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Tradiciones del Corpus Christi

 

La festividad del Corpus Christi ha tenido desde hace largos siglos muy cumplida manifestación en nuestra ciudad. Además del significado puramente religioso, que hoy prima, en épocas anteriores fue lo que con toda justicia puede denominarse una auténtica «fiesta popular». Todo el mundo se echaba a la calle, en una jornada que generalmente ya era de buena temperatura, y además de asistir a los oficios litúrgicos y contemplar el paso venerado de la procesión, se divertían con las representaciones teatrales que el Ayuntamiento ofrecía, así como con los desfiles de pantomimas, gigantes, cabezudos y tarascas. Por la tarde, corrida de toros y alguna justa caballeresca como residuo del predominio caballeresco de la Edad Media. La fiesta del Corpus Christi en Guadalajara podemos decir que alcanzó toda su plenitud en el siglo XVI, época de la que tenemos bastantes datos relativos a su celebración, y de la que hoy aportamos un documento inédito.

Las corridas de toros en el Corpus arriacense datan, por lo menos, del XV. Se ofrecía al gentío, en la plaza que se formaba delante del palacio del Infantado, entre cuatro y ocho toros, en espectáculos que duraban varias horas. A los bichos se les alanceaba a caballo y a pie, se les echaba a luchar contra osos o leones y finalmente se les mataba.

En la procesión, solemnísima y multitudinaria, presidida por el Corregidor acompañado de los cargos municipales y representaciones gremiales, dio siempre carácter-al me nos desde el siglo XV en que tenemos noticia que ya salían-la Cofradía de los Apóstoles. Formada por diversos individuos, éstos se vestían en tal ocasión con los atavíos de los apóstoles de Cristo, poniendo sobre sus caras unas máscaras que acentúan el carácter sagrado de su representación, y siendo precedidos por niños portando carteles con sus respectivos nombres. Estos «apóstoles» heredaban de sus padres o antecesores más directos el derecho a salir de tal modo en la procesión del Corpus, y es verdaderamente reconfortante el hecho deque hasta hoy mismo se haya mantenido esta antiquísima costumbre.

En cuanto a las fiestas realmente populares celebradas en esta fecha en la ciudad, fueron siempre numerosas y muy apreciadas. Indudablemente, durante los siglos XVI y XVII, fue la fiesta cumbre de la ciudad. Una costumbre muy bonita era que por la mañana del luminoso día, salían ricamente vestidos, y montando en sus caballos, el Corregidor y los comisarios de fiestas del Ayuntamiento, recorriendo las calles por donde había de pasar la procesión. Esta procesión, reglamentada en su orden por unas normas estrictas, presentaba a todos los elementos representativos de la ciudad. Acudían cofradías y representaciones a la iglesia de Santa María de la Fuente la Mayor, donde se ponía el Santísimo sobre unas ricas andas, y salía a la calle acompañado de autoridades y gremios. Era tradicional: los escribanos llevaran hachas de cera, los procuradores una imagen de la Virgen, etc. Todos los estamentos ciudadanos competían-en esta sociedad netamente religiosa- en aparecer con mayor pompa y llamatividad sobre los demás.

Las fiestas consistían en danzas, representaciones teatrales, y desfiles de gigantes, cabezudos y tarascas. Estas cosas las pagaba el ayuntamiento, por contrato previo con particulares o compañías de cómicos y profesionales. En cuanto al sentido de las representaciones teatrales, y según hemos podido colegir de los títulos que en documentos se dan a las mismas, todos ellos relacionados con historias bíblicas o del «Flos sanctorum» debían haber sido muy en su origen «autos sacramentales» en los que la dualidad Bien‑Mal luchaba y se manifestaba ante los fieles. De este modo, puro y enraizado, ha quedado en algunos pueblos de nuestro territorio (recuérdese Valverde de los Arroyos, Molina de Aragón, etc.). En el siglo XVI, este carácter ya había sido superado en Guadalajara por el sentido popular de la fiesta. Las danzas estaban normalmente protagonizadas por demonios, soldados, gitanos y moriscos, quizás también como herencia de un origen ritual, guerrero y religioso, de ancestrales tradiciones celtíberas. En esta época, repito, Guadalajara había olvidado ya la primitiva raíz, aunque su fiesta del Corpus era tan colorista y abigarrada, tan popular y espontánea, que ya la quisiéramos hoy para nosotros.

Solían salir músicos, timbales y trompetas contratados por el Ayuntamiento. También gigantes y cabezudos, y una enorme representación de San Cristóbal con el Niño en brazos era tradicional. Sabemos, por ejemplo, de un documento del archivo municipal de 1586, que el Concejo había contratado ese año con un tal Angulo todo el conjunto de actos profanos a realizar ese día: dos representaciones teatrales, una en forma de auto sacramental, y otra de simple devoción; tres entremeses cortos en las calles de la ciudad; una danza de más caras; y otras cosas. Esos tres entremeses se realizarían, al paso de la procesión, en estos lugares: frente a la iglesia de Santa María, nada más salir la procesión, ante el palacio del duque del Infantado, y finalmente en la plaza del Ayuntamiento. Se puede suponer que, con tales entretenimientos, la procesión duraría largas horas. Por todo ello, el Ayuntamiento le pagó al tal Angulo, «maestro de hacer comedias», 150 ducados.

Para terminar, pondré aquí el texto de un documento hallado en el Archivo Provincial (1) que nos ilustra sobre el tipo de actos a celebrar en ese día, y como eran contratados por el Concejo. Los vecinos de la ciudad Miguel Zapata, y Pedro Palacios (este último tejedor) contrataban la realización por su cuenta de una obra teatral con la «Historia del Martirio de San Mauricio y el Emperador Maximiano», que llevaría además ocho tarascas para amenizarla, en forma de danza. Se refieren a que en ese día serían otras varias danzas y representaciones las que por las calles de la ciudad tendrían lugar. Dejemos que sea el lenguaje antiguo el que se exprese:

«Sepan quantos esta carta de  obligación vieren como nos miguel de zapata e pedro palacios texedor de lienzos vz.° de la ciudad de gua.ª nos amos a dos juntamente rrenunciamos por esta presente carta las leyes de la mancumunydad e otorgamos e conoscemos por esta presente que nos obligamos de hazer e que haremos el día de Corpus Xpi próximo venidero en la procesión del dcho día una danza de representación de la historia del martirio de Sant Mauricio y emperador Maximyano con ocho tarascas todo a contento e satisfación de esta ciudad e de los señores diputados della, en que a de intervenyr el señor Corregidor en quanto a la dicha satisfación por lo que se nos ha dado del presente quatro ducados por la dicha obra y siendo tal que satisfaga se nos a de pagar la mysma cantidad que se da por una de las demás danças que por esta ciudad se an de hazer el dcho día del Corpus Xpi e si no se contentaran de la dicha dança no se nos a de dar más de los dchos quatro ducados que avemos recivido lo qual ansi cumpliremos sin hazer falta, a nuestra costa la dicha dança.

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