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Los Casares, monumento nacional

 

Como un clavo más que quiere remachar esa frase tan utilizada y llena de razón, que viene a decir que la provincia de Guadalajara es todavía muy poco conocida, y sus bellezas naturales, artísticas e históricas muy, poco apreciadas, tanto por los de dentro como por los de fuera de ella traigo hoy al recuerdo y consideración de vosotros, lectores amigos, un lugar injustamente olvidado, poco apreciado y cuidado por cuantos estamentos provinciales deberían cuidar del turismo y la cultura. Se trata de una gruta o caverna que, con el nombre de «Los Casares», se encuentra situada en el valle del río Linares, unos kilómetros al norte de Riba de Saelices, en su término municipal.

La gran entrada o atrio de la caverna, de muy antiguo conocida y explotada para guardar ganado, llamó, en los años treinta poderosamente la atención de un maestro de la zona, don Rufo Martínez, el cual instó al entonces cronista provincial, doctor Layna Serrano, a que la visitara, encontrando muestras en sus paredes del arte prehistórico, en forma de grabados rupestres en las rocas del interior de las galerías. Inmediatamente vinieron los más afamados investigadores, a nivel mundial, del arte paleolítico, como don Juan Cabré y el alemán Obermaier, y el 18 de septiembre de 1935 era declarada la cueva’ «Monumento nacional», quedando bajo la protección del Estado.

Don Juan Cabré, acompañado de su hija, fue quien desde un primer momento se dedicó al estudio concienzudo de la cueva. La topografió por entero, sacando de ella un mapa que ha servido después para establecer el definitivo. Topografió muchos grabados que, con gran, dificultad, fue hallando, y sacó calcos de los mismos. Con su aportación personal puso una puerta o verja de hierro a la entrada de la galería donde se encuentran las pinturas y consiguió del Estado pusiera allí un guarda que tuviera las llaves y la enseñara a quien lo deseara.

Después de don Juan Cabré han sido muchos los investigadores que han continuado estudiando esta cueva. Especialmente el equipo de arqueólogos de la Universidad de Zaragoza, dirigidos por Barandiarán, ha hecho publicaciones de sus hallazgos, y es el señor Beltrán el que últimamente ha estudiado con exhaustividad los grabados de la caverna, y prepara su edición con bastantes hallazgos nuevos.

No es mi intención describir aquí por entero este monumento nacional. Si decir someramente de sus características que le hacen centro de atención de cuantos se interesan por el arte prehistórico. La cueva se sitúa en un terreno de características triásicas, a medía ladera bajando hacia el río Linares. Sobre ella aún se alzan las ruinas, de una atalaya medieval del siglo XIV, y el terreno que la precede denuncia la existencia de un antiguo poblado que fue ocupado en la Edad Media por árabes. La cueva tiene un gran vestíbulo, al fondo del cual se abre la galería, que tiene una longitud total de unos 258 metros. A poco más de 30 metros del comienzo, la cueva se hace anchurosa y aparece el seno A, en el que abundan los grabados. Siguen éstos apareciendo por la galería, y se hacen más abundantes en los llamados seno B y seno C.

Todos los grabados hechos por el hombre primitivo sobre la roca son de tipo paleolítico, y encajan dentro del estilo o escuela cántabrofrancés. Cabré afirmó aún más y asignó épocas y estilos diferentes a unas y otras figuras. A sí, existen una mayoría de grabados del período auriñacense, y otros del solutrense y madaleniense inferior.

Las representaciones de la cueva de «Los Casares» abarcan todas las facetas de la vida que sobre el planeta, y más concretamente en la zona de Riba de Saelices, existían hace miles de, años. En sus paredes, el hombre primitivo dejó grabadas, quizá con esa intención propiciatoria y ritual que se ha querido achacar al arte paleolítico y rupestre, las cosas que veía y necesitaba. Aparecen figuras de vegetales, siluetas, y signos arborescentes, éstas, en tamaño muy reducido. Luego, vienen los animales. La abundancia y minuciosidad con que aparecen trazados los seres vivos del período paleolítico español es lo que aún nos conmueve, emociona y maravilla al contemplarlos en las paredes de «Los Casares». Magníficos caballos, muchos ciervos, toros, bisontes, uros, cabras, liebres, peces, un mamut, un rinoceronte, un hipopótamo, felinos, quizá una leona, pájaros, etc. Todos ellos superpuestos o aislados, en abundancia.

La parte quizás más interesante del arte de «Los Casares» la constituye el grupo de fieras antropomorfas, esto es, de hombres primitivos autorretratados en varias faenas de su vida. Los hay montados a caballo, y los hay y éste es ejemplar único en el mundo, lanzándose a la superficie del agua para pescar o bañarse. También Cabré dedicó un estudio especial para las figuras antropomorfas de esta cueva.

Ahora lo que se necesita es, por una parte, dar a conocer esta cueva a nivel nacional e internacional, para incrementar un turismo de aficionados al arte en la zona alcarreña, que cuenta con otras posibilidades, como es el Monasterio de Buenafuente, o todo el Alto Tajo, tan cercano, a la zona. Y, por otra parte, habilitar los necesarios e imprescindibles medios de comunicación hasta la cueva.

Porque si es muy cómodo llegar a Riba de Saelices, mediante carretera asfaltada, hasta el pie mismo de la cueva, es imposible llegar si no es tras largo rato de camino a pie, lo que resta mucho tiempo al visitante de poder aprovechar su tiempo. En repetidas ocasiones se ha tratado este tema del acceso a la cueva de «Los Casares» y nunca se ha llegado a una solución. El pueblo inició hace años, con ayuda de la Diputación Provincial, el camino partiendo del mismo pueblo, e incluso se colocó un indicador que hoy lo único que hace es confundir y desorientar. Porque parece decir al viajero que, siguiendo la flecha, llega con su coche, y a lo más lejos que llega es a la casa del guarda, don Emilio Moreno, quien, con verdadero entusiasmo y dedicación, se muestra siempre dispuesto a ir hasta la caverna y explicar detenidamente cuanto en ella se atesora.

El camino más interesante, más, práctico y con mayores posibilidades de convertir en acceso definitivo a la gruta, es el que sale a la izquierda del puente que sobre el río Linares (o Salado, como le pusieron en un cartel los de Obras Públicas) atraviesa la carretera de Riba de Saelices a Mazarete. Ese camino va siempre por la parte baja del valle, algo elevado sobre el nivel del río, sin peligro de avenidas y con buen firme, pudiendo llegar hasta el mismo pie de la cueva. ¿Quién debería, en definitiva, encargarse de esta obra que, aparte de sencilla y poco costosa, es de una grande e inminente necesidad para el turismo alcarreño?, La Diputación Provincial y la Delegación Provincial de Obras Públicas se han declarado recientemente ajenas al problema. En realidad, y con la legalidad vigente en la mano, debería ser el pueblo de Riba de Saelices el que cargar con esta obra. Pero no posee el Ayuntamiento, los fondos suficientes para ello. Quizás con una ayuda que el Gobierno Civil, atento siempre a lo que trata de promoción a nivel nacional, de nuestra tierra, y del Ministerio de Información y Turismo, tomando en cuenta la aportación personal que el pueblo de Riba ha ofrecido, en diversas ocasiones, podría ser muy Pronto una realidad este necesario, camino para vehículos hasta la cueva de «Los Casares», uno de los monumentos, nacionales de mayor valor e interés que posee nuestra provincia de Guadalajara.

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