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Una historia de Guadalajara

 

Hace solamente unos meses, el afán editorial de la Institución de Cultura «Marqués de Santillana» nos brindó una publicación que ofrece un enorme interés en el campo del conocimiento de nuestra historia ciudadana. En la tarea de publicar por primera vez viejos textos inéditos, perdidos casi, y hacerlos útiles como nuevas fuentes de estudio, se ha producido esta primera aparición en letra impresa de la «Historia de Guadalaxara», del jesuita alcarreño Hernando Pecha, escrita en la primera mitad del siglo XVII, y con una larga copia de temas curiosos, biográficos, anecdóticos de la ciudad, y relacionados con la familia de los Mendoza.

El libro, en cuarto, con sobria portada de traza clásica, consta de 360 páginas de apretada lectura, llevando al comienzo cuatro grabados interesantes. Se inicia con un «Estudio de la obra» y una «Reseña biográfica del Padre Hernando Pecha», ambas debidas, lo mismo que la trascripción y ordenación del texto, al cronista provincial don Antonio Herrera Casado.

En dicho estudio previo, se nos dice cómo existió otra Historia de Guadalajara más antigua: los «Anales de Guadalajara» escritos por don Francisco de Medina y Mendoza, que hoy se consideran perdidos. Después fue esta Historia de Pecha la que se escribió y quedó reducida a un par de copias manuscritas, y posteriormente se redactaron, ya basadas en ella, las historias de la ciudad a cargo de Francisco de Torres y de Alonso Núñez de Castro. La «Historia de Guadalaxara» de Pecha es, pues -según nos dice Herrera en su estudio‑ la más antigua de las conservadas, y, en gran parte, la fuente primigenia de todas ellas, pues fue este autor quien trabó por primera vez la genealogía de la familia Mendoza, gracias a su acceso directo a los archivos de la casa, cuando ocupó el cargo de confesor y preceptor religioso de la sexta duquesa, doña Ana. De aquí sacó el autor todos sus materiales, y de la consulta de las obras más antiguas, hoy perdidas, acerca de la ciudad. Fía también algunas noticias a la tradición, y es, finalmente, cronista fiel y minucioso de su época, especialmente de la vida de la duquesa Ana, en cuyo servicio estuvo cierto tiempo.

A lo largo de sus páginas desfilan, en primer lugar, los sucesos referentes a la fundación en España (en Lupiana, más concretamente) de la Orden de San Jerónimo, que el autor analiza con verdadero cariño por haber sido unos antepasados suyas, los hermanos Fernández Pecha los que tal hicieron. Luego reseña los trazos biográficos de famosos hijos de la ciudad. En la tercera parte, la más curiosa, analiza diversos fastos relativos «a la vida seglar» de Guadalajara, relatando fiestas, hazañas de sus hombres, organización concejil, hospitales, monumentos, estancias de los Reyes y muchos otros aspectos anecdóticos. La cuarta parte, la más extensa, nos da la historia pormenorizada de la estirpe mendocina, desde sus nebulosos orígenes medievales en tierras vascas, hasta la exhaustiva vida de la sexta duquesa del Infantado, doña Ana de Mendoza, contemporánea del autor, el cual fue muchos años su, director espiritual y confesor. En este sentido, el largo relato de la vida y devociones de doña Ana, aunque con sus lógicas exageraciones, es un válido muestrario de lo que era el cristianismo, desviado hasta sus últimas y neuróticas consecuencias, en una mansión noble del siglo XVII español.

El libro es, pues, un valioso soporte para el conocimiento de nuestra ciudad en los antiguos tiempos. Ha sido muy bien acogido en ciertos sectores universitarios y científicos, y entre el público alcarreño ávido de conocer la raíz de su habitamiento. Será libro muy buscado, como todas las historias de Guadalajara hasta ahora publicadas, y agotadas, dentro de unos años.

S.

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