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septiembre 25th, 1982:

Tamajón en la Edad Media

 

No hace aún muchas fechas, permanecí unas horas en el serrano pueblo de Tamajón, en la basamenta clara del pico Ocejón, donde pronuncié una charla bajo el título de «Tamajón en la Edad Media». La Diputación Provincial, en su campaña Cultural de verano por la provincia, y la Asociación Cultural «Amigos de Tamajón», me instaron a ello, y el pueblo respondió de una manera magnífica, masiva, con verdadero interés por ser un tema muy ligado a sus propios orígenes al ciclo histórico en que están instalados, sintiéndose parte de una corriente dinámica a la que ellos mismos pueden marcar rumbo en el momento presente.

Al terminar la charla, y en el coloquio posterior, dos señoras sencillas, que dijeron haber pasado una hora llena de descubrimientos, pidieron que aquella conferencia fuera editada, y que de alguna manera pudiera ser leída, repasada, mostrada a otros, con cierta facilidad. La edición de libros y de folletos, es obvio, está muy encarecida actualmente, aparte de que todavía no es tan general como debiera el interés por la lectura, y menos aún de temas históricos. No; aquella charla no podría nunca ser editada. Pero yo me he acordado esta semana, al sentarme ante la máquina para escribir mi habitual «Glosario», de aquellas simpáticas señoras de Tamajón, y recordaré en breve sinopsis cuanto dije en aquella gran sala de la Asociación Cultural, para que quede escrito, impreso al menos, parte de esa magnífica historia del pueblo serrano.

El origen de Tamajón, en cuanto a tiempos primitivos, es desconocido. Parece ser, atendiendo más a leyendas que a documentos auténticos, que también hace muchos siglos hubo un asentamiento judío en esa zona y se denominó «Ciudad de Tamaya» lo allí existente. El hecho cierto es que, tras la reconquista del territorio por los ejércitos de Castilla, Tamajón surge como aldea, integrada primeramente, y desde el siglo XI, en el Común de Villa y Tierra de Atienza. De esa época dataría su iglesia parroquial. Posteriormente pasó al Común de Ayllón, por compra que hicieron los «hombres buenos» de este lugar segoviano. Ya en los finales del siglo XIII Tamajón pasa a ser de señorío particular, dejando de pertenecer de forma jurisdiccional a los comunes citados. Y así vemos que en 1289 era señorío de la infanta Doña Isabel, hija del rey Sancho IV; a principios del siglo XIV, durante el reinado de Fernando IV, era propiedad de Doña María Fernández Coronel, ama de la reina y de las infantas de la Corte. Perteneció después a Doña María, mujer del rey Alfonso XI. Y en la mitad del siglo XIV, el rey Pedro I donó el lugar a su caballero Iñigo López de Orozco. Este dejó Tamajón en herencia a su hija Teresa López, casada con el alcarreño Pedro González de Mendoza, pasando así al mayorazgo mendocino. Iñigo López, primer marqués de Santillana, se lo dejó a su hijo segundón Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla. En adelante pertenecería a la familia Mendoza, hasta el siglo XIX. Así vemos cómo en 1536 Tamajón y otros pueblos comarcanos pertenecen a doña Guiomar Carrillo de Mendoza, mujer de Arias Pardo de Saavedra, mariscal de Castilla, y en los finales del siglo XVI, sus dueños eran Don Diego de Mendoza y su esposa Doña María de Mendoza y de la Cerda, quienes construyeron palacio y convento. Del posterior destino de Tamajón, truncado indudablemente, podemos decir también que fue uno de los lugares seleccionados por la Corte de Felipe II para instalar el Monasterio de San Lorenzo, que finalmente se edificó en El Escorial. De haberse elevado las torres herrerianas bajo la mirada del Ocejón, qué duda cabe que ahora Tamajón tendría otra historia y otra vida.

De los datos conocidos, se colige que la importancia de Tamajón en la Edad Media se centró en dos aspectos: fue una potencia ganadera, pues por su pertenencia a Comunes libres, especialmente al de Ayllón en el siglo XIII, heredó el derecho de pastar con sus ganados en la Sierra de Ranas derecho que defendió ante la Audiencia Real repetidas veces, especialmente a lo largo del siglo XIV. Y, por otro lado, fue un núcleo muy floreciente de comercio, pues desde 1289 en que Sancho IV le concedió el privilegio de no pagar el impuesto de portazgo a los comerciantes y transportistas de Tamajón por cualquier parte del Reino que fueren (excepto en Toledo, Sevilla y Murcia), se asentaron a vivir aquí muchos de estos comerciantes, que dieron vida y dinero a Tamajón durante largas centurias, llegando este auge hasta el siglo pasado.

Estas noticias pueden espigarse de los documentos originales, en pergamino y con sus correspondientes sellos de cera y plomo, que se conservan con gran cuidado en el Archivo del Ayuntamiento de la villa. Entre ellos destacan, como digo, las diversas sentencias dadas por los reyes a que acudieron en demanda de justicia sobre la fuerza que los de Ayllón les hacían en la cuestión del pasto de sus ganados. En 1366 Pedro I dio sentencia favorable a Tamajón en el sentido de que podrían pastar con sus ganados por la «Sierra de Ranas», usando de la yerba y de las fuentes, incluso de la leña que hubiera, para que los pastores guisasen y se hicieran su pan, pero prohibiendo cortar «avellanares ni árboles verdes» El señor Iñigo López de Orozco defendió con energía este derecho de sus súbditos. Posteriormente, en 1380 y 1382 los de Tamajón tuvieron que acudir nuevamente ante la Corte real y fue Juan II el que extendió dos documentos haciéndonos saber que los de Ayllón habían vuelto a molestarles, les habían incautado 500 ó 600 cabezas de ganado «ovejuno e cabruno» y habían hecho roturaciones en Almiruete (que siempre perteneció al común de Ayllón) para evitar la entrada de los ganados por los tránsitos habituales. El derecho de los de Tamajón siempre quedó claro y patente.

Este es el resumen apretado de aquella hora de recuerdos medievales. Salieron luego a relucir otros temas: la estructura de la tierra de Guadalajara en Comunidades de Villa y Tierra; las construcciones del Medievo, castillos e iglesias románicas, y sus ejemplos más elocuentes por toda la provincia, e incluso los personajes que influyeron de forma decisiva en la historia del territorio. Creo que se consiguió el objetivo que perseguíamos todos, y que era hacer pasar una hora agradable del verano con el utilísimo repaso de la historia propia. El alcalde de Tamajón, Manuel Esteban, hombre emprendedor y decidido como pocos, expresó el deseo de que los pueblos de Guadalajara vayan teniendo actos de este tipo en los que la cultura llegue en forma clara a las gentes. El deseo de que su voz llegue a amplios círculos y especialmente a los de decisión provincial, señor alcalde, queda cumplido. Y a esas dos señoras que tanta ilusión tenían por ver en letra impresa la historia de su pueblo, aquí van unas cuantas líneas que han contado, en breve «flash», algo de sus horas medievales.