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El Museo Diocesano de Sigüenza

 

Después de haber hecho su presentación gráfica en la portada de este número, quisiera hacer aquí, ahora, un breve resumen de lo que el Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza encierra entre sus muros. Obra personal y entrañable de nuestro señor Obispo, doctor Castán Lacoma, que durante meses y meses, en sus continuos viajes por la provincia fué rescatando de manos de la desidia, el olvido, o incluso de una probable rapiña lo que, en todo momento, es patrimonio de la nación, y en este caso, de la provincia toda. Guadalajara no ha sido una región que haya heredado grandes joyas de los pasados siglos, pero sí que llegó a reunir un selecto y bien nutrido acervo artístico de todas las edades históricas, desde el Paleolítico superior hasta nuestros días. La hecatombe del año 1936, precedida y seguida de lastimosas irregularidades, nos dejó una mínima parte de la que teníamos. De eso poco, es de lo que el señor Obispo ha tratado de cuidar celosamente para evitar su pérdida total. Hoy está guardado y expuesto a la vista de todos los alcarreños y españoles en lo que es sin duda alguna el mejor Museo que tiene y ha tenido nunca nuestra provincia.

Contiene la sala A, varias imágenes de sencillas vírgenes románicas y góticas, encantadoras en su ingenuidad. Un magnífico y estilizado Cristo de marfil y una obra capital y hermosísima: el entierro de Jesucristo, en tabla semicircular, procedente de un enterramiento de Pozancos, de estilo gótico‑flamenco, hoy muy bien restaurado En la, sala B aparecen, en su centro, dos vitrinas conteniendo valiosas y sorprendentes vestiduras litúrgicas, elaboradas con los más finos materiales; otras dos vitrinas laterales conteniendo objeto de orfebrería religiosa’; por las paredes están distribuidas varias tallas góticas, un fragmento de silla coral, del siglo XV, cuatro páginas de libros corales y tres maravillosos retablos góticos, que forman uno de los mejores conjuntos del Museo. En la sala C aparecen otras dos vitrinas con orfebrería religiosa, en re la que destaca una hermosa pieza de marfil, del siglo XVIII, representando al Buen Pastor Niño rodeado de sus ovejas. Es una pieza única, de lo mejor del conjunto. En esta misma sala se conserva también el grupo escultórico que representa al secretario de Carlos V y su hijo Felipe II con su esposa y bajo la protección de San Francisco. Una patética Piedad en madera obscura; varios altorrelieves y algunas otras esculturas más modernas, de los siglos XVII‑XVIII, completan, junto con dos retablos y varias pinturas, así como diversas hojas de cantorales, esta sala. El paso de A a la B, y de la B ala C está guardado por dos portadas mudéjares, en las que el yeso vive un grandilocuente sueño de fantasía oriental, procedentes de una casa de la Travesaña Baja, en Sigüenza.

Tuerce a la derecha nuestro recorrido, y penetramos en la sala D, en la que se imponen cuatro buenos retablos correspondientes a diversos siglos, desde la candidez del XV al tenebrismo del XVII. Algunas tallas, cantorales y páginas de corales la completan. En la siguiente sala, la E, nos sorprende un posible retrato de Isabel la Católica, la Anunciación del Greco, un verdadero tesoro, una Piedad de Morales «el Divino», dentro de un marco sorprendente; una irregular pintura de clara influencia italiana, en que se representa a la Virgen con Jesús y Juan niños; un buen Ecce Homo, un interesante retablo renacentista, algunas tallas policromadas barrocas, y sobre todo, un sensacional crucifijo de marfil, que cautiva el ánimo del que lo contempla.

Torciendo de nuevo a la derecha, nos aparece en la sala F una estupenda talla de San Elías, procedente de Renera, que se quiere atribuir a Salzillo. La Inmaculada de Zurbarán, que procede de Jadraque, con un colorido y un dominio de la pintura que le hacen, con razón, uno de los más altos pintores españoles. Otro cuadro interesante es un Calvario del siglo XVII. Además, una buena serie de pinturas y tallas en madera completan la sala. En la sala G destaca una obra de Ulpiano Checa, el pintor de la más dramática y vigorosa historia de España. Se trata de una vista, llena de fuerza y coraje, de la conquista de Huesca por Pedro I de Aragón. Dos tallas de San Jerónimo y San José de Calasanz escoltan un inacabado lienzo que representa una escena de la Guerra de la Independencia. En el centro, una buena escultura de San Sebastián, y en las paredes, diversas pinturas.

Finalmente pasamos al patio, repleto también de obras interesantes. Destacan entre ellas dos estatuas góticas, finamente talladas, de Adán y Eva. Un delicado relieve en yeso, obra de Augusto Wittig, en 1858, representando el entierro de Cristo. Varias interesantes lápidas; dos pilas bautismales antiquísimas, una campana anterior al descubrimiento de Amé rica, procedente de Valdelaguna, un curioso cofre accionado por multitud de cerraduras y abundantes objetos prehistóricos.

Paulatinamente, y con la ayuda de Dios, iré publicando fotografías y artículos sobre tanta maravilla como aquí se encierra, procurando a la vez ampliar detalles de las obras más salientes. Todo con objeto de que vosotros, amigos lectores que tanto os gusta el arte y la historia de nuestra provincia, os decidáis a visitar esta Casa que es de todos, de toda la provincia. ¡Qué gran alegría para nuestro Obispo, que calladamente ha laborado meses enteros para reunir todas estas piezas, y continúa laborando por mantenerlas en perfectas condiciones de presentación, si acudierais a Sigüenza a recorrer las salas del Museo Diocesano! Será un recuerdo, os lo prometo, inolvidable. Y un agradable momento su visita.

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