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Presencia judía en Guadalajara

 

Esa raza fértil, inteligente y elegida por Dios que es la hebrea, en triunfo resonante sobre el cercano oriente, durante los antiguos tiempos, y luego en dispersión total por el mundo en los últimos dos mil años, ha dejado en España las huellas de su paso en multitud de recuerdos, monumentales y en gran cantidad de hechos históricos. Desde su llegada en los siglos del cristianismo, hasta su expulsión intencionalmente, definitiva en el siglo XV por los Reyes Católicos, los judíos se, asentaron también en las tierras de Guadalajara.­

En numerosas  localidades de nuestra, Provincia tuvieron organizado asiento los hebreos, por medio de aljamas o comunidades, que era el único modo en que se acostumbraban a vivir. Así es segura su existencia en las localidades de Sigüenza, Guadalajara. Hita, Alcocer, Mondéjar, Jadraque, Atienza, Brihuega, Torija, Pastrana,  Almoguera, Cifuentes y Tendilla (1). De algunas de estas villas y ciudades, quedan recuerdos más abundantes que de otras. Así, Por ejemplo, en Hita, se sigue llamando «el Mulatar de los Judíos» a una parte del pueblo en que se dice habitaron. Su aljama fue muy numerosa e importante, viviendo en ella celebrados personajes, incluso algún médico famoso (2). En el propio castillo de Hita tuvo el judío Samuel Leví, tesorero ma­yor del rey Pedro I de Castilla, sus depósitos y recaudaciones,

También Atienza tuvo judería enclavada en un altozano al Este de la población de la que hoy sólo quedan ruinas y murallones. Se encontraron en ella, hace tiempo, huesos de sus habitantes, que eran enterrados allí mismo, y monedas de cuño hebreo.

La colonia judía de Brihuega fue notable. En el siglo XV, concretamente en 1436, su señor, el arzobispo, de Toledo dictaminó una orden en la que imponía el respeto y la protección hacia los judíos, y don Pedro Tenorio puso luego en miércoles el mercado, para que acudieran a él sin dificultad de celebrar sus ritos religiosos, (3). Por entonces, tenían los judíos briocenses, una importante sinagoga, cuyo recuerdo ha quedado hoy en la llamada «calle de la Sinagoga». El templo de San Simón, de estilo mudéjar, fue también sinagoga hebrea, según Amador de los Ríos (4), erigida en el siglo XVI por la poderosa al­jama judía, de Brihuega, que en 1474 era tan rica como las de Madrid y Ciempozuelos (5). Otros autores más modernos, han desechado esta teoría, creyendo que en realidad se trató del ­templo mahometano (6).

La ciudad de Guadalajara contó, siempre con abultada colonia hebrea. Cuando Alvarfáñez entró en la ciudad, halló que en esta moraban juntos moros y judíos, sin problemas. Y lo mismo que a los árabes, permitió a los hebreos, que continuaran viviendo y teniendo su sinagoga (7). Precisamente, en los siglos de la Edad Media, ya de dominio cristiano en la ciudad, fue cuando loa judíos vivieron más cómoda y ricamente en Guadalajara.

Cuatro fueron los templos hebreos en la ciudad del Henares. Cuando en 1492 se hizo relación de los «bienes comunes que los cabildos e cofradías e aljamas de los judíos de la ciudad de Guadalajara tenían e dexaron», se citan entre otras cosas «las lámparas de las sinagogas».

La Sinagoga  mayor de Guadalajara parece ser que estuvo en el centro de la zona judaica, en lo que hoy son calles de Francisco Cuesta, Teniente Figueroa, Inge­niero Mariño y Benito Hernando, siendo el nombre de la actual «calle de la Sinagoga» un recuerdo de aquélla, que fue cedida por los Reyes Católicos a la  familia de Labastida (8), y más tarde, derribada para construir el convento de la Piedad por doña Brianda de Mendoza, en los alrededores del palacio de su tío, don Antonio de Mendoza. Desde mucho antes, ya en el siglo XII, era, este el barrio judío. En se centro fue colocado el, convento de Santa Clara, y a estas monjas le vendieron casas y huertas anejas algunos judíos, como Samuel Camhy, quien en 1290 vende a las clarisas «unas casas de la colación de San Andrés, lindantes con las de Fernando, Pérez, y otra casa que fue sinagoga».

Las otras tres sinagogas de Guadalajara, de menor importancia que la anterior, fueron «la sinagoga vieja de los Matutes», mencionada por don Zulema – Asayel, en un documento de 1490, en el que dice «en nombre de la synoga que disen de los Matutes…  e de  los onbres que disen  orasión en   élla». Las otras se llamaban sinagoga de Midrás y Sinagoga de los Toledanos (9). Esta última debía andar por la actual cuesta de Calderón, y fue cedida en 1492, por los Reyes Católicos al Monasterio Mercedario de San Antolín, para que en ella pusieran un pequeño hospital. Dice así el documento de donación… «para reme­diar tan grande necesidad como teníades, vos fiziésemos merced de la Sinoga, que se llama de los Toledanos, que los judíos de la dicha Ciudad (de Guadalajara) dexaron, al tiempo que salieron destos nuestros Reynos, donde pudierdes fazer casa de enfermería para que los dichos religiosos se curasen…» (10). Pocos años antes, en 1472, el comendador de dicho convento­ suscribía censo de unas casas de Guadalajara, propiedad del cirujano hebreo don Huda Correr (11). El cementerio hebreo estuvo situado en frente de la puerta de Feria o torreón de Alvarfáñez, al otro lado del barranco de San Antonio. Lo llamaban «Castil de judíos». Hubo también importante aljama en Sigüenza. Dado que en 1415 se mencionas unas casas situadas «en el arrabal, y judería nueva» de la ciudad, situadas, fuera de la muralla, es lógico que hubo un barrio judío más antiguo situado en el interior de la población. El Cabildo mantuvo siempre relaciones comerciales con los hebreos quienes compraban y vendían casas a los clérigos (12).

El 15 de febrero de 1496, tras la expulsión, el Cabildo seguntino, que quedó en automática posesión de los bienes de los judíos, in­tentaba vender «la sinagoga» a Pero Laso. En septiembre de ese mismo año, tomaba posesión de una parte del edificio el licenciado Villena, notario de, la. Inquisición en Sigüenza. En los años siguientes, el Cabildo la arregló y retejó, y, finalmente el 19 de diciembre de 1498, la vendió al Señor Doctor (el médico del cabildo), en 20.000 maravedíes (13). El lugar donde estuvo situada esta sinagoga es difícil de concretar actualmente, pues, mientras un documento del Archivo Catedralicio, de 1343, la dice situada en la calle de San Vicente, actualmente existe en Sigüenza un calle que se llama «de la Sinagoga», que sube desde la Travesaña alta en dirección a la iglesia del patrón y al castillo. Según don Aurelio de Federico, este nombre es moderno pues antes se llamaba «calle de Judas», tal vez por Judíos, que habitaban en ella. En esa zona alta, de tojos modos, tuvieron su centro social, los hebreos de Sigüenza.

Por el resto de la provincia, se asentaron, a veces en plan de trashumancia, otras en forma de residencias habituales, los judíos. Algunas huellas tangibles de de su paso nos han quedado, como son las marcas de cantería de algunos edificios, entre los que recordamos ahora la iglesia de Pinilla de Jadraque, y el mismo Palacio del Infantado lo que supone que trabajaron en los menesteres manuales, y esa exalfa o estrella de David, símbolo perenne del pueblo hebreo que aún vemos en el aljmez de las ventanas absidiales de la iglesia de Santa Colomba, en Albendiego.

NOTAS

(1) Catalina García J. «La Alcarria en los dos primeros siglos de la reconquista”, tercera edición Institución “Marqués de Santillana” 1973, p. 53.

(2) Cantera, F. y Carrete Larrondo, C. “La judería de Hita” Sefarad, XXXII (1972), f. 22

(3) Catalina García, J. “El Fuero de Brihuega”, 1887.

(4) Amador de los Ríos, R. “La Sinagoga Mayor de Brihuega” La Ilustración Española y Americana, Spt., 1903, p. 171.

(5) Amador de los Ríos, R. “Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal”, t. II, p. 53.

(6) Cantera Burgos, F. “Sinagogas españolas”, Madrid 1955, p. 179

(7) Torres, F. de “Historia de la nobilísima ciudad de Guadalaxara”, manuscrito en la Biblioteca Nacional.

(8) Pareja Serrada, A. “Guadalajara y su partido”, 1915, p. 59.

(9) Cantera Burgos, F. op. Cit., pp. 225.227.

(10) “Donación que hizieron los Reyes Católicos a los Frayles de la Merced, de la Sinagoga de los Judíos, para hacer enfermería en Gudalaxara”, al fol. 11º del manuscrito de fr. Juan Talamanco, sobre noticias del Convento de S. Antolín en Guadalajara.

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