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Martín de Vandoma, arquitecto y escultor

 

En el contexto riquísimo del arte que se encierra en la catedral de Sigüenza, surgen estilos, corrientes, obras capitales, únicas, y al fin un edificio que maravilla por su variedad conjuntada. Es esta iglesia mayor de la antigua Celtiberia, uno de los ejemplos capitales del arte hispano. Durante varios siglos, los hombres y las ideas han ido cuajando en sus muros, en su atmósfera. Desde el trazado de su planta, a las veletas y desde los enterramientos de sus personajes a las bóvedas, órganos y misales, todo en la catedral seguntina sorprende. Los estilos románico, gótico, renacentista y barroco, en sus líneas generales y en sus revisiones especializadas tienen expresión cumplida. Para ellos han laborado hombres de todas las épocas, de todas las tendencias y mañas. Uno de los artistas más ilustres que han pasado por la historia de esta catedral, dándola forma y vida, ha sido el arquitecto y escultor Martín de Vandoma.

No existe documento que acredite haber nacido en Sigüenza. Sí sabemos, que vivió toda su época de aprendizaje y trabajó maduro en la ciudad del Henares, y allí murió y fue enterrado, en 1578. De su nombre y apellido colegimos su origen europeo. Quizás francés, quizás borgoñón, o neerlandés, vino a Sigüenza atraído por la riqueza de la ciudad, y por el plantel de magníficos artistas  que en ella trabajaban durante la primera mitad del siglo XVI. Alonso de Cobarrubias, Francisco de Baeza, el maestro Pierres, Juan Francés, y otros muchos, estaban dando en esas fechas el más claro grito renacentista en Castilla. Con ellos el estilo plateresco se imponía en un edificio que parecía no iba a salir jamás de la impronta gótica.

De tan abultada nómina surge, en 1554, el nombre de Martín de Vandoma, quien tras un inconcreto período de formación, pasa a tener un cargo de responsabilidad en las obras catedralicias. A la muerte de Nicolás Durango, maestro de obras de la iglesia, en septiembre de 1554, es nombrado nuestro personaje para seguir dirigiendo la obra «del sagrario nuevo» o Sacristía de las Cabezas, que por entonces avanzaba a buen ritmo. El proyecto había sido hecho años antes por Alonso de Covarrubias. Pero sólo estaban levantadas las paredes, y aún quedaba poner la bóveda,  recubrirla con su portentosa colección de esculturas. Esto lo haría, magistralmente, Martín de Vandoma. Durante cinco años trabaja en ello, y ejercita el cargo de Maestro de obras de la catedral. En 1559 surgen desavenencias entre el escultor y los canónigos, quedando desprovisto de trabajo y salario durante un año. En 1560 lo recobró, y hasta su muerte siguió ejerciendo sus facultades en la ciudad y en toda la diócesis seguntina.

En la sacristía de las cabezas trabajó Vandoma ayudado de un equipo numeroso. La elegancia y el concepto del recinto, si en principio de Covarrubias, luego es modificado y puesto en su definitivo aspecto por nuestro artista. A él se debe la dirección y talla directa de los medallones del techo, de las cajonerías, de las contraventanas, de la puerta de ingreso. Allí es donde pone lo mejor de su arte, y donde forma una verdadera escuela que extenderá sus formas por la comarca, dando al renacimiento seguntino un sello propio, con un tanto de italiano y un mucho de fuerza hispana que le hace inconfundible.

La tarea artística de Martín de Vandoma va a cuajar también en la diócesis. En la Colegiata de Berlanga de Duero, dirige y talla con su mano el coro y los púlpitos. La sillería muestra algunos relieves (el central de Santiago matamoros y San Pedro) así como alegorías diversas, que son claramente de su gubia. También la reja de madera que separa ese recinto del ‑crucero. Y, por supuesto, los magníficos púlpitos tallados en madera representando en sus parcelas a los Evangelistas y Santos Padres, con figuras mitológicas mezcladas. Incluso el gran relieve de Santiago que hay en el crucero de esta Colegiata, debe ser atribuido a Vandoma en base a su fuerza y movilidad de figuras, a su no escaso barroquismo en la distribución de la escena. Trabajó en ello hacia 1560. Algo después (1576) hizo el gran retablo de la iglesia parroquial de Caltójar, en la misma diócesis seguntina, ayudado en lo pictórico por Diego Martínez. De la misma época es el retablo mayor de la iglesia de Pelegrina, del que, si no quedan documentos concretos, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que es obra suya, pues viene a ser una copia exacta del anteriormente mencionado retablo de Caltójar. Otros edificios religiosos de la comarca verían su arte equilibrado en ellos impreso, pero por desgracia, la mayoría han desaparecido.

Todavía en la catedral seguntina, en 1574, ejecutó algunas sillas del coro que faltaban para completarle, y que él talló, olvidando su personalidad, en el estilo gótico del resto del recinto. Pero donde quizás se expresó con mayor soltura, dejando bien alto el renombre que siempre le acompañó, fue en su obra magna del púlpito del Evangelio, en el templo mayor de Sigüenza. Desde el 5 de mayo de 1572 al 19 de octubre de 1573. Vandoma ejecutó esta singular obra de arte, tallada en alabastro de Cogolludo, componiendo un conjunto donde lo renacentista se explaya en expresiones paganas junto a dramáticos pormenores de la Pasión de Cristo. Esta se expresa en cinco tableros en que vemos, con patetismo marcado, las escenas siguientes: el prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos; Jesús ante el Tribunal de Caifás; Jesús conducido al tribunal de Pilatos; Jesús expuesto al pueblo y soldados, que le insultan y Jesús expuesto por Pilatos a la puerta del Pretorio. Fue bien pagada esta obra de arte en 450 ducados. Hoy está totalmente restaurada de las mutilaciones y daños que sufrió en la pasada guerra civil.

Durante veinticuatro años, Martín de Vandoma se mantuvo activo, poniendo el sello de su personal concepto de arte por Sigüenza y su tierra. El último episodio del Renacimiento lo trata él con un sentido clasicista, hispano y personal a un tiempo. Hereda de todos y crea estilo propio, escuela seguntina. Aunque no nacido, quizás, entre nosotros, Martín de Vandoma ha de ser considerado estudiado, y exaltado, entre la nómina preclara de los artistas de nuestra tierra. Porque aquí dejó, con su vida, lo mejor de su espíritu.

Bibliografía

‑ Pérez Villamil, M. Estudios de historia y arte: la Catedral de Sigüenza, 1899.

‑ Pérez Villamil, M. El Renacimiento español: Martín de Vandoma y su Escuela, en «Arte Español» V (1916).

‑ Minguella, T.: Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, 1913, volumen 3.°

‑ Herrera Casado A. Glosario Alcarreño, Tomo II «Sigüenza y su tierra» 1 976.

‑ Herrera Casado, A.: Martín de Vandoma, arquitecto y escultor, en «Wad‑al‑hayara», 6 (1979).

‑ García Sánchez, Consuelo. La Colegiata de Berlanga, 1964.

‑ Camón Aznar, J.: La arquitectura  plateresca, C.S.I.C. 1945.

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