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La cárcel de Brihuega

 

Entre las muchas tarea de reconstrucción y adecuación a usos actuales que el Ministerio de Cultura, a través de su Dirección General del Patrimonio Artístico ha acometido recientemente, está la de restauración y habilitación para biblioteca pública del bello edificio neoclásico que en Brihuega llaman la cárcel vieja. Será con libros y estampas, con el fragor amigo de las letras y los saberes, con que se dará nueva vida, a este edificio que fue concebido para represión y hostigamiento de los hombres.

Uno de los placeres que encuentra el viajero en su deambular por los caminos y los pueblos de la provincia, es llegar a lugares desconocidos de antes, pletóricos por sus cuatro costados de edificios, de detalles urbanos, de gentes amables. Y así, cuando por primera vez el caminante se encuentra en el centro de la plaza del Coso de Brihuega, saturado ya seguramente de tantos otros edificios y entornos de la villa ‑ jardín de la Alcarria (puerta de Santa María arco de la Cadena, iglesia y prado de Santa María de la Peña, castillo, fuente Blanquina, arco de Cozagón, iglesia de San Felipe, murallas, fábrica de Paños) la sorpresa y el encanto renace en sus ojos. Esta gran plaza del Coso, amplísima y luminosa, tiene a un costado, sobre una alta barbacana de piedra, la graciosa irregularidad de una serie de edificaciones populares (madera al descubierto, yeso y piedra caliza) típicamente alcarreñas. Por otro costado, el mismo tema pero con soportales añadidos y algún escudo heráldico. Arriba, donde se abre la calle de Montes Jovellar, escolta de dos enormes fuentes de piedra por donde surge el agua cantarina. Y al Sur el ayuntamiento, hoy remozado, y la Cárcel vieja. Entre 1796 y 1798 levantaron el edificio concejil los maestros Fernando Tadey, de Trijueque, y Juan José Oñate, de Villar del Saz, dando un aire de sencillo neoclasicismo al edificio.

La historia de la construcción de la cárcel vieja de Brihuega es curiosa y merece recordarse. En 1779 el Ayuntamiento acordó levantar, en la plaza del Coso o Concejo, un edificio‑fortaleza para albergar la sede de cárcel, preeminencia de todo Ayuntamiento legalmente constituido. Se encargó la obra y planos a un maestro arquitecto que residía en el mismo Brihuega: don Feliciano de la Yzeguilla se llamaba el tal. Pero enviado el proyecto realizado por éste a ser informado por don Ventura Rodríguez, el famosísimo arquitecto de la corte de Carlos III éste no la consideró bella o útil, y la calificó de «obra desarreglada, fuera de arte y de toda razón».

Y el mismo Ventura Rodríguez elaboró nueva traza y proyecto, por valor de 54.000 reales. Esto le pareció muy caro al Concejo, quien la puso en subasta, y al fin la remató en 34.000 reales, a favor del maestro Benito Fernández, vecino de Madrid. Este, que debía ser un informal, comenzó la obra y enseguida la paró cobró dos tercios del presupuesto, y no volvió a aparecer por Brihuega. Se le apremió, se le llevó a tribunales, se le embargó, y finalmente, tras los retrasos correspondientes, se entregó la obra, apenas comenzada al primer maestro briocense, Feliciano de la Yzeguilla, quien en poco tiempo y con probidad demostrada, terminó la obra a gusto de todos. Era el 27 de noviembre de 1781.

De esta pequeña historia, que con mucho más detalle consta en los libros de actas y cuentas del Ayuntamiento de Brihuega, sacamos en conclusión la fecha exacta de realización del edificio de la cárcel vieja (1781) y del autor de su traza (Ventura Rodríguez nada menos) y de su cuerpo (el briocense Feliciano de la Yzeguilla).

Al viajero que nuevamente se sitúe ante la estampa recia de este monumento, le sorprenderá su aspecto fuerte, su fachada completamente realizada en piedra caliza, clara, de la Alcarria. Tiene una anchura de 8,30 metros, y una profundidad escasa, de 8,60 metros. Una cenefa también de piedra separa los pisos, que son el bajo y dos más. Las ventanas (demasiadas, quizás, para una cárcel) se enmarcan por sillares perfectamente tallados, y sobre la puerta se alza una cartela, apoyada en sencillos roleos, en la que se inscribe el título y función del edificio, el monarca reinante y la fecha de ejecución.

Ahora, como ya he comentado al principio, esta cárcel vieja de Brihuega renacerá del abandono de los siglos, y quizás sea al año próximo -en ese 1981 en que cumplirá exactamente su segundo centenario- cuando nuevamente acicalada y bella, su arquitectura sea útil para el pueblo briocense, que tanto ha demostrado quererla, y en su portón vea el ir y venir de los lectores los que den un color de contrapunto al blanco de sus piedras.

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