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Hierro en Sigüenza: una reja inédita

 

Entre las numerosas obras de arte, todas ellas muy interesantes, que conserva la parroquia de Riosalido, a 12 kilómetros de Sigüenza, vamos a detenernos hoy ante una de ellas, merecedora por sí sola, de la visita y admiración de cuantos aficionados al arte hay en nuestra provincia. Se trata de una reja, humilde y escueta, pero merecedora de ser incluida en el repaso general del arte renacentista por tierras de Guadalajara.

Cierra este elemento la capilla que, en el lado del Evangelio, abriéndose al presbiterio de la parroquia, fundó en los últimos años del siglo XVI el licenciado don Pedro Gálvez médico que fue del Cabildo seguntino y posteriormente de Felipe II y su regia familia. Acerca de esta figura de nuestra medicina hablaremos en otra ocasión. Digamos hoy solamente cuatro detalles que centren al personaje en su época: casado con doña Ana Velázquez de Ledesma, era señor de Riosalido y villas colindantes, así como de las salinas de la Olmeda, de las que obtenía rentas sustanciosas, como se desprende de las disposiciones testamentarias que dejó a su muerte. En una lápida adosada a la pared de esta capilla aparece la relación de las obras pías que encargó a su muerte.  En el centro de la sala, tallados en blanco alabastro, yacen las efigies de ambos personajes, y en un lugar de la iglesia, distinto del primitivo, aún se conserva el retablo que, en honor de la Asunción de la Virgen, mandó levantar.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, señalaremos las características de la reja que cierra esta capilla, de cuya imagen se acompañan estas líneas. Posee dos cuerpos y un remate, perfectamente ajustada toda ella al vano de ingreso, confirmando así la suposición de ser encargada ex profeso para ese lugar. El cuerpo inferior, y principal, posee tres calles: dos laterales de 5 barrotes cada una, y la central, en forma de puerta con 2 hojas, con 8 barrotes en total. Todos ellos adoptan la misma estructura de balaustre central, circuido a diversas alturas por anillos. Los elementos (4 en total) que limitan las calles laterales, son ligeramente diferentes, llevando decoración repujada en la parte superior de su curva balaustral. El resto de los barrotes posee unas volutas añadidas rematadas en sencillas flores de chapa recortada.

Se corona este cuerpo con un friso repujado en el que figuran cartelas en blanco y roleos sencillos. Sobre él aparece el segundo cuerpo, muy breve en comparación al primero, con 18 minúsculos balaustres que rematan en otro friso, también de chapa repujada, en la que alternan pequeños florones con aladas cabecillas de ángeles.

Por fin, y rellenando el semicircular vano que resulta del arco de entrada a la capilla, aparece un alborotado remate de tradición fuertemente plateresca, en la que simétricamente dispuestos aparecen un par de cabezas draconteas de cuyos roleos arrancan otras tantas extrañas figuras aladas que vienen a representar sirenas. En el centro, y sobre una pequeña figura fantástica, aparece el escudo del licenciado Galbez dentro de circular medallón, rematando todo ello en una sencilla cruz.

Con esta descripción, y la imagen que la acompaña, podemos darnos cuenta se trata de un aceptable ejemplar de reja renacentista, aunque con todos los caracteres de la decadencia de este arte, muy propios del siglo XVII, en el que los maestros rejeros continúan trabajando conforme a los modelos estilísticos creados por sus antecesores en la primera mitad del siglo XVI, y sin apuntar ninguna solución nueva.

Las dudas surgen, en el caso de la reja de Riosalido, al tratar de concretar su fecha y encontrarle autor. La primera no es demasiado difícil de argumentar pues, tal como se señala en la lápida mencionada adosada a la pared de la capilla, ésta “acavóse a 27 de junio de 1592”. Dando esa fecha para la terminación de la obra de albañilería, lógicamente la reja se colocaría unos años después, muy probablemente en los primeros del siglo XVII.

En cuanto a la segunda cuestión, esto es, el autor o autores de la obra, nada en concreto podemos afirmar. Es indudable que la reja salió de los talleres seguntinos que tanto auge fueron cobrando a lo largo del siglo XVI, tras la estancia en la Ciudad Mitrada de Juan Francés, y el posterior trabajo de sus discípulos, en especial de Martín García. En esos talleres, que para este tipo de obras ya requerían ser bastante especializados, trabajó en 1561 el rejero conquense Hernando de Arenas, construyendo la reja de la Capilla del Espíritu Santo o de las Reliquias, en la catedral seguntina. Sin embargo, hasta el segundo cuarto del siglo XVII, no encontramos a un rejero famoso, Domingo Zialceta, trabajando los cierres de altar mayor y coro de esta catedral, encargos de los obispos González de Mendoza y fr. Pedro de Tapia, respectivamente, en 1623 y 1649. Queda, pues, un gran vacío entre las obras de Arenas y Zialceta, justamente en la época en que suponemos fué construida la reja de Riosalido. No obstante, y sin poder llegar a su adscripción a ninguno de estos artistas, nos inclinamos por el aire castellano viejo de este último, heredero de los grandes rejeros vallisoletanos, Francisco Martínez y Juan Tomás Celma, que a fines del siglo XVI dan el último toque de propia innovación al arte de la gran forja, que en lo sucesivo quedará muerta y sin salvación posible.

Así enmarcada, la reja que cierra la capilla de la Asunción, del patronato de don Pedro Galbez y doña Ana Velázquez, en la iglesia de Riosalido, es una obra más de nuestro arte provincial que bien merece este público recuerdo.

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