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En el centro, Barbatona

 

Por toda la provincia de Guadalajara se extiende por los rincones; entre clamores de rojiza piedra, sobre la altura viril de los peñascos, en la umbría suave de las arboledas, sobre los páramos, incluso, mostrando sus humildes paredes de tapial, su campanil raquítico, su nave blanqueada en la que, al fondo, se distingue entro, flores y lucecillas de color, el rostro pequeño de la Virgen María, rodeado de un manto anchísimo de seda. Durante siglos de fervor mariano, cada pueblo de nuestra, tierra ha ido elaborando su leyenda, anotando milagros, celebrando romerías. Bien sabe de ello, y bien nos lo dijo no hace mucho en un libro recopilador de advocaciones marianas en Guadalajara, Jesús García Perdices.

El centro de todas las oraciones, de todas las peregrinaciones y reconocimientos milagrosos, está cerca de Sigüenza. En un otero al borde del pinar, asomada ya al alto páramo del ducado. En Barbatona, al borde de la carretera, se ven algunas casonas, una callecica corta y cuestuda, y un par de ermitas de distinta contextura. Aquello es el centro de una antigua y hoy todavía honda devoción. Es el santuario de Nuestra Señora de la Salud. Es Barbatona.

La devoción a esta Virgen tiene su origen remotísimo, nacido Con seguridad, en los tiempos medievales en los que tantas imágenes se «aparecían», cuando en realidad lo que se hacía encontrar, alguna talla escondida anteriormente, por miedo a las invasiones árabes, entre algunas rocas o zarzas. Quiere la leyenda, en este caso de Barbatona, que la Virgen se apareciera a un pastor entre las ramas de un pino, y así las gentes de la región indicaban un árbol ya viejo y desgastado con el nombre del «Pino de la Virgen». El hecho es que la talla de María pertenece a la baja Edad Media, posiblemente del s. XIII, pues en un estilo románico algo evolucionado aunque todavía sim­ple y esquemático, está hecha.

La primitiva ermita, de corte medieval y chata espadaña triangular de remoto origen medieval, fue, utilizada para el culto mariano hasta 1835, en que se comenzó a levantar la actual. En 1854 se puso el Pórtico metálico y se alzó la espadaña, y, finalmente, en 1865 se le agregaron las dos naves laterales. Una amplia barbacana o mirador sobre el paisaje circundante, se extiende ante el santuario, y en prolongación de ella la hospedería de peregrinos,  que fue levantada en 1881, y en 1925 se amplió con un segundo piso, él amplio salón, con que hoy cuenta. Quizás de todos los edificios del  caserío, sea el más antiguo relacionado con la devoción, mariana, la llamada «Casa de la Virgen», que la Cofradía levantó en 1766, y que, construida en sillar rojizo de arenisca, ostenta sobre la puerta un gran escudo del obispo Santos Bullón.

Al interior, destaca el gran retablo de corte barroco, con dos pares de columnas estriadas y rodeadas de voluta vegetal, sin gran mérito en cuanto a su razón artística, pero ostentando en el centro la imagen de la Virgen de la Salud, instalada sobre una plataforma giratoria, que permite ser vista de frente desde su Camarín. Se accede a éste por t4na escalera que parte desde las puertas laterales del retablo. El techo del Camarín se encuentra decorado con sencillas pinturas al fresco en que vemos los atributos y símbolos de la Virgen.

El interior, muy recientemente restaurado lo vemos ocupado en sus paredes con decenas de lápidas en que se inscriben los nombres agradecidos de quienes recibieron la salud de la Virgen. Antiguamente, la profusión de exvotos y cuadros votivos era ingente y llenaba los muros, las columnas y casi hasta las techumbres. Hoy se ha limpiado tal abundancia y sólo se mantienen aquellos más antiguos o curiosos. En otros ­pequeños cuadros de arte popular, que hoy rellenan dos paredes del templo mariano, vemos retratado el problema incesante de las desgracias, los accidentes y las enfermedades que acechaban a los pobladores de la tierra seguntina. Sobre, una cama pequeña o rica, junto a los familiares atribulados, yace el enfermo. Y en un ángulo de la escena, resplandeciente y coloreada, la Virgen se aparece trayendo la salud perdida. Sería curiosísimo hacer la nómina, uno por uno, de todos estos cuadros votivos. La mayoría de ellos son de un popular aire barroco. De los más antiguos es el que dice: “Año de 1737. Estando Esteban Arauz y Cámara mui a las últimas de una grabe enfermedad, le ofrecieron sus Padres a Esta Santa y Milagrosa Ymagen. En breve fue sano”. En otro de 1755 se retrata la primitiva ermita en su interior, pues se va a una madre y sus hijos ante un pequeño altar, y debajo se lee: «Allándose Francisca Yturmendi cuatro meses baldada y Manuel y Ramón de Aguas gravemente enfermos, se ofrecieron al mismo tiempo sus dos hijos a Nuestra Señora de la Salud, por cuia yntercensión fue su Magestad servido concedérsela y vinieron a su santa ca a dar las, devidas gracias el Año de 1755». En estos cuadritos, se ve desfilar la patología, un tanto oscurecida por la ignorancia, de aquellos días: fiebres de sobreparto, tabardillo, calenturas, vómitos de sangre, carbunclo, dolores de costado… Y cientos de dolencias y desgracias desaparecían tan sólo hacer advocación y ofrecimiento a la Virgen de la Salud. Los cuadritos eran pintados por profesionales del tema, que daban a su arte un cariz de infantil llaneza, y un colorido que gustaba a quien lo pedía. Se sabe que en el s. XIX era un señor apellidado Gómez, vecino de Sigüenza, quien se en­cargaba de esta tarea.

Existe todavía una institución que cuida de la, devoción a esta imagen. Se trata de la Cofradía de la Virgen de la Salud, que se fundó en 1734, en Sigüenza, y allí tiene hoy su sede. Se rige por un abad y tiene un número limitado de cofrades que se encargan de cuidar el santuario, administrar sus caudales, y dar solemnidad a su fiesta, que tiene lugar el domingo siguiente a la fiesta de la Natividad, en septiembre. Esta cofradía ha sido la que, desde su fundación, ha hecho las obras de ampliación y arreglos, ha adquirido mantos, coronas y otros utensilios para el culto. Incluso el retablo, la reja, el púlpito y todo cuanto adorna el santuario fue costeado por esta institución. Que llegó a contar entre sus cofrades a don Francisco Díaz y Santos Bullón, obispo de Sigüenza en el siglo XVIII, nombrado en 1756 hermano mayor y protector. En 1955 se celebró con gran solemnidad, la Coronación de la Virgen de la Salud de Barbatona, y es todavía hoy, en los meses de mayo Y septiembre, que las gentes de Sigüenza y de la provincia toda dan una muestra de su devoción por esta advocación mariana, con las grandes peregrinaciones que desde la Ciudad Mitrada al Santuario se realizan, en las miles de personas participan con su cántico y su oración. Cuenta, pues, esta Virgen de Barbatona, con el mejor lugar, con el más céntrico en pechos y en canciones, de todas las Vírgenes de Guadalajara. Y el Santuario, al borde de la pinarilla, anclado en la propia tierra seguntina, da cada día su palabra de honda devoción mariana de estas gentes.

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