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Molina: la casa del Virrey de Manila

 

El gabinete de Prensa del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), a través de su Servicio Histórico, ha hecho pública en días pasados una carta, acompañada de fotografía, que ha sido reproducida y comentada en todos los medios de información, tanto provinciales como nacionales, relativa a la Casa del Virrey de Manila («casa pintada» la llaman) ubicada en Molina de Aragón (Guadalajara).

Aunque mi humilde pluma no goce del mismo poder de convocatoria que el de esta institución de profesionales, ni mis opiniones reciban orquestación parecida a la que ella logra, sí quiero estampar, en las páginas amigas e imparciales de «Nueva Alcarria», algunas puntualizaciones que lleven a la clarificación, ante la opinión pública, del estado de este tema.

Denuncia el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), el proyecto existente de remodelación del Palacio molinés del Virrey de Manila, y le señala en situación de «a punto de aprobarse» por lo que algunos, comentaristas de ciertos medios de comunicación han acompañado a la fotografía del edificio, frases tan contundentes como «Otro desaguisado arquitectónico». Este es indudablemente, el mejor camino para desorientar al público, y crear un concepto de los responsables provinciales de nuestro Patrimonio Histórico‑Artístico totalmente, falso.

Puedo, por mi parte, hacer las siguientes consideraciones:

‑Conocido el anteproyecto de remodelación del palacio del Virrey de Manila, en Molina de Aragón, informé de él en sentido enérgicamente desaprobatorio, el 9 de julio de, 1975, ante la Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural. A pesar de ello, los Servicios Técnicos de dicha Dirección General, de los que forman parte diversos arquitectos del COAM, lo aprobaron y dieron por bueno.

‑Posteriormente, el 20 de septiembre de 1975, publiqué en estas mismas páginas un artículo titulado Molina: la casa del virrey de Manila, del que, a pesar de alertar a la opinión pública sobre el peligro que se cernía sobre este monumento, y estudiarle en sus aspectos histórico y artístico, ningún eco obtuvo por parte del resto de los medios de comunicación; por lo que considero oportuno reproducirlo íntegro tras estas líneas.

‑El Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, de todos modos, se ha quedado corto en sus apreciaciones críticas al proyecto, de remodelación de este palacio, pues, además de intentar en él la elevación de dos plantas sobre el nivel actual, desvirtuando así totalmente el aspecto del monumento, y lesionando gravemente el conjunto de la ciudad, dicho proyecto incluye la creación de unas pequeñas ventanas‑respiraderos de servicios y escalera justamente en el lugar que actualmente ocupan las pinturas murales que dan nombre vulgar al palacio. A pesar de que estas ventanas aparecen proyectadas en los planos alzados, y en la memoria del proyecto se expresa la intención de restaurar las pinturas murales, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid ha visado dicho proyecto, sin percatarse de esta evidente contradicción.

‑El proyecto de remodelación del palacio del Virrey de Manila es obra firmada por un arquitecto del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, por lo que hubiera sido mucho más lógico que la Sección Histórica de dicha Institución hubiera hecho una llamada privada a su colegiado para que en su proyecto se hubiera ajustado a las opiniones y directrices que tan justamente se marca dicho Colegio, y evitarse así la nota de Prensa recientemente divulgada.

‑En último lugar, sólo queda, señalar que en la reunión que la Comisión Provincial de Protección al Patrimonio Artístico y Cultural de Guadalajara, celebrada en la semana pasada, fue examinado dicho proyecto, y por unanimidad desaprobado como atentatorio a la integridad del Palacio referido y del conjunto de la ciudad de Molina de Aragón. Es, en fin, dicha Comisión la que ha dado su opinión definitiva a dicho proyecto, tarea para la que se encuentra tan capacitada, o más, que el Colegio Oficial de Arquitectos, de Madrid (COAM), que, ya en ocasiones anteriores ha demostrado estar escasamente informado de la realidad histórico‑artística de la provincia de Guadalajara.

Ha recobrado repentina actualidad el viejo caserón que en Molina de Aragón conocen por la casona o palacio del virrey de Manila, a raíz de unas reformas que en el mismo se proyectan, pues, la cara que el progreso presenta en esto de las construcciones y la especulación del suelo no se detiene ante las joyas que el pasado nos ha legado como fruto y, testimonio de  la vida de otras épocas. Cuando un tanto por cierto enorme de terreno hispano, es aún estéril campo yerto, a la g ente se le ocurre hacer cascas derribando las que desde antiguos siglos mantienen su apostura en vez de irse a las afueras de las poblaciones, donde el aire libre y la tranquilidad están, más garantizados. El caso es que en Molina se proyectan reformas que, para que los molineses, ese pueblo noble que siempre amó y luchó por sus tradiciones, sepa la importancia de esta vieja mansión, sus fundamentos e, historia su valor ambiental e incluso artístico, su múltiple categoría histórico ‑ artístico ‑ sociológica, damos aquí sucinta relación y glosa, que hubiéramos querido fuera más abundante, y creemos que cualquier molinés amante de sus cosas hallará suficiente material en el archivo de su Ayuntamiento para conformar la historia total que el monumento está pidiendo.

Vamos con su historia. Fue construido este palacio por don Fernando de Valdés y Tamón, a partir de 1740, cuando, después de diez años de apurados y enojosos asuntos en el lejano océano, dejó su cargo de gobernador o virrey de las islas, Filipinas. Natural de Asturias, «era Valdés sujeto muy acreditado en la milicia por sus conocimientos y valor, y tan elocuente que arrebataba con su palabra a cuantos le escuchaban» (1). Fue nombrado caballero de la Orden de Santiago y primer capitán de Guardias españoles, siendo designado para gobernador de Filipinas el 4 de agosto de 1729. Sus dos lustros estuvieron llenos de aciertos por una parte, y por otra de peligros pues si a su decisión se deben la fortificación de todas las islas, el aumento de producción naviera en los astilleros  de Cavite, la reconstrucción de los almacenes reales de Manila y la erección de nueva planta de la Casa Ayuntamiento de dicha ciudad, por otra parte tuvo que vérselas a menudo contra las huestes de piratas moros que venían de Joló y otras islas, auxiliados por tropas holandesas enemigas, de España (2).

Regresado a España, y muy considerado por el gobierno de los borbones, conoció a una joven, de acreditada familia noble molinesa, en Madrid, en una corrida de toros, y habiéndose enamorado de ella la cortejó y visitó en Molina, donde dio una gran corrida de toros en la Plaza de San Pedro, a su costa. Fue rápido el noviazgo y casorio, y don Fernando decidió construirse casa en Molina, aunque luego la usara poco. Puso su escudo de armas sobre la puerta, cubrió de pinturas ­la fachada principal, y llenó la casa de cuadros (según la tradición, los hizo llevar en tan gran cantidad, que se precisaron mil mulas para llevarlos todos), de tapices, de lámparas, de joyas y. muebles suntuarios, que hacían del palacio un lugar de las “mil y una noches”.

Allí vivió el matrimonio feliz algunas temporadas, y al fin fue vendido por sus descendientes al Brigadier Vigil de Quiñones, bajo cuyo nombre se ha conocido últimamente el palacio, hasta que esta distinguida familia lo ha vendido recientemente a otras personas que proyectan las mencionadas reformas (3).

Entre los muchos valores que, como hemos dicho, posee este palacio del virrey de Manila, es quizás el más notable la fuerza ambiental y de carácter que confiere al entorno en que se ubica. Toda una corriente social, un modo de vivir, un aire de nobleza y cosmopolitismo rezuma cada piedra, cada detalle ornamental, cada color que desprende. Su estructura palaciega, a base de la gran puerta barroca y blasonada, de las ventanas enrejadas, los, balcones volados, los aleros grandilocuentes, la escalera noble, hacen en su conjunto un palpitante símbolo de una época que, nos guste o no, ha conformado nuestro país, nuestra raza, y a ella nos debemos tanto como al futuro.

Pasando a los detalles, es preciso señalar el aire riberesco, de palacio barroco madrileño, que su puerta principal encierra. Son nobles las hiladas uniformes de la guarnición de clavos. Son resonantes las molduras retorcidas que contornean el gran vano. Son sobrecogedoras las armas nobiliarias del apellido, que aparece coronado y sostenido de ángeles, escoltado de  trompetas, tambores, lanzas y cañones como correspondía a un capitán que puso el sello de España en los recónditos mares de las últimas Indias. Ni una astilla, de su madera, ni una mota de polvo de su fachada puede tocarse en este palacio, porque es una larga y heroica historia la que por ellas habla.

Los vanos de la fachada conforman en su distribución, alternados con grandes plafones, siete en total, donde aparecen las pinturas, un conjunto de gran valor artístico. Dos ventanas molduradas al estilo de la puerta aparecen escoltándola. Y seis balcones distribuidos en ­dos pisos, ocupan el resto. Entre ellos surgen las pinturas, que en forma de grandes paneles horizontales, representan escenas variadas que ahora describimos, complementadas por frases en latín, Son los paneles de la línea superior los mejor conservados, al haber sido protegidos de la lluvia y el sol por el gran alero que los cobija. Los de la línea inferior han sufrido más y hoy son apenas identificables.

Situándonos frente a la fachada, de izquierda a derecha, y de arriba abajo, aparecen estos temas: 1. pintura de variados y fuertes colores, en la que, ante un fondo de columnas, aparece un anciano leyendo y meditando, y a su lado otros varios sujetos que hablan y discuten. Se corona con esta leyenda: PHILO­SOPHIA / CLAVIS OMNVM / SCIENTARUM.

El que le sigue a la derecha es el más grande de los paneles. Se ve una gran ciudad en aspecto panorámico, con edificios que quieren ser retratos, y variadas especies vegetales exóticas. Sobre el conjunto se ven las siglas IHS, y abajo, en una cartela, aparece el nombre de MANILA, indicando ser esa la ciudad representada. Sobre los árboles aún se distinguen sus nombres es­critos: MANCANO / CACAO / PLATANO. En el tercer panel se ve un ángel con un palo o espada en una mano y un escudo en la otra. Sobre la composición se lee: COELUM. Spe / CULANDO‑TERR‑ / AM. ET AEQUOR / ARARE DOCET. En el cuarto se ven unas figuras de imposible identificación y una frase ya borrosa. REIE ‑ TOR… / DEL ETAT… /AT. QUE… También en la línea inferior de pinturas, y de Izquierda a derecha, vemos tres paneles. En el primero vemos como un ángel muestra a una mujer un cuadro ovalado en el que está pintada la Virgen, mientras unas niñas juegan al pie de la composición. La leyenda dice así: PICTURA / OMNARETE / TOVANUSM / TAL… OVATV…

En el siguiente Panel no se distingue dibujo alguno, y sólo la palabra MITIGATUR, y ya por fin en el último ni siquiera escena ni palabra puede identificarse. Vemos, pues que aunque muy maltratadas por el tiempo estas pinturas de la fachada del palacio del virrey de Manila, sí encierran el valor y el interés suficientes como para ser respetadas y aún restauradas. Es difícil captar su sentido total, al faltar más de la mitad de los temas, pero parece estar relacionado el conjunto con aspectos de la vida, y anécdotas de los viajes del virrey Valdés. Así el retrato de la ciudad de Manila, que gobernó diez años o la escena que encomia a la filosofía como llave de todas las ciencias, o aquella en que se alude a la unión de los tres elementos, cielo, tierra y mares, en los que dominó el magnate, o, en fin esa otra más tierna y fácil de captar en la que, parece aludirse al origen milagroso de una pintura que en su innumerable colección albergaba el virrey dentro del palacio:

De todas las riquezas que en el interior se conservaban quedó aún menos que de las pinturas de la fachada. La invasión de los franceses vació por completo de tapices, cuadros y joyas el palacio. Es tradición que se salvó una colcha magnífica, y los Vigil la regalaron a la parroquia de San. Gil, haciendo con ella un Palio que aún se conserva. Esperamos y deseamos, que hoy no ocurra, en este final de nuestro culto siglo XX, como en anteriores etapas de barbarie, y el palacio de los, Vigil de Quiñones, construido por el virrey de Filipinas don Fernando de Valdés, siga manteniendo en Molina intacta su hidalga presencia, y confiriendo, con ella ese aire de ciudad noble y acrisolada que siempre tuvo y a toda costa hemos de mantener.

(1) Govantes, F. M.: Compendio de la Historia de Filipinas. Manila 1877; pp.262‑264.

(2) Montero y Vidal: Historia General de Filipinas, tomo I Cf. Fr. Juan de la Concepción, en su “Historia General de Philipinas”, 1788, y Cf. Pradera Cortázar, en “Diccionario de la Historia de España”, tomo III, p. 882.

(3) Algunas de estas noticias me han sido facilitadas gentilmente por una persona amante y conocedora de las cosas de Molina, que prefiere no aparezca su nombre en letras de molde.

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