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La herencia alcarreña de Pablo Picasso

Autorretrato de Pablo Picasso

 

En este año que el mundo entero celebra, con toda la magnitud y categoría que se merece, el centenario del nacimiento de Pablo Ruiz Picasso, la tierra de Guadalajara participa en una pequeña dimensión, que debería ser algo más amplia teniendo en cuenta, que, según las noticias que a continuación referiré, el gran pintor malagueño era originario, a través de varias generaciones, de nuestra tierra de Guadalajara, más concretamente de la villa de Cogolludo.

Noticia es ésta que, si no trascendente, al menos aporta un dato de curiosidad en el aspecto biográfico de Picasso. Y ello nos permite aumentar el caudal de figuras universales que han tenido, de algún modo, una relación vital o biográfica con la tierra alcarreña.

Pablo Ruiz Picasso, uno de los revolucionarios del arte universal todavía mal comprendido por muchos que no llegan a captar la entraña auténtica de la actividad artística, tiene una peripecia vital larga y densa, plenísima. El dato de su nacimiento en Málaga no tiene duda. Y su raíz familiar inmediata en Andalucía tampoco. Lo que nos llena de sorpresa es la noticia de que sus remotos antepasados eran de Cogolludo. Ello procede de una obra, ya clásica y antigua, que publicó Jaime Sabartes (1), en torno a la iconografía y documentos raros relacionados con la vida picassiana. De un antiguo documento, del siglo XVI en sus finales, resulta que fue ascendiente del pintor el hidalgo don Juan de León, vecino de Cogolludo. Con paciencia benedictina, la investigación de Sabartes llegó hasta este personaje, y de ahí fue dando en progresión noticias de sus descendientes directos, que sin duda de ninguna clase van a abocar en la familia paterna del pintor Picasso.

El escribano de Cogolludo, García de Medina, tuvo que hacer en 1541 una recogida de datos sobre el hidalgo Juan de León, que había sido dado por desaparecido unos 60 años antes, en el transcurso de la guerra de Granada, a fines del siglo XV. De ese informe, que él recogió en boca de Bartolomé Cantero vecino de Cogolludo de 90 años de edad, y de otros ancianos de la villa serrana (Juan Nuevo, Alonso Cobo, Juan Hernán Pérez, octogenarios) y de Juan Ballesteros, vecino de la aldea de Veguillas, resulta que don Juan de León había nacido en Fuencemillán, y luego vivido en Cogolludo, sin haber pagado nunca pecho ni tributos, ni tasas reales ni municipales, y que de siempre había sido considerado como hijodalgo notorio viviendo «more nobilion» en la villa serrana. Había tenido numerosas propiedades de la comarca, tanto agrícolas  como ganaderas, dejándoselas a sus hijos y nietos. Había ejercido el cargo de alguacil del estado de hijosdalgo, y afirma el escribano García de Medina que hacía unos 60 años que don Juan de León había partido hacia la guerra de Loja y Granada, con el boato y acompañamiento que su estado pedía.

Había casado con una mujer llamada Antonia, y de ella tuvo un hijo llamado también Juan de León, que heredó a su padre, del cual no se volvió a saber tras su marcha a la guerra granadina. El hijo fue elegido alcalde de los hijosdalgo en Cogolludo. Casó con Catalina Sánchez Laris, con quien tuvo dos hijos: Francisco y Alonso. Tras la muerte de Catalina, el segundo Juan de León volvió a casarse, teniendo de su segunda mujer otro hijo, llamado Martín. Los dos hermanos mayores, Francisco y Alonso de León, obtuvieron en la Cancillería Real de Valladolid sendas ejecutorias de hidalguía, en 1577. Francisco casó con María Fernández, de quien tuvo un hijo llamado también Juan de León, el tercero de ese nombre, el cual fue nacido en Cogolludo, pero en edad adulta se marchó de allí, y se estableció en Villafranca de Córdoba, donde casó con Catalina Fernández de Soria y Cazorla, con la que tuvo un hijo, llamado Francisco de León y Cazorla. La familia surgida de éste, a lo largo del siglo XVII emparentó, en primera línea, con la familia Ruiz, de Córdoba, de cuya línea directa saldría, ya en el siglo XIX, el malagueño universal Pablo Ruiz Picasso.

La documentación aportada por Sabartes, y su reconocida solvencia científica e investigadora, no permiten dudar del verismo de esta referida secuencia genealógica, que de manera tan contundente muestra la ascendencia guadalajareña de Picasso. ¿Qué le pudo quedar al malagueño en su íntima carga cromosómica, de estas tierras? Algo, sin duda, referente a la luz sin límites, al esplendor brillante de nuestros horizontes. Rica fue la tierra alcarreña en la producción de artistas. No es extraño que alguien con una herencia, aunque remota, de esta luz y esta tierra, se dedicara a la pintura. Y revolucionara, además, este campo de la actividad humana. Vayan estas líneas como una mínima colaboración de la provincia de Guadalajara a este magno centenario picassiano que ahora celebra con gozo el mundo entero.

(1) Sabartes, Jaime: Picasso, documents iconographiques, edición de Pierre Caillier; Genéve, 1954 pp. 15 y ss.

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