y en el que también laboraba su hermano Antonio Faraz, autor de las cruces parroquiales de Caspueñas y La Mierla, y de la custodia portátil de Balconete. Hacia 1530, Juan Francisco comenzó a trabajar de forma individual, y ya desde 1542 recibía encargos de modo independiente. Murió en 1579. Cruz le cataloga como «el artista complutense de mayor categoría y uno de los mejores artistas con que cuenta la platería castellana». 

Se conoce un buen número de obras firmadas o atribuibles con seguridad a Juan Francisco. Varias de ellas pertenecen a la provincia de Guadalajara. Ello es lógico, teniendo en cuenta que la campiña y gran parte de la Alcarria pertenecían en aquella época al arzobispado de Toledo, al igual que Alcalá de Henares, y los artistas destacados extendían su obra por todo este territorio. Así, y además de este cáliz de Viñuelas, Juan Francisco dejó entre nosotros la cruz parroquial de Mondéjar, una de sus primeras obras, realizada 

Notas

(1) AZCÁRATE et al., Inventario Artístico de Guadalajara y su provincia, Madrid, 1983, 2 tomos.
(2) GARCÍA LÓPEZ, 1. Catalina, Catálogo Monumental de la provincia de Guadalajara, 1906, Manuscrito en la biblioteca del Instituto Diego Velázquez, del C.S.I.C., Madrid.
(3) CRUZ VALDOVINOS, J. M., «La Platería», en Historia de las artes aplicadas e industriales en España, Madrid, 1982, pp. 90‑91.
(4) HERRERA CASADO, A., «Orfebrería antigua de Guadalajara», en Revista Wad‑al-hayara, 4 (1977), p. 7 y ss.

Orfebrería de Mondéjar (datos descriptivos y documentales)

San Jerónimo, un detalle de la cruz parroquial de Mondéjar

El arte de la orfebrería, en el que España ha destacado durante los si­glos de su universal preeminencia, ha sido hasta ahora fragmentariamente estudiado, por regiones o autores, y durante mucho tiempo todavía la tarea de los investigadores a este tema dedicados se entretendrá en la búsqueda documental, en el mero aporte de datos tomados de las fuentes, así como en la catalogación exhaustiva de las piezas que aún permanecen. Todo ello con objeto de que, en un futuro todavía lejano, pueda alcanzarse la visión total de este arte que tan magníficas piezas produjo y tantos geniales artistas vio dedicarse en su parcela.    

Quiere ser esta nota la aportación, mínima pero necesaria, de cierta do­cumentación que arroja luz sobre la orfebrería de un pueblo alcarreño y sobre algunas figuras inéditas de plateros castellanos. Es el fruto del estu­dio de los Libros de Fábrica de la iglesia parroquial de la villa de Mondéjar (Guadalajara), de los que tan sólo se conservan tres, conteniendo las cuen­tas del templo entre los años 1654 y 1743. Aparecen en ellos referencias a obras de orfebrería que aún se conservan en dicha parroquia; otras referen­tes a piezas desaparecidas y, por supuesto, aparecen nombres de plateros a tener en cuenta por su indudable mérito.  Acerca de la orfebrería de la parroquia existen ya algunas referencias publicadas, aunque muy breves. Pérez Cuenca (1) y Cordavias y Sainz de Ba­randa (2) hacen alusiones de breves líneas a las obras de plata del tesoro parroquial de Mondéjar. Catalina García (3) también da, algo más ampliadas, ciertas notas de este tema; Layna Serrano (4) menciona y publica fotogra­fías de las piezas más destacadas de la orfebrería mondejana, concretamente su cruz parroquial y la gran custodia del siglo XVII, publicando las referen­cias de estas piezas que daba el inventario parroquial de 1692, que hoy no se encuentra en el archivo. Hernández Perera hizo la atribución de la cruz a Juan Francisco en breve nota (5), y nosotros más recientemente (6) hemos dado también una reseña de esta cruz publicando múltiples aspectos gráfi­cos de la misma. Aunque aún no se ha publicado la catalogación y estudio completo de todas las piezas que hoy forman el tesoro de orfebrería de la parroquia de Mondéjar (7), éste no va a ser materia de esta nota, que queda reducida a un aporte documental sobre el tema. Destacan en dicho conjunto de platería la cruz procesional de Juan Francisco, la gran custodia de Zurreño y un mag­nífico cáliz prolijamente decorado con escenas de la Pasión, aparte de otros vasos, vinajeras, portapaces y pequeñas cruces. Ello es mínimo resto de lo que en siglos pasados llegó a poseer, tanto procedente de donaciones como adquirido de sus propios recursos, la iglesia parroquial de Mondéjar. A continuación, y tomando como única apoyatura los mencionados tres libros de fábrica que hoy restan en el archivo parroquial de la iglesia alca­rreña, pasamos a reseñar las obras que en los siglos XVII-XVIII existían, aquellas otras que se hicieron nuevas, las que se compraron y, en fin, las que necesitaron un repaso, obteniendo así una idea general de la riqueza del tesoro mondejano, y algunos datos concretos sobre diversas piezas. Por otra parte, y como complemento, se elabora un mínimo catálogo de plate­ros que con más o menos relevancia figuran en estos documentos. Poniendo, en fin, a modo de apéndice documental, la trascripción de aquellas parti­das o mandatos de más interés respecto al tema estudiado. Relación de piezas En 1658 se describe la custodia que poseía la parroquia, que debía ser un ejemplar estimable de la época gótica o renacentista, y que ya por en­tonces les parecía anticuado, por lo que se ordenó hacer la nueva. Se dice que era muy antigua e indecente, muy pobre y de hechura antigua, «quadra­da, a forma de una arquita con dos bedrieras».  Desde el comienzo de las cuentas, aparece muy activo un platero de Pastrana, Gaspar de Avila, que se encarga de la limpieza de la plata de Mon­déjar, de las reparaciones del tesoro y de hacer algunas piezas nuevas. En 1654 sobredoró un cáliz e hizo una patena nueva para el dicho cáliz, recibiendo 5.508 maravedís. En el mismo año arregló otro cáliz, haciéndole un nuevo pie de plata, recibiendo por ello 2.720 maravedís. Limpió tam­bién un incensario y lo arregló, cobrando 1.360 maravedís.  En 1654, en la visita eclesiástica, se ordena va la construcción de una nueva custodia, «con su pie, biril con sus rayos, grande y a lo moderno, de plata dorada». Y en la visita de 1658 se vuelve a insistir en lo mismo, pero se demuestra que ya se había comenzado anteriormente a tratar en ello, pues la traza de dicha custodia ya estaba hecha. Fue el artista el platero de Pastrana Gaspar de Avila, quien aparece mencionado en los mandatos de la visita citada, diciéndose de él «que se aga una custodia de plata sobredo­rada conforme al patrón i dibuxo que della a travdo a esta villa, Gaspar de abila platero de pastrana, y que al tenor y disposiçion del dho dibuxo, y echura quede muestra se procure de açer con toda perfeçion». Se ordena concertarla con el platero que ofrezca hacerla más barata, «obligándose a darla acabada con toda Perfeçion según y como se demuestra por el dho dibuxo», y acaba advirtiendo que se mire «después de acabada y dorada de si está labrada y acabada en toda perfeçion conforme al dicho dibuxo y de sus rayos de tres en tres bayan entornillados los que acompañan al sol por si quebraren y fuere neçesario adereçarlos». Todavía en la visita de 1661 se ordena que se haga la custodia. Al fin se realizó la nueva custodia barroca, hacia 1667. La realizó el orfebre ma­drileño Damián Zurreño, en precio de 29.404 reales, según el ya mencionado dibujo o traza de Gaspar de Avila. La dio entregada en Mondéjar en junio de 1667, y pasó por la oficina del contraste de Madrid, Manuel Mayens. En 1671 el mismo Damián Zurreño hizo un «araceli» para la custodia. Otras obras de Gaspar de Avila en el tesoro de orfebrería de Mondéjar son el arreglo de las vinajeras en 1668, por lo que cobró 25 reales. En 1671 hizo un vaso de plata para la comunión. En 1674 transformó un antiguo cáliz pequeño en otro nuevo más grande, añadiendo plata, y arregló otro cáliz, unas vinajeras y unas navetas, cobrando por todo 757 reales. En 1676 recibe la cantidad de 29.580 maravedís por varias obras de plata, que no se especifican en la cuenta, más 1.187 reales de hacer nuevos dos incensarios utilizando la plata de otro antiguo. La última vez que este orfebre aparece en las cuentas de Mondéjar es en el año 1678, en que claramente consta que se encargó de arreglar la cruz procesional grande, quizá poniéndole una nueva macolla y cobrando por ello 560 reales. En el año 1671 se realiza otra obra importante de este tesoro: el platero madrileño Juan López de Orea ejecuta las dos lámparas «de plata, grandes, yguales, cenciladas, con remate lamparil y cadenas, ocho en cada una, y quatro cartelas, que pesaron cinquenta y ocho marcos, dos onzas y tres ochavos de plata», y fueron pasadas por el contraste de Madrid Manuel Ma­yens. Costaron en total 1.570 reales de la plata, y por la hechura de las lám­paras cobró el platero 1.266 reales. Estas grandes lámparas estuvieron col­gando a los lados del altar mayor hasta 1936, en que fueron destruidas. Es­tas lámparas fueron limpiadas en 1690, en Pastrana, aunque en las cuentas no consta el nombre del platero que lo hizo. Quizá fuera el platero pas­tranero José Rubio, quien en 1692 aparece haciendo un copón y copa de plata para el sagrario, y arreglando otro copón que estaba viejo, cobrando por todo 215 reales. En 1694 aparece haciendo algunos arreglos el platero de Alcalá de Hena­res Pedro Gómez Delgado. También en 1694 aparece por primera vez en cuentas el platero de Mondéjar Juan de Arribas González (es escrito Ribas y Rivas en otras partidas), que en ese año hace algunos arreglos en el tesoro de su parroquia. Poco después, hacia 1698, y siguiendo las instrucciones de visita antecedente, en que se había ordenado «que se aga un Sol para llevar el Santísimo en las Prozesiones de minerba», este platero alcarreño se en­cargó de realizar dicha custodia nueva «de plata sobredorada con pedrería», así como dos pequeñas cruces para la Cofradía del Rosario, en precio de 2.885 reales. Volvemos a encontrar a este artífice en las cuentas de 1705, en que cobra 1.643 reales por «la obra y aderezo de la plata de dicha Ygle­sia», componiendo y limpiando la cruz, custodias, copones, acetres, cálices y otras cosas. En 1713 arregló un cáliz y un copón, cobrando 24 reales, y en 1715 aderezó la cruz, un incensario y unas vinajeras. En 1720 ya había muer­to este platero, pues en los mandatos de la visita de ese año se ordena pedir a sus herederos una manzana de plata que 61 había llevado a su taller, prestada, para hacer otra igual, estando devuelta ya dos años después.  

Dos plateros de Alcalá de Henares aparecen en las cuentas de 1731. Se trata de Francisco Riesgo y Pedro Delgado, que hicieron unas andas de plata para la Cofradía del Santísimo Sacramento, costando un total de 8.330 ma­ravedís.Todavía en las cuentas de 1734 aparece un nuevo platero, éste natural de Segovia, aunque no se especifica de dónde es vecino en ese momento. Se trata de José de Rueda, maestro platero, quien en esa fecha se ocupó de arreglar y limpiar la plata de la parroquia de Mondéjar e hizo nuevo un hi­sopo. En 1738 figura nuevamente este orfebre, a quien se le había dado dos cálices para ponerles copas nuevas y dorarlas, pero que, tardando mucho en entregar su obra, era amenazado de excomunión si no lo realizaba rápi­damente.Otras muchas piezas nuevas y otros arreglos varios se hicieron en los años que abarcan las cuentas conservadas. Aunque sin especificar el nom­bre de los plateros, algunas de ellas serían hechas por los ya mencionados. Otras fueron adquiridas en diversos lugares. He aquí una breve reseña de los datos más característicos: en 1656 se gastaron 614 reales y medio en la compra de un copón de plata sobredorada para el Santísimo Sacramento, y en 1658 se compraron nuevas unas crismeras en 210 reales. En 1671 se gastaron 759 reales en hacer de plata dos coronas para Nuestra Señora de Belén y el Niño. En los mandatos de la visita de 1689 se ordena hacer una caja para llevar el Santísimo Sacramento, y en las cuentas siguientes de 1690 se señala haberla comprado. En 1708 se anotan 1.020 maravedís que costó arreglar una «caja de filigrana» que estaba en el Sagrario, y en ese año aparece en las cuentas de la fábrica un curioso descargo, como son los 1.190 maravedís «que tuvo de gasto el ocultar las alhajas desta Yglesia», lo cual debió de ocurrir durante la Guerra de Sucesión.  

La venerada reliquia del «Lignum Crucis» que regaló a la parroquia el franciscano fray Diego Guevara, se guarneció de nácar y plata en 1712, cos­tando la obra 130 reales. Finalmente, en las cuentas de 1736 aparece el gas­to de 9.048 maravedís en la compra de una concha de plata y aderezo de otras piezas del tesoro, sin constar tampo el autor de ello.  

Catálogo de plateros

 ARRIBAS GONZALEZ, Juan: Platero de Mondéjar (también aparece es­crito Juan de Ribas o Rivas). Es activo en obras de platería de la parroquia de su villa entre los años 1694 y 1720, en que debió morir. En cuantas parti­das aparece lo hace limpiando y arreglando diversas piezas del tesoro pa­rroquial. Tan sólo en 1698 figura como autor de una «custodia nueva, de plata sobredora, con pedrería».   

AVILA, Gaspar de: Platero de Pastrana. Aparece en las cuentas de la pa­rroquia de Mondéjar entre 1654 y 1678. Siempre figura en la tarea de lim­piar las joyas, aderezarlas en sus pequeños desperfectos y poniendo nuevos el pie de algún cáliz o copón, o todo lo más haciendo nuevo algún incensa­rio o vinajeras. Se ocupó también de arreglar la macolla de la cruz proce­sional, poniéndola quizá nueva. Es de destacar que, tal como muy claramen­te figura en la documentación consultada, a este platero se debe el dibujo y traza de la gran custodia procesional que hoy se conserva, y que luego rea­lizó Zurreño en Madrid, por ser sus precios más competitivos.   

GOMEZ DELGADO, Pedro: Platero de Alcalá de Henares, que aparece en las cuentas de 1694 haciendo pequeños arreglos en la plata de Mon­déjar. Posteriormente, en 1731, aparece un platero de Alcalá, llamado Pe­dro Delgado, haciendo unas andas para la Cofradía del Santísimo Sacra­mento, y que puede ser el mismo.    

LOPEZ DE OREA, Juan: Platero de Madrid. En 1671 hizo las dos gran­des lámparas de plata, magníficas, que colgaron a los lados del altar mayor hasta 1936. No se conserva fotografía de estas piezas, pero por referencias de quien las conoció consta que fueron dos magníficas obras de orfebrería barroca.    

RIESGO, Francisco: Platero de Alcalá de Henares. En 1731 hace, en compañía del complutense Pedro Delgado, las andas de plata para la Cofra­día del Santísimo Sacramento de Mondéjar.  RUBIO, José: Platero de Pastrana. En 1692 aparece haciendo unos arre­glos y un copón y copa de plata para el Sagrario de Mondéjar. También se encargó, probablemente, de limpiar en 1690 las dos grandes lámparas que veinte años antes había construido el madrileño López de Orea.   

 RUEDA, José: Platero natural de Segovia. Aparece en cuentas entre 1734 y 1738, ocupado en arreglar y limpiar la plata de la parroquia monde­jana y encargado de arreglar y dorar las copas de dos cálices.   

ZURREÑO, Damián: Platero de Madrid. Aparece en las cuentas de la pa­rroquia de Mondéjar entre 1667 y 1671. En la primera de estas fechas hace entrega de la custodia procesional que, por valor de 29.404 reales, había hecho en su taller madrileño, tras ganar el concurso para realizarla, según traza que dio primeramente el pastranero Gaspar de Ávila. En la segunda aparece entregando un «araceli» que hizo posteriormente para dicha cus­todia. En ambas obras actuó de contraste el madrileño Manuel Mayens.   

Apéndice documental

 Custodia grande  

Mandatos de las visitas de 1655, 1659, 1662:   

«Mandó su merced al dicho mayordomo que siempre que la dicha Ygle­sia se hallare en disposición y sin empeñarla de açer una Custodia con su pie biril con sus rayos grande y a lo moderno de plata dorada para el dho efecto se le da liçençia para que la haga y para q en pago de su coste pueda dar y de la antigua que al presente tiene la dicha Yglesia.»   

(Libro 1º de Fábrica, mandatos de la visita de 1655.)   

«Ytem por quanto la parroquial desta villa está cargada de muchos hor­namentos bordados rricos y costosos y con la atención de tener en esta parte todo luçimiento se an obligado los mayores de lo más esençial y nece­sario que es el tener una custodia decente para las ocasiones, en que sale en procesión el SSmº Sacramento y en las que su dibina magestad se saca patente para cuyo efecto la yglesia desta villa solo tiene una custodia muy pobre y de echura antigua quadrada a forma de una arquita con dos be­drieras por donde no se manifiesta ni descubre su dibina magestad para que sus fieles le adoren‑Mando su merced que del alcançe que en estas cuentas sea fecho al mayordomo desta yglesia y de las rrentas que adelante cayesen se aga una custodia de plata sobredorada conforme al patrón i di­buxo que della a traydo a esta villa, Gaspar de abila platero de pastrana y que al tenor y disposiçión del dicho dibuxo y echura quede muestra se procure de açer con toda perfecçion la dicha custodia lo que el mayordomo de la dicha yglesia con asistencia del cura arç¡preste della trate de açerla lo­mas brebe que pueda y de conçertalla con el platero o plateros que en el preçio mas acomodado se ofreçieren açerla de quienes en la escriptura que ypieren obligandose a darla acabada en toda perfeçion según y como se demuestra por el dcho dibuxo tomen el seguro de fianças neçesarias y primero de conçertarla se ynformen de la cantidad que podrán dar por la fábrica peso y echura della sacando por las condiciones que pusieran que primero de dorase dicha custodia se a de llevar a madrid al contraste a sacar fee de si la plata que tiene es de ley o no y después de acabada y dorada de si está labrada y acabada y en toda perfeçion conforme al dicho dibuxo y de que sus rayos de tres en tres bayan entornillados los que acompañan al sol por si quebraren y fuere neçesario adereparlos.»   

(Libro 1º de Fábrica, mandatos de la visita de 1659.)    

«Ytem que por quanto su merced a reconoçido que en la parrochial de esta dicha villa se neçesita de una custodia depente para las proqesiones del Santísimo Sacramento por ser la que tiene de hechura antigua, mando al mayordomo de ella que la trate de haçer de hechura moderna de las que se usan con sus rayos y demás adorno necesario.»   

(Libro 1º de Fábrica, mandato de la visita de 1662.)   

Cuentas de la custodia en 1667 y 1671:   

«Primeramente se le reciben en data a dicho Mayordomo veinte e nueve mill quatrocientos e quatro Reales que a tenido de costa la Custodia de plata sobre dorada que se ha hecho para esta Yglesia en esta manera: Doce mill seiscientos y veinte Rs de plata que a la ley son ochenta y ocho marcos y dos onzas que pesó la dicha Custodia e ymportaron myl quinientos y setenta y siete Reales de a ocho y medio que se dieron a Damián Zurreño Platero que la hizo vezino de la Villa de Madrid que a diez y ocho reales de vellon cada Real de ocho como a la razón valían emportaron veinte ocho mil qua­trocientos y cinco Reales de vellón que se le dieron de guantes porque la pusiese el día del Santísimo Sacramento en esta Villa como con efecto lo hizo para su festividad constó de la scriptura y Carta de Pago de dicho Platero su fecha en la villa de Madrid en veinte y ocho de junio del año pas­sado de mill y seiscientos y sesenta y siete por ante Diego de Figueroa es­cribano de dicha Villa y en el dicho peso se comprehende el oro esmaltes y echura computándolo a razón de treze ducados de plata el marco como constó de zertificazión de Manuel Mayens contraste de la villa de Madrid. Su fecha en ella en ocho del dicho mes y año.- y mill y quatrocientos y quarenta y nueve Reales restantes del gasto de ponerla en esta villa en que se compreenden setecientos y cinqunta Reales que costaron las andas.- ­ciento y ocho y dos la caja y lo demás de tablas tornillos y dorarlos letras viajes a llevar el dinero y costa del dicho Platero con que toda costa ympor­tó la dicha Custodia puesta en esta Villa los dichos veynte y nueve myll e quatrocientos y quatro Reales.»   

(Libro 1º de Fábrica, cuentas del año 1667.)    

«Recivensele en quenta 366 y 17 mrvs del valor y echura del araceli para la custodia que costó seis Reales de a ocho y coste del vaso de plata para la comunión que pesó nuebe reales de a ocho y medio a veinte y tres Rea­les para cada uno y diez de echura constó de recivos de los plateros Gaspar de Avila y Damián Zurreño.»   

(Libro 1º de Fábrica, cuentas del año 167l.)   

Custodia de Juan de Arribas  

Mandatos de 1697:    

«Otrosí confirmó su Merzed el mandato de la visita antezedente sobre que se aga un Sol para llevar el Santísimo en las Prozesiones de minerba en la forma que se contiene en dho auto o en la que Pareziese mas conbe­niente al mayordomo a cuio arbitrio y discrezion deja su merced la forma encargándole mucho la conzienzia sobre la mejor distribución y menos coste de la fábrica.»    

(Libro 2º de Fábrica, Mandatos de 1697.)    

Cuentas de 1698:   

«Se le passan en quenta dos mil ochocientos y ochenta y zinco Reales y quatro mrs que balen noventa y ocho mill y noventa y quatro mrs por los mismos que pagó a Juan de Ribas Platero desta Villa, y plata que se compró para la Custodia que se ha hecho nueba de plata sobre dorada con pedrería dos cruzes la luna nueba y la otra aunque está en dicha conformidad se le dió la plata y aderezo de otras alajas y limpieza de ellas, cuyas dos cruzes fueron para el estandarte y pendón de nuestra Srª del Rosario como constó de carta de pago de el dcho maestro y memorial ju­rado.»  

(Libro de Fábrica, cuentas de 1698.)  

Lámparas grandes del altar  

Cuentas de 1671:   

«Primeramente se le reciven y pasan en quenta al dicho mayordomo diez mill quinientos y setenta Reales del valor de ciento y veinte doblones de a dos escudos cada uno y ochenta y ocho Reales de vellon que importaron las dos lámparas de plata grandes yguales cenciladas con rremate lamparil y cadenas ocho en cada una y quatro cartelas que pesaron cinquenta y ocho marcos dos onzas y tres ochavas de plata conforme a la ley ymportan tres mill setecientos y ochenta y nuebe rreales de plata como constó de zertifi­cación del contraste de la villa de Madrid su fecha en ella en veinte y tres de marzo de mill y seiscientos Y setenta y uno y firmada de manuel mayer contraste.    

Recivensele en quenta mill ochocientos y cinco Reales en esta manera: los mill y docientos y sesenta y seis Rs. para la echura de las dos lámparas arriva mencionadas que pagó a Juan Lopez de Orea platero de plata de la villa de Madrid como constó por su rreçivo.‑ Cinquenta y ocho reales que se dieron al dicho platero por los letreros de dichas lámparas.‑ Dozien­tos cinquenta reales de las cartelas de yerro doradas de donde están pen­dientes‑Setenta y cinco Reales de dos pesas de yerro en que se incluye la echura.‑ Cuarenta Reales de los cordeles.‑ Treinta y dos rreales de las bor­las.‑ Cinquenta y quatro reales de los platos que tienen las dichas lámpa­ras para su conservación … »    

(Libro 1º de Fábrica, cuentas de 1671.)   

Obras de Gaspar de Ávila   

Cuentas de 1654, 1668, 1674, 1676:    

«Ytem se le pagar, en quenta cinco mill y quinientos y ocho mrs por tantos que pago a gaspar de abila platero por la ocupacion y trabaxo que tubo en sobredorar un caliz de la dha iglesia y haçer una patena nueba para el dho caliz en que entra doblon y medio y dos Reales de a ocho que todo montó la dha cantidad firmada del dho platero que queda Rubricada. »Ytem se le pasan en quenta dos mill seteqientos y beynte mrvs por tan­tos que le costó el adereço de otro caliz y açerle un pie nuebo de plata por estar mal parado con horden y mandado del cura y consta de carta de pago del dho platero que montó la dha cantidad.   

«Ytem se le pasan en quenta mill y trepientos v sesenta mrs por tantos que con horden del cura se gastaron y pagaron al dcho gaspar de abila por el trabaxo que tubo y ocupaçion de limpiar el yncensarº y adereçalle y des­abollalle y poner unas pieças que le faltaban consta de la dha carta de pago del suso dcho.»   

(Libro 1º de Fábrica, cuentas de 1654.   

«Mas se le recive en data beynte y cinco Reales que pago a gaspar de avila platero por adereçar las vinajeras que tiene esta yglesia.   

(Libro 1º de Fábrica, cuentas de 1668.)   

«Ytem se le pasan setecientos y cinquenta y siete Reales que pagó a Gaspar de Abila platero de la villa de Pastrana por la plata de más que tuvo un cáliz nuevo que trocó por otro pequeño que tenía la yglesia en que entra ciento y cinquenta rreales que costó el adereço de otro; unas vinajeras y navetas, que emporta dha cantidad; constó de recivo.   

(Libro 1º de Fábrica, cuentas de 1674.)   

«Dió en data 29580 mrvs que parexió haver gastado en el taller de plata que se a hecho para el servicio desta iglesia que pesó treinta y tres onzas menos medio Real de plata que costó a veinte y quatro Reales la onpa y una funda de cobre para el azetre de plata y una vola que se hipo en el hisopo v la caña dél que ymportó toda la dha plata y echura los dchos 29. 580 mrvs que se le hazen buenos como constó de recivo de Gaspar de Abila Maestro de Platero vezino de Pastrana.   

(Libro 1º de Fábrica, cuentas de 1676.)   

Notas  

(1) PÉREZ CUENCA, M., Historia de Pastrana, Madrid, 1871, p. 354.
(2) SÁINZ DE BARANDA, y CORDAVIAS, Guía arqueológica y de turismo de la pro­vincia de Guadalajara, Guadalajara, 1929, p. 179.
(3) GARCÍA LÓPEZ, J., Memorial Histórico Español, tomo XLII, Madrid, 1903, p. 333.
(4) LAYNA SERRANO y CAMARILLO HIERRO, La provincia de Guadalajara, Madrid, 1948, p. 249.
(5) HERNÁNDEZ PERERA, J., La cruz procesional de Mondéjar, Archivo Español de Arte, 118 (1957), pp. 140‑141.
(6) HERRERA CASADO, A., «Orfebrería antigua de Guadalajara», revista Wad‑Al­Hayara, 4 (1977), p. 32.
(7) AZCÁRATE et al., Inventario artístico de Guadalajara y su provincia, Madrid, 1983, tomo 1. En las pp. 455‑7 se publica brevísima referencia al arte de la villa, dedicando tan sólo unas líneas a la enumeración del tesoro mueble, sin fotografías.