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El Glosario cambia de nombre

 

El 6 de abril de 1968 publicaron estas mismas páginas de «Nueva Alcarria» un trabajo mío sobre un tema histórico de nuestra tierra, con el título de «Glosario Alcarreño», y desde entonces (son ya más de once años) esta sección ha procurado cumplir semanalmente con el destino que se le había encomendado, de ir dando, en pequeñas dosis, noticias de la historia, el arte y el costumbrismo de nuestro territorio provincial. Por inercia se quedó con el apelativo común de «Glosario Alcarreño» y entre sus límites fueron apareciendo asuntos relativos a otras tierras de Guadalajara: las serranías de Atienza y Sigüenza, el Alto Tajo y el Señorío de Molina encontraban también su eco en estas páginas, resultando así una permanente contradicción entre el título de la sección y el contenido del trabajo. Ante diversas amables comunicaciones, conversaciones con amigos y propia cavilación, he decidido de lo alto de estas líneas lo de «Glosario Alcarreño» y cambiarlo por título más genérico y veraz. A partir de ahora, quedará como «Glosario Provincial de Guadalajara», manteniendo su intento de tocar los temas que traigan a nuestros ojos de hoy hechos históricos, las figuras capitales o los detalles más destacados de monumentos y costumbres de nuestra tierra, de nuestra provincia toda.

Partiendo de la base de que la actual división de España en provincias está mal hecha, la verdad es que debe considerarse a la provincia como un ente geográfico que en ciertas regiones, como la nuestra, ya ha calado con ímpetu. En la generalidad de los casos en que la preautonomía ha arribado a un conjunto de provincias, no se ha estado a estudiar la necesidad de incluir en cuarta región algunos pueblos o comarcas que a ella pertenecen geográficamente y están en provincia ajena. Y al revés. A ninguna entidad preautonómica se le ha ocurrido soltar pueblos, zonas o comarcas que no entran en puridad en su marco histórico. En esa distribución ideal de las tierras de España por regiones y comarcas, es aún mucho lo que debe hacerse y estudiarse. Y si se piensa mantener las provincias en determinadas regiones, como la nuestra, se debe ir a una más racional y lógica estructuración. Que sea la comarca, geográfica o históricamente considerara la que prime. Pero, mientras tanto, hemos de trabajar con lo que tenemos. Al hablar de la Alcarria, sólo podremos hacerlo de la de Guadalajara, aunque gran parte de Alcarria vaya hacia Cuenca y hacia Madrid. Al hablar del Señorío de Molina, hemos de dejar fuera a Odón, a Sisamón y otros pueblos que pertenecen al mismo pero que hoy están en diferentes provincias. Cuando tocamos temas de Illana, de Driebes o Mazuecos, estamos haciéndolo de la comarca de la Mancha, que luego se extiende muchos kilómetros al sur, y de la que desde el punto de vista provincial estamos obligados a contemplarla como ajena. Algo por el estilo ocurre al tratar de la comarca de la Campiña del Henares, que se parte en dos, como con una espada, por el límite de Madrid‑Guadalajara, rompiendo el antiguo común de Guadalajara, y llevándose a provincia ajena el lugar de Bujes, el de Meco, y los de Talamanca y Fresno por el Jarama y Torote.

Así es que, en definitiva, viene a ser de lamento estas páginas, señalando que todo aquello que se hace con el sello de «lo provincial» puesto, nace ya con defecto y en muchos sentidos tarado, pues se impide la contemplación de aspectos históricos y geográficos con el rigor que sería necesario. Por una parte, en fin, es expresión, una vez más, de la necesidad latiente de ordenar el territorio en comarcas naturales o con lazo histórico emparentadas, relegando a lo estrictamente imprescindible la apreciación provincial. Y, por otra parte, servir de despedida, esto un poco en plan sentimental y a nivel estrictamente particular, de este título del «Glosario Alcarreño» bajo el cual, durante once años seguidos, he puesto horas de trabajo y de ilusión porque nuestra tierra fuese mejor conocida y apreciada. Con el nuevo encabezamiento sólo cambia, en realidad, el nombre. La tarea que cumple esta pagina, será la misma. Y el «Glosario», en definitiva, y con uno u otro apellido, por el momento permanece.

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