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Hierro de Sigüenza: Juan Francés

 

El hierro ha sido, en. la galo­pada incesante del dominio huma­no sobre la naturaleza, un cami­no más por donde manifestar el poder creador y la llama artística de los hombres’ La conjunción de diversas circunstancias ‑ sociales entre los siglos XV y XVI hicieron de ‑estas dos centurias el momen­to de mayor cultivo y mejores lo­gros en el campo de la forja ar­tística. En España especialmente, donde los potentados trataban de­ asegurarse la salvación eterna a base de obras pías e «inversio­nes» de tipo religioso, la reja ca­tedralicia alcanzó un gran auge. Por todas partes surgieron, en di­chos siglos, capillas y panteones, que acababan cerrándose con el calado y el rizo del hierro mode­lado.

Estrechamente unidas la arqui­tectura y la forja en nuestras co­legiatas, iglesias y catedrales, es en muchas ocasiones esta última la que marca la ruta a la prime­ra en el quehacer estético y la concepción de soluciones. Esto es, que muchas veces son los maes­tros rejeros, a pesar de su poco aprecio entre las altas esferas del arte, quienes aportan las prime­ras visiones de un nuevo estilo arquitectónico. En el arte plate­resco español, es este un hecho bien probado.

La catedral de Sigüenza es lu­gar donde se junta una de las mejores colecciones de hierro for­jado de toda España. Detalle éste que pasa desapercibido a la ma­yor parte de sus visitantes. Y es, además, de una época muy inte­resante, el paso del siglo XV al XVI, el que en ella se halla con profusión representado.

Hoy trataré solamente de la obra de un rejero, concretamen­te del “Maestre Juan Francés, Maestro Maior de las obras de Fiero en España”, como se firma él en algunas ocasiones. Induda­blemente, la personalidad de ma­yor relieve en ese tránsito de dos épocas tan distintas como son el gótico y el renacimiento: Juan Francés alcanza la maestría en la primera y sabe amoldarse, incluso con buen éxito, a las segundas directrices. Nada se conoce de su vida y orígenes, creyendo fuera de nacionalidad francesa por el apellido adoptado en su trabajo. En 1482 está ya trabajando en Toledo, primero como maestro armero, y, ya en 1494, como rejero, haciendo la del vestuario de la Catedral Primada, en la que rápidamente se impuso y creó taller propio. Los años que median entre 1500 y 1520, ven el apogeo unánime e indiscutible de este artista, que siembra Castilla con sus obras, de recia textura gótica en sus inicios, adoptando, solamente al final de su vida, ciertos elementos renacientes y. platerescos que, de todos modos, sabe domeñar y encauzar entre su gótica manera de hacer. A este período, ya declinante, pero todavía magistral, de la obra de Juan Francés, es al que pertenecen algunos ejemplares de rejas seguntinas. Veámoslos.

Una de las mejores muestras del hierro seguntino es la reja de la capilla de la Concepción, en el Claustro, obra de hacia 1509, en la que trabajó el maestro Usón, bajo la dirección y con las trazas de Francés. Algo después, hacia 1518, fecha en que se termina el altar de Santa Librada, Juan Francés y su discípulo Martín García realizan la reja baja que circundó el conjunto plateresco formado por el mausoleo de Don Fadrique y dicho retablo de la patrona de Sigüenza. Esta reja, que solo conozco por fotografías, era un pro­digio de elegante minuciosidad, especialmente en la labor plateres­ca de su friso repujado y en el re­mate exento de todos sus barrotes. A raíz de los desperfectos sufridos en la Guerra de Liberación por la catedral de Sigüenza, esta reja se desmembró y ya no volvió a su lugar.

En 1520 termina Juan Francés, la pequeña reja que cubre el sepulcro de Santa Librada. Su cuerpo es de estilo gótico, con barrotes entorchados y adornos romboidales o cordiales, mientras que el friso y, remate, todo en chapa repujada, es netamente plateresco, con un florón central y dos prolijos roleos laterales. Del mismo año aproximadamente es la sencilla reja que cierra la sacristía de Santa Librada, hoy de canónigos, en la que corazones y rombos, los clásicos elementos de la reja gótica, se hacen grandes y dominantes entre los barrotes, de simple arista viva.

De hacia 1525 es la reja de la capilla de San Juan y Santa Catalina, tras la que duermen en alabastro varios miembros de la familia Vázquez de Arce, sus fundadores, entre ellos el tan conocido Doncel don Martín. Aquí consigue Juan Francés el justo y perfecto equilibrio entre su primitivo quehacer gótico y el nuevo plateresco que surge, que le cautiva y al que se adhiere entusiasmado. Mientras que los barrotes entorchados se abren en ojos romboidales, los frisos, pilastras divisorias de las calles y remate se lanzan ya al onírico mundo del Renacimiento, con profusión de hojarasca, armas y trofeos, animales fantásticos, vegetación en roleos, etc.

Cobró Francés 125 ducados por es­ta obra.

De 1532 es la última obra que el maestro mayor del hierro en Espa­ña hizo en su vida. Está también aquí, en Sigüenza, cerrando la capilla gótica, hoy parroquia, de San Pedro, en el pie de la nave catedralicia del Evangelio. Es, en mi opinión, la más bella obra de hierro que atesora la catedral seguntina; la más airosa y bien distribuida; en la que mejor se ofrecen combinados los barrotes cuadrados y los entorchados, rombos y corazones, frisos y remates. La chapa que corona la puerta es de lo más rico que puede hallarse en este tipo de trabajos, y el montante o coronamiento, de chapa de Flandes repujada, goza de las características del arte de los plateros. Patrocinó esta obra el obispo Luján, cuyo es el escudo que campea en el remate. Cobró Juan Francés por ella 69.565 maravedises.

La magnífica reja que cierra la capilla de la Anunciación, cuya ornamentación de estuco mudéjar es alabada unánimemente, puede ser atribuida, casi con seguridad, a Juan Francés, aunque no hay juicio documental ‑alguno en su favor. Mientras Teresa Andrés (1), afirma su paternidad, Pérez Villamil (2) y Ramón Aznar (3) no se manifiestan. De todos modos, y una vez estudiado con detenimiento el conjunto de obras férreas de esta catedral, sólo a Juan Francés cabe atribuir esta reja. Basas góticas, recias pilastras entorchadas, un friso intermedio de chapa calada y un remate que, a pesar de su ornamentación plateresca, mantienen el aire gótico de todo el conjunto, nos permitiría incluso fecharla entre 1520 y 1525. Esta capilla, fundación de don Fernando de Montemayor, arcediano de Almazán, quien en 1515 ordenó la construcción de su portada, reja y sepulcro, es también uno de los mejores conjuntos, de este temple.

Queda aún otra obra, atribuida por Pérez Villamil al maestro Francés, de la que por varias razones ya expuestas (4) creo no puede añadirse a la lista de las realizaciones de este gran rejero. Se trata del elemento que separa la sala Capitular (hoy museo catedralicio) de la capilla de Santiago o de Mora. Su flojo remate y la introducción de nuevos elementos ornamentales en el discurso de sus barrotes, hacen muy probable sea de la mano de Martín García, figura poco conocida del Renacimiento alcarreño, y de cuya obra férrea en Sigüenza trataré en próxima ocasión. Hoy ha quedado señalado el paso por Sigüenza de uno de los más geniales artesanos que en España dieron forma y rizo al hierro de nuestro Renacimiento.

(1) Teresa Andrés, «El rejero Juan Francés», Arch. Esp. de Arte, 1956, XXIX, n.9 115 pp. 189210.

(2)    Manuel Pérez Villamil, «Estudios de historia y arte. La catedral de Sigüenza», Madrid 1899.

(3) J. Camón Aznar, «La escultura y la rejería española del siglo XVI», Madrid 1967.

(4) A. Herrera Casado, «Forja alcarreña. Estética de un hacer popular», premio “Alvarfáñez de Minaya”, 1973, inédito.

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