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Castillos del Señorío de Molina (II)

 

La Yunta

En el extremo nordeste del Señorío molinés, asienta el pueblo hoy todavía grande, extenso en la llanura, y evocador de pasadas grandezas, de La Yunta, que quizás utilice este nombre en recuerdo de ser ése el lugar donde se «juntan» los reinos de Castilla y Aragón. Fue desde la Edad Media posesión de la Orden de San Juan, y aunque estaba incluido en el marco territorial del Señorío, nada tenían que ver en él sus señores, condes, primero, de la casa Lara, y, luego, los reyes de Castilla. El maestre de la Orden Militar de San Juan era el único dignatario que sobre La Yunta tenía poder, delegado en algún comendador allí destacado. Este militar instituto levantó en el centro del pueblo un gran torreón, de fortísimos muros y escasos vanos, donde poder refugiarse en caso de ataque. Su puerta, elevada en notable altura, sólo permitía el acceso mediante escaleras de mano. Sobre ella, escudo de la arden sanjuanista. Para el visitante de hoy, sorprende aún su magnífica presencia, que habla de su construcción en el siglo XIII o XIV.

Villel de Mesa

Como ejemplo de castillo fronterizo, enriscado y peleador, surge el de Villel de Mesa, enclavado sobre un agudo penacho de rocas, puesto sobre el apiñado caserío que se resguarda a su sombra. La presencia romántica, medieval, casi gloriosa de esta fortaleza, daría pie fácil al ditirambo y la frase hueca. Baste decir que al viajero que hasta él llega (y hoy todavía, por desgracia, son pocos los que tal hacen) se le queda grabada para siempre la valiente silueta de este castillo.

Está construido todo él con tapial, sillarejo y adobe, estando forrada de buen sillar la torre del homenaje. Sobre el peñón alargado se tiene en equilibrio la fortaleza, cayendo sus muros cortados en vertical sobre la roca. Consta de un recinto previo o pequeño patio de armas, que va a dar por estrecho portón en la torre del homenaje, coronada de almenas. Aunque esta fortaleza fue de simple apoyo a la más grande de Mesa, río arriba situada, en él se dieron batallas importantes durante la Edad Media. Perteneció por temporadas a Castilla y a Aragón. Primero estuvo en los primitivos límites del Señorío de Molina, pero más tarde pasó a la familia de los Funes, quedando con ellos por el rey de Aragón. En el siglo XV, uno de los señores de esta familia, Sánchez de Funes, hizo pacto con el castellano Enrique IV, quedando el alto valle del Mesa por Castilla, y en esta demarcación hoy prosigue, aunque geográficamente es comarca, sin duda, aragonesa.

Cobeta

Asomándose a un hondo valle que baja hacia el pintoresco de Arandilla, y escoltada de pinares y prados, se encuentra la villa de Cobeta, en la sesma del Sabinar, ya en el límite occidental del Señorío de Molina. Su nombre le viene de la torre o cubo que de siempre vigiló su caserío, y que muy probablemente se formó en torno a aquélla. Perteneció primero a los Laras; luego, al Cabildo seguntino, y, más tarde, a las monjas de Buenafuente, de las cuales vino a dar en la familia de los Tovar y Zúñiga. Uno de sus miembros, don Iñigo López de Tovar, reedificó a fines del siglo XV la antiquísima torre o castillo, colocando su escudo de armas sobre la puerta. De este castillo de Cobeta, que tenía un recinto cuadrado con cubos en las esquinas, y una torre del homenaje cilíndrica con almenas sobre el grueso moldurón de su remate, sólo queda la mitad de ésta, hueca y desalmenada, en inestable equilibrio con la vertical y la historia, ya tan lejana, de pasados siglos.

Establés

Cuando se aproxima el viajero a este castillo, procedente del valle del río Mesa, queda sorprendido al contemplar su majestuosa silueta sobre el caserío. No fue edificio que mantuviera historia singular, aunque sí en cierto modo tremebunda, pues si en un principio el lugar formó parte del Señorío de Molina, y estuvo gobernado por su señores y su Fuero, en el siglo XV pasó a pertenecer a los duques de Medinaceli. Estos, en la primera mitad de la referida centuria, mandaron un capitán de su confianza que tuvo por misión levantar una fortaleza en el pueblo. Este emisario, llamado Gabriel de Ureña, cometió toda clase de tropelías con las gentes comarcanas para edificar el castillo de Establés. Así dice de él la relación de Elgueta, antiguo cronista del Señorío: «Quedó fama de las muchas tiranías que usaba para edificarlo, porque las piedras y vigas que le parecían buenas para su castillo, las tomaba de las casas de los labradores y siendo necesario para esto les derribaba las casas y salía a los caminos, y a los pasajeros les quitaba las bestias para llevar los materiales a su castillo y les tomaba los bueyes de labor por fuerza para esto y a muchos los mataba y aforraba las puertas con los cueras».

Después, en la época de los Reyes Católicos, volvió a quedar Establés, con su castillo y algunas aldeas cercanas, hoy ya despobladas, en el Señorío molinés.

Su castillo, que está documentado como obra del siglo XV, presenta detalles arquitectónicos curiosos Es de planta regular, cuadrada, de fuerte mampostería recubierta y formada de sillarejos. Sobre tres de sus esquinas aparecen robustos cubos, y en la esquina del suroeste se alza, cuadrada y enorme, la torre del homenaje; poseyó un foso en su torno, ya cegado, y no llegó a tener barbacana exterior, pues desde un primer momento las casas del pueblo estuvieron muy cercanas a él. Hoy está reconstruido por sus nuevos propietarios y nuestra brillante su antiguo aspecto.

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