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La esclavitud en Guadalajara en el siglo XVI (Notas documentales) (I)

 

Uno de los aspectos de la historia social de nuestra tierra hasta ahora menos estudiados e indagados es el que hace referencia a la esclavitud en Guadalajara en siglos pasados. Efectivamente, el tema de la condición social de la esclavitud no es sólo patrimonio de los tiempos muy antiguos, romanos, etc. sino que se extiende a lo largo de la Edad Media, y alcanza cómodamente los siglos modernos, en los que adquiere, especialmente en el reinado del catolicísimo monarca Felipe II, sus más altas cotas en cuanto a extensión cuantitativa del tema. Es, efectivamente, la segunda mitad del siglo XVI, cuando en España están censadas mayores cantidades de esclavos, mostrando diversos estudios documentales que lo habitual de cualquier familia acomodada o personaje de posibles, e incluso como una muestra más de prestigio social, era tener esclavos a su servicio. La forma más primitiva y asombrosa de esclavitud era la que en Castilla se daba en esta época: los seres humanos que caían en este estado perdían todos los derechos por mínimos que fueran, y sus vidas dependían por completo de la voluntad de sus dueños. El trabajo más agotador, nunca remunerado, era lo que esperaba el desgraciado que naciera de una esclava, porque a pesar de los mil golpes de pecho que el dueño diera (o incluso por muy eclesiástico, obispo o incluso fraile que fuera) sólo la muerte o un especial y gracioso documento de libertad que se le ocurriera al dueño expedir, podría sacarle de esa cadena en la que lo único que se le garantizaba era el mínimo alimento diario.

La justificación cristiana a este sistema de esclavitud estaba muy bien cimentada en textos doctrinales, haciendo alusión a que todo prisionero hecho en guerra contra enemigo hereje o infiel, podía pasar a la condición de esclavo según admitían las leyes civiles y no contradecían las morales. Era pues, normal, que toda familia de rango, noble o hidalga, dispusiera de uno o varios esclavos en la Guadalajara del siglo XVI. También los eclesiásticos, individualmente o en comunidad monasterial, los tenían habitualmente.

Veremos, en breve repaso, algunos de los conocidos personajes del Renacimiento alcarreño que tuvieron esclavos, y a la luz de algunos documentos inéditos examinaremos diversas circunstancias curiosas en torno a este tema. Ya en el siglo XV vemos como dueña de una serie de esclavos a doña Aldonza de Mendoza, hermanastra del primer marqués de Santillana, señora de Cogolludo y Espinosa de Henares. En su testamento, concedido en esta villa, el año 1435, se refiere a tres esclavos que posee y a los que decide hacerles libres. Dice así en su testamento: «e mando a martinyllo el negro e haçan e audallá mys esclavos que sean todos libres e forros e que sean dados libres e forros e que sea dado a cada uno dellos mill mrys para conque bivan (1)».

También el obispo de Canarias, don Fernando de Arce, hermano del Doncel de Sigüenza y constructor de su capilla, santo y docto varón, compró en 1519 y 1521 tres esclavos, berberiscos, a un mercader de Sevilla: eran Barca de 18 años, Cristóbal, de 15 y Francisco, de 18 (2). Poco después, en 1524, vemos al monasterio jerónimo de San Bartolomé de Lupiana, en posesión de tres esclavos negros (una mujer, un hombre y un niño de 2 meses) que vende a una vecina de Guadalajara (3).

Entre los documentos recientemente hallados que hacen referencia a este interesante tema, sobresale la noticia de la libertad que una mujer de hidalga familia arriacense concede a su esclava. Es concretamente, doña Juana de Guzmán, que heredó de sus padres Francisco de Morales y Urbina, y María de Guzmán, la esclava llamada Isabel de Urbina, a la que en 1578 concede «carta de liber­tad». Era esta esclava natural del reino de Granada, traída entre los prisioneros de la guerra de las Alpujarras (4). Otro documento de 1573, nos muestra al conocido magnate y escritor alcarreño don Bernardino Suárez de Mendoza, dando libertad a otras dos esclavas suyas, madre e hija, habidas «de buena guerra en la rebelión e alçamiento q hizieron los del reyno de Granada» en las Alpujarras, ya cristianizadas, y que con motivo de la boda de la chica, el noble alcarreño decide liberar (5). También encontramos otro curioso documento en el que este mismo señor, en 1574, pone a uno de sus esclavos, el negro Diego, a aprender el oficio de armero con Juan de Orbe de Arieta, en el taller que este tenía en la ciudad de Guadalajara (6). Es frecuente este trato dado por señores de buen corazón a sus esclavos, generalmente obtenidos en guerra o del cobro de alguna deuda: los ponen a aprender algún oficio y luego los dan libertad. Un último documento del mismo año 1574, nos muestra a don Juan de Mendoza, arcediano de Talavera, chantre y canónigo de la iglesia ‑ catedral de Salamanca, vendiendo al noble don Enrique de Mendoza y Aragón, su herma un esclavo llamado Diego Bazquez, «de color negro», de poca barba, de edad de 26 años, de estatura mediana, de buen grosor». Se lo vende en precio total de 80 ducados (7).

En un somero examen estructural y cuantitativo de los datos recogidos en torno al tema de la esclavitud en Guadalajara durante el siglo XVI, podemos señalar los siguientes aspectos de interés:

 Aparecen reseñados un total de siete dueños de esclavos, que poseen, venden, libertan o ponen a trabajar a sus humanas pertenencias. De estos dueños, tres son eclesiásticos (el obispo Arce, el arcediano Juan de Mendoza y el monasterio jerónimo de Lupiana), tres son de estamento noble (doña Aldonza de Mendoza, don Enrique de Mendoza y don Bernardino Suárez de Mendoza) y una persona (doña Juana de Guzmán) es del estado de los hidalgos. La distribución por clases entre los dueños de esclavos en la Alcarria, es en este estudio de: 43 por 100 eclesiásticos, 43 por 100 nobles, 14 por ciento hidalgos.

En cuanto al número de esclavos que se reúnen, son un total de catorce.

Por lo que respecta a la raza de los mismos, declarada en todos los documentos, son las siguientes: siete (50 por 100) son moros o berberiscos; seis (43 por 100) son de raza negra; y uno tan solo (7 por ciento) es de raza blanca, aunque se dice de éste que es natural del reino de Granada, por lo que podemos sospechar fuera morisco de tez clara.

La procedencia de estos esclavos es conocida en varios casos: tres son venidos del reino de Granada, de la rebelión de las Alpujarras, aprehendidos como prisioneros.

Otros tres proceden de Berbería, esto es, del norte de África, quizás aprisionados en algún viaje realizado por mercaderes hispanos que se dedicaban a este increíble negocio.

Las formas de transmisión de algunos de estos esclavos son como sigue: Cuatro de ellos se transmiten en venta; un negro vale 12.000 maravedises (año 1524), una negra y su hijito de dos meses, valen 9.000 maravedises (año 1524) un hombre negro vale 80 ducados (año 1574). Uno de ellos se transmite en herencia; otros dos se adquieren directamente en «justa guerra». Solamente de uno vemos el hecho, en otros estudios generales constatado (8) de ser entregado «en alquiler» a un artesano para que aprenda un oficio.

En cuanto a las formas de concederles la libertad, esto se lleva al cabo por cláusula testamentaria  en que el dueño declara expresamente su deseo de que sus esclavos sean libres (así hace doña Aldonza de Mendoza, quien incluso les entrega una cantidad en dinero para que puedan mantenerse al principio), o bien por concesión  ante notario de una carta de «horro y libertad» que el antiguo esclavo guardará siempre como documento acreditativo de su condición de hombre libre.

Son estos unos breves datos documentales que, nos abren un camino en el estudio de tema tan apasionante como es el de la situación social de la esclavitud en la Guadalajara del siglo XVI, que fue algo habitual y corriente en la vida de la ciudad durante aquella época de renacimiento y esplendor.

(1) LAYNA SERRANO, F. Historia de Guadalajara y de sus Mendozas en los siglos XV y XVI. Madrid, 1942, Tomo I, pág. 313.

(2) FRANCO SILVA, A. La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media, Sevilla, 1979, pág. 286.

(3) QUILEZ MARTI, J. Documentos curiosos para la vida anecdótica del la ciudad, en «Investigación», Guadalajara, 1968, pp. 7‑11.   

(4) Archivo Histórico Provincial de Guadalajara (AHPG), legajo 103, escribano Juan Fernández (Apéndice I Documental I).   (5) AHPG, legajo 114, escrib. Gervasio Pérez (Ap. Doc. II).

(6) AHPG, legajo 114, núm. 2, escrib. Gervasio Pérez (Ap. Doc. III).

(7) AHPG, legajo 140.       

(8) FRANCO SILVA, A.: Op. cit., páginas 195‑7.

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