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Mondéjar en el siglo XVIII (II)

 

En contra de lo que estamos viendo en muchos otros pueblos de la provincia de Guadalajara, incluso de la misma Alcarria, Mon­déjar tenía en el siglo XVIII menos población, que actualmente. Claro signo de su crecimiento y progreso. En 1752 eran 330 vecinos, incluidos los sacerdotes, las viudas y los pobres. Y se catalogaban 320 casas habitables, 10 arruinadas, 30 solares, 29 bodegas, dos Mesones y una fragua.

Quizás se éste que vamos a tratar a continuación él capítulo que más interés despierte para el conocimiento, anecdótico, íntimo, familiar, de lo que era, de lo que se hacía en Mondéjar en la mitad de la decimoctava centuria. Nos estamos refiriendo a las ocupaciones con las que sus vecinos se ganaban la vida, desgastaban el mundo y al tiempo lo recomponían, y se salvaban (los que podían) tras la muerte.

El alcalde mayor era al mismo tiempo, administrador de las rentas del Marqués dé Mondéjar: un hombre de confianza que defendía pueblo y posesiones, mientras el magnate intrigaba y, se divertía en la brillante Corte borbónica de Madrid. Tenía este hombre un sueldo anual de 500 ducados; un buen pellizco para la época. También residían en el Pueblo un Mayordomo de Su Alteza el Infante Cardenal, y otro que lo era de la Renta Real del Tabaco. Los oficios de letras se completaban con un abogado, tres notarios (Manuel, Ximénez Asensio, Juan Antonio Ximénez y Manuel Martínez), y un escribano del Ayuntamiento.

La Sanidad estaba bien atendida. Aunque había dos médicos, só­lo uno, don Lázaro Carrascosa ejercía la profesión, apreciándosele una ganancia anual de 6000 reales. El otro doctor, don Pedro Heredia, «se halla imposibilitado por estar ciego». Existía, en cambio, un especialista, el único, según mis investigaciones, que había en toda la provincia de Guadalajara por aquéllas fechas: se trataba de Sebastián de Rueda, oculista, que ganaba 700 reales al año. Tam­bién existía un Cirujano (Eugenio Guzmán), cuyas funciones se limitaban a «asistir a los enfermos, sangrarlos y informar al Médico su estado», por lo que su pomposo nombre sería traducido hoy por el de practicante o ayudante técnico sanitario. También, dentro del ramo de la Sanidad, se incluía al Barbero, que simultaneaba tal como, ocurría en toda España en esa época, su función de cortar barbas y cabellos con el de aplicar sanguijuelas y hacer sangrías, ayudando así al Cirujano, y llevando adelante el sistema terapéutico tan de moda. Un ‑Boticario en fin, que lo era don Bernardo Aybar, con una ganancia anual de 2500 reales, se ocupaba de producir y distribuir las medicinas entre los enfermos que las precisaban. Las ganancias de todos estos profesionales procedían del «prorrateo o iguala» que ajustaban entre los vecinos.

Otros oficios aún tenidos, por “intelectuales” y bastante bien mirados, eran los de Sacristán mayor, sacristán menor y bajonista (1), tenor de música, con una ganancia anual de 106 reales por su oficio, maestro de primeras letras, y arrendadores del Peso, correduría y derecho de aguardiente.

El resto de las ocupaciones de los vecinos de Mondéjar eran mercantiles y manuales. Nos limitaremos a reseñar su totalidad, recreándonos al mismo tiempo en algunos bellos nombres de oficios hoy ya casi desaparecidos: habla dos fabricantes de paños (José Cebrión y José Lozano) y un tratante en ellos. Siete tejedores de lienzos y dos tratantes de la tenería del marqués. Tres horneros, por supuesto. Un molendero de chocolate, también. Un oficial, de la carne, y un obligado de lo mismo. Dos mesoneros. Un tendero de pescado y aceite, y otro de mercería. Este último debla hacer «su agosto» cuando llegaba la festividad de San Andrés, con cuyo motivo se celebraba en Mondéjar una gran feria de 21 días de duración, famosa en muchos kilómetros a la redonda, y en la que fundamentalmente se comerciaba en “géneros de Mercería y ropa”. Se pagaban las correspondientes alcabalas al señor marqués, como dueño absoluto de la villa.

Dos mesoneros había en el pueblo. El uno atendiendo su propio negocio: era José Montes. El otro, encargado de llevar al Mesón “propio, de las Animas de esta Villa», que era propiedad del Ayuntamiento, y, como se ve, sus beneficios iban destinados a obra tan pía como la de sacar del Purgatorio a cuantos mondejanos ibar a él después de muertos.

El maestro, albañil venía ganando 7 reales diarios, 3 más que los dos oficiales de lo mismo. Se ve que el “boom” de la construcción no había comenzado aún, y tres hombres bastaban y sobraban para hacer o deshacer, en el oficio. También había un herrero, y un botero y tres herradores, y un curtidor con su correspondiente aprendiz, y tres cardadores, y un tundidor, y siete sastres, y seis zapateros. Pero el mayor volumen de trabajadores se centraba, es lógico, en las faenas agrícolas: 72 labradores se declaraban tales. Y 58 arrieros, que aunque algunos tiene 2 caballerías, regularmente no handan más que con una, empleando la otra en la servidumbre, de su Casa». Se completaba el cuadro de «transportistas» con un par de carreteros. Y el total de oficios útiles con 12 pastores mayorales, otra docena de zagales, y un par de hortelanos. El resto de la población activa se completaba con los 24­ frailes que moraban en el convento franciscano de San Antonio,» en las afueras del pueblo; con una docena de sacerdotes y clérigos, a cuya cabeza figuraba don Lucas López Soldado, cura propio y arcipreste de la Parroquial. Había, también, fielmente consignados por la oficial declaración, «veinte pobres de solemnidad, vecinos naturales de­ la, villa.»

No puede quedar sin consignar, en este abigarrado desfilar del Mondéjar dieciochesco por  estas páginas el cuidado que en la beneficencia ponía el Ayuntamiento. Existía un Hospital, que con el nombre de San Juan Bautista, constaba de Casa y Capilla; “sus, rentas consisten en varios Censos, renta de tierras y olivos, cuyo producto se invierte en curar los pobres de esta villa, y forasteros que vienen a él, ropa para las camas, adorno de dicha capilla, y reparos que se hacen en la expresada casa”.

Los gastos del Ayuntamiento, o Común de la Villa, eran numerosísimos. Más de treinta y tres mil reales pagaba al año Mondéjar en impuestos y salarios a sus empleados. Por vía de ejemplo, vemos como se iban 68 reales en «Salario del que cuida el Reloj»; 152 reales «por la cera de la Candelaria» y 529 más de lo mismo en «gasto de la festividad de la Cruz». Se pagaban también el derecho de Cientos y Millones, las Penas de Cámara y Gastos de Justicia, la renta del aguardiente, la Contribución de Cuarteles y utensilios de las Reales Guardias de Corps, la Martiniega y Vasallajes al marqués, etc.

En fin, un mundo no tan, complicado como este nuestro de hoy en día, sin gases ni prisas, sin neurosis obsesivas (casi), y con el mismo afán de ser felices. Si estas líneas han servido a alguien de meditación, ya es excelente resultado. Si, a unos cuantos, entretuvo, grata tarea ha sido. En última instancia, se le quitó el polvo a un viejo libro. No se perdió la mañana.

(1) Intérprete del bajón o fagot. Intervendría como solista en algunos casos, y fundamentalmente jara dar el tono al cantante o salmista en las funciones ‑religiosas del grandioso templo parroquial mondejano.

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