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El historiador molinés don Juan de Ribas

 

La práctica del buceo en épocas pretéritas suele ser poco valorado ante el común de las gentes, que, situadas al problemático nivel de los afanes diarios, consideran poco menos que ridículo, por falta de objetivo práctico, la investigación histórica. Nosotros estamos convencidos que el, servicio que el historiador hace a la sociedad es inestimable, por entregarle unas imágenes pasadas sin las que el presente resultaría incompleto. Una sociedad de cualquier tipo que desconozca su historia, es una sociedad inválida, que por muchos ideales que mantenga para el futuro, carece de puntos de anclaje y de referencias respecto a su anterior andadura. La sociedad, como la vida humana, están compuestas de esa parte que se ve, que es el fugaz momento presente, y esas otras invisibles, pero netas y reales que son su pasado y su futuro.

Esta reflexión viene a cuento para recordar a un historiador nuestro, molinés por más señas, del que se ha borrado casi totalmente su recuerdo entre las gentes. Molina de Aragón ha sido cantada, por numerosas plumas, y su trayectoria social relatada con minuciosidad por el afán y el trabajo de varios historiadores: así recordamos a don Francisco Núñez, al licenciado Diego Sánchez Portocarrero, al abogado don Gregorio López de la Torre y Malo, y, ya más modernamente, a Perruca, a Díaz Milián, a Izquierdo a León Luengo, a don Claro Abánades, y, aún entre nosotros, a José Sanz y Díaz.

Este que hoy traigo ante vosotros, menos conocido, fue don Juan de Ribas, quien vivió en Molina hacia finales del siglo XVI, dedicándose al oficio de regidor de la ciudad, y a su pasión favorita de buscar la historia de su país. De él contamos tan sólo con dos breves referencias. Una de su contemporáneo el licenciado, Núñez. Y otra posterior, ya en el siglo XVIII, de don Gregorio. López de la Torre. Núñez dice de él, hacia la última década del siglo XVI: Tenemos ahora en nuestra Molina otro Ingenio tan feliz que dudo yo que en Universidad de España se halla semejante, que es el regidor Juan de Ribas, de quien su tierna edad empleada en estudios de tanta agudeza y Ingenio nos promete adelante frutos en letras curiosas muy abundantes. Por ello colegimos que debió nacer en el último cuarto de la decimosexta centuria. Don Gregorio López, en su obra impresa Corsográfica descripción del Señorío de Molina, se refiere en dos ocasiones «al noble Juan de Ribas, en su Historia de Molina manuscrita». Incluso Sánchez Portocarrero hace alusión a esta obra suya. Tomando datos de estos antiguos historiadores, le mencionan también, en el siglo XIX, Muñoz y Romero en su Diccionario bibliográfico histórico, y don Juan Catalina García en su Biblioteca de Escritores de la provincia de Guadalajara, donde añade el dato de que fue Alcalde Mayor de Molina en 1609 y 1612.

La obra que don Juan de Ribas elaboró con su trabajo, se titulaba Epítoma de las cosas notables de Molina, compuesta de 29 capítulos, empezando con un catálogo de sus alcaldes y terminando con una descripción de la villa. No llegó a acabarla del todo, En el siglo XIX poseía este interesante manuscrito don Bonifacio Fernández de Córdoba, y hoy se desconoce su paradero, pudiendo pensar que se ha perdido, o que yace incógnito en alguna de esas bibliotecas o archivos en los qué, ni dejan entrar ni le aprovecha a nadie.

Pero recientemente he sido afortunado al hallar un rastro, aunque leve, de esta Historia. Entre los papeles que don Diego Sánchez Portocarrero fue reuniendo como material para elaborar su gran Historia del Señorío, he encontrado un folio, roto en parte, y que lleva en su encabezamiento lo siguiente: «Algunas advertencias que escrivió Juan de Ribas Regidor que fue de Molina en un quaderno de cosas de Molina». Sánchez Portocarrero se limitó a tomar brevísimas notas de aquellos asuntos que le parecían apuntaban alguna luz sobre determinados aspectos de la historia molinesa. Pero examinados estos puntos nos llevan a aventurar la base poco firme de Ribas como historiador de su tierra, pues son más los errores que las exactitudes en su escrito. Habla de Ercávica, y añade que «los seguntinos que quedaron de Sagunto destruyda poblaron a Segoncia que es Sigüenza….» Refiriéndose luego a la distribución que del impuesto del «pan de pecho» hizo el señor de Molina dice Ribas (capítulo 23) que fue en tiempo del infante don Alonso de Molina, cuando en realidad se hizo esta distribución por su hija doña Blanca. Del marido de ésta, don Alonso el Niño, de vida aventurera, señala Ribas la leyenda de que se marchó «a la guerra de Tierra Santa, de donde no volvió». Habla también de la piedad de la molinesa doña Blanca, y el hablar .de su dedicación a la fundación de conventos, la da por fundadora no sólo del de San Francisco de Molina y del de San Francisco de Huete, sino que la añade la fundación de los de Ávila y de Santa Clara en Alcocer, que, por supuesto, no son fundaciones de esta señora. Hablando todavía de doña Blanca de Molina, dice que fue enterrada en el Monasterio de San Francisco, en la capital del Señorío, «en una caja de madera forrada, en lienzo pintado y dorado… en un sepulcro que estuvo en la capilla mayor hasta nuestros tiempos», siendo luego trasladado a un nicho de la pared de la dicha capilla mayor. Y acaba: «tenía el entierro por armas un león rampante en campo de plata, armas de los Reyes de León, orla de castillos que fueron las armas del Infante (don Alonso, su marido, de la casa real de Castilla)».

Vemos, pues, que don Juan de Ribas no fue demasiado afortunado en sus apreciaciones históricas de Molina, a lo menos según los apuntamientos entresacados de su obra por Sánchez Portocarrero. Pudiera ser también que este último sólo anotó en el mencionado folio aquellos errores que le llamaron la atención, siendo todo lo demás de Ribas correcto y exacto. Sea lo que fuere, la figura y la obra del historiador molinés Juan de Ribas está aún por descubrir y estudiar, y en esta tarea proseguimos, esperando poder aportar en breve plazo algunos datos nuevos. De momento, ya le tenemos situado en esa gloriosa nómina de los historiadores molineses, que tanto hicieron por su tierra y tan escasa memoria les han guardado sus paisanos.

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