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Recordando a Ochaíta

 

Ahora, cuando la nieve, de febrerillo loco ha reemplazado a las doradas presencias trigueñas de un antiguo mes de julio, serenos ya los, ánimos de quienes, por ser sus devotos amigos no podían comprender aún la desaparición del ser querido, Guadalajara entera ha asistido, cordial y, emocionada, al llamamiento que el Ayuntamiento de la ciudad, junto a los hombres del Núcleo Pedro González de Mendoza, le han hecho. Llamada  suave, intimista; llamada de amigos, a los amigos; voz queda para recordar la vibrante la alada voz que se pe­diera para siempre: la de José Antonio Ochaíta, el poeta grande de las inacabables Alcarrias, él cronista hondo y gentil de esta Gua­dalajara nuestra.

Con tres actos sencillos cua­jados de añoranzas, poéticamente puros, se levantó la memoria del hombre y del poeta. Contamos la presencia del excelentísimo y reverendísimo doctor Castán Lacota, Obispo de nuestra Diócesis; la de los ilustrísimos señores, don Antonio Lozano Viñés, Alcalde de Guadalajara, y don Mariano Colmenar Huerta, Presidente de la Diputación, la de don Ángel Montero Herreros, presidente del Núcleo González de Mendoza, así como la casi totalidad de miembros de este grupo cultural;.concejales de la ciudad, diputados, amigos de Jadraque y gran número de gentes que conocieron la gracia y el verbo de Ochaíta.

En la plazuela del Carmen

A las seis de la tarde, en la umbría y, recoleta plazuela  del Carmelo arriacense con la parda presencia volátil de Teresa y Juan, de sus caminos sus majadas y sus estrellas, descubrió, el retrato escultórico, hecha carne el negro bronce, en que Navarro Santafé ha rememorado al poeta. Nuestro señor Obispo bendijo, en el Padre, la materia cá­lida. Rezó un Padrenuestro en memoria de quien tanto, pisó los caminos de la religión y el cristiano misterio. Habló después don Ángel Montero, como presidente del Núcleo, González de Mendoza, pero, sobre todo, como amigo total del homenajeado. Al fin de sus bellas y equilibradas palabras, saltó la idea y la propuesta: la de inscribir a José Antonio Ochaíta en el “Libro de Oro de la Provincia de Guadalajara” Si. Un libro que aún no existe. Un breve e íntimo plazal que, debiera de crearse. Dio las gracias, en fin, con palabra breve y emocionada, don Luís Ochaíta, hermano del fallecido Cronista.

Con Luís de Lucena

Poco después, ‑el cielo, por Guadarrama, ardiendo ‑ en esa serena estancia, ciudadana que son los aledaños; de la capilla mudéjar de Luís de Lucena se procedía a descubrir la estela de cerámica y ladrillo donde aparece, ya para siempre en mineral grabado, el soneto vibrante, barroco, alado,  qué Ochaíta dedicara a ese alcarreño del siglo XVI que tanto se distinguiera en las letras y las artes del Renacimiento. Sobre el rojo baldosín, los nombres de Lucena y Ochaíta se han unido en el recuerdo de los alcarreños ‑José Antonio Suárez de Puga, actual cronista de la ciudad, leyó unas cuartillas de elogio y  añoranza del poeta, acabando con la rima sonora y culta del soneto: “Este Luís de Lucena, Judaizante…” A Carlos Iznaola debemos el  proyecto de la estela, que ya se convierte, por derecho propio, en un pálpito nuevo de la ciudad del Henares

En el Ayuntamiento

La rúbrica literaria a este par de callejeros instantes, fue puesta en el Salón de Actos del Ayuntamiento de nuestra ciudad, totalmente abarrotado de público, a las siete y media, de la tarde. Con la presidencia, de las autoridades anteriormente reseñadas, dio comienzo La tarde y el Verso: Dolor y Loor por José Antonio Ochaíta. Realizó la ofrenda,  con la cálida palabra magníficamente ­conducida, Baldomero García Jiménez. Tras realizar los límites humanos y poéticos de Ochaíta, y hablar de la mentalización que en el pueblo alcarreño ha comenzado a surgir hacia la poesía, nos dijo cómo «del dolor ha nacido este loor». La presencia continua del poeta, cuaja en todos y cada uno de los partidos judiciales. García Jiménez se refiere a las ciudades y los pueblos de Guadalajara en las que Ochaíta dejó la luz, el son, la inacabable presencia de su verso, Y acaba presentando a quienes hoy, con su sincera palabra rimada, rinden homenaje poético a quien fue amigo y maestro.

En primer lugar actuó el joven Juan Morillo­-Velarde Taberné, quien desde su jovencísima seriedad de poeta, trazó y recitó “Dos sonetos por José, Antonio Ochaíta, poeta de la Alcarria». Magníficos ambos de musicalidad y hondura, fueron clamor, de una nueva, voz que surge.

Continuó Juan Antonio Suárez de Puja, Cronista de la ciudad de Guadalajara, trazando a golpe de sincero verso el recuerdo que en esta ocasión necesitábamos: recitó en primer, lugar un poema, cargado de magnífica dialéctica conducida, donde la “costumbre” y la añoranza de Ochaíta se hacía carné, y temblaba. La voz del poeta, muerto, «lluvia de Alcarria… piedra de melodías eternas» casi se palpaba nuevamente. Concluyó su larga intervención Suárez de Puga con otro verso en honor del homenajeado, que compusiera en1915, y el poema que, en honor de S. Juan de la, Cruz, recitara en Pastrana la medianoche  en que muriera, su compañero.

Francisco Garfias centró su intervención, de contenida emoción cargada, sobre aquél “Tengo la Alcarria entre mis manos… “con que Ochaíta se despidiera de este mundo. «Para nombrar a un poeta muerto, hace falta un silencio muy largo». Garfias, sin embargo, se entretiene en el canto, el ser y el hacer de Ochaíta. «Ya, estás en tu último verso desenclavijado», le, dice, terminando por proclamar el modo en que nuestro poeta levantaba entre los dedos a su tierra alcarreña «como un viril»

Tras justificar las ausencias de Duyos, Muelas y Murciano, quienes por diferentes causas no pudieron asistir según estaba previsto, el doctor Lozano Viñés, alcalde de nuestra ciudad, cerró él acto con bellas palabras, cargadas de erudición y gratitud hacía quienes, ‑periodistas, señor Obispo, Núcleo González de Mendoza, y todos los alcarreños- habían hecho posible este cordial homenaje a quien, declaró el doctor Lozano Viñés, era un lujo de Guadalajara»: su breve y hondísimo poeta, José Antonio Ochaíta.

Acto, en suma, que dejó en el ánimo de este cronista el buen sabor de las cosas preparadas y maduradas con amor, con entusiasmo, con veneración. Tarde invernal que abrió, sin excesos fúnebres la puerta de la eternidad, -por donde los justos y los cargados de buena voluntad se salvan ‑ a este que fue nuestro erudito cronista, nuestro gran poeta, nuestro inolvidable amigo José Antonio Ochaíta. José Antonio, ya, de Guadalajara.

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