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Un gran Museo en Sigüenza

Arco mudejar procedente de una casa de la Travesaña Alta de Sigüenza, en su Museo Diocesano de Arte Antiguo

Publicado en Nueva Alcarria el 15 de Noviembre de 1969

Largo tiempo he dejado pasar, imperdonablemente, desde que se inauguró en Sigüenza el Museo Diocesano de Arte. No deja por ello de ser un tema apto todavía, no ya para la glosa de a instalación y contenido, sino para la ilimitada alabanza y congratulación de haber adquirido nuestra provincia este nuevo medio de perfección artística, escalón que añadir a la escalera por donde elevarnos a la siempre perfeccionable mese­ta de la cultura.

La obra del doctor Castán, nuestro joven e incansable obispo, ha sido abrumadora de trabajo y de lucha contra el olvido y el abandono. Mejor sería decir que ha sido una Cruzada contra el tiempo, ese enemigo tan pequeño que no tiene cuerpo, tan silencioso que no se oye ni en la más absoluta soledad, tan implacable y perverso que acaba con todo lo que habita corporalmente la tierra.

El doctor Castán ha vencido al tiempo, cruel reyezuelo, y a sus ministros el olvido y el abandono. Ha hecho, además, labor de profilaxis contra la venta lamentable de los objetos eclesiásticos que comenzaba a inquietar seriamente a nuestras autoridades, y’ que, afortunadamente, en nuestra provincia se ha alejado de una manera definitiva.

Seguramente hay muchas personas que siguen prefiriendo visitar las joyas de arte religioso en los lugares donde., desde su creación, han sido utilizados y han servido para mantener la Fe de un pueblo tan católico como lo es el alcarreño. Son gentes que gustan de ir a los más arrinconados pueblos, y ver cómo, casi por milagro, se mantiene al fondo de la iglesia un retablito, oscuro, algo sucio, desconchado, con antiguas pinturas representando la Pasión de Cristo, o el martirio de algún santo. También encuentran un íntimo gozo al ver como se reparte la Eucaristía en un Cáliz antiguo, o cómo en las paredes de los templos, muy altos y muy oscuros, sobreviven cuadros sin autor ni fecha conocidos. Las cruces parroquiales, macizas y entrañables, que preceden a la procesión en torno de las eras y las casuchas del pueblo, la casulla que data de hace algunos siglos, el capitel o el canecillo que milagrosamente sobreviven… constituyen una serie de sorpresas, de íntimas alegrías, que los que de ellas gustan no pueden resignarse a que desaparezcan.

Pero hay que reconocer que es por esto, por que no desaparezcan a manos del tiempo y la intemperie (o aún peor en las manos de un comerciante de antigüedades para vendérselo a cualquier millonario americano), por lo que el Dr. Castán comenzó hace unos años a recorrer la Diócesis en busca de piezas de arte sacro, que, pacientemente, con un tesón que nunca le agradeceremos bastante, ha ido colocando en su museo, en nuestro museo.

Añadamos al hecho de la recuperación, una por una, de obras de arte en trance de perderse, el todavía más agradable de poder contemplarlas todas juntas. Sus colores reunidos y sus músicas conjuntadas hacen de este Museo Diocesano de Sigüenza, instalado justa y lógicamente en la Ciudad Mitrada, un auténtico coro que eleva su música sobre las almenas de la catedral seguntina, sobre los pardos y rojos tejados de la antigua ciudad, sobre las colinas, los ríos, los pinares y amarillos océanos de trigo que forman el mapa de nuestra provincia.

Para nosotros, todos los entusiastas defensores y enamorados del arte y el paisaje de las tierras de Guadalajara, constituye este Museo de Arte un brioso empujón que nos hace ver con optimismo el futuro de la cultura en la pro­vincia.

Cuando visité el Museo a los pocos días de su inauguración, sólo eché en falta una cosa, fácil de hacer y de gran imp­ortancia: el Catálogo detallado de todas y cada una de las obras de arte que el Museo contiene, así como el lugar de donde cada una de ellas proviene. Se me explicó entonces que se trabajaba en su elaboración, pues el que entonces facilitaban era muy escaso y escueto. ¿Ha aparecido ya el nuevo Catalogo? Sería una buena noticia el escucharlo. Si aún no ha sido así, esperemos que algún día se edite, pues, repito, sería un complemento muy útil para la visita de las salas y obras en ellas contenidas.

Lo que ahora deben hacer todos los alcarreños es visitar este Museo Diocesano, el mejor de la provincia sin comparación de ninguna clase.

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