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febrero, 1967:

Fotografías

 

Publicado en «Flores y Abejas» 7 febrero 1967

Tengo delante una fotografía de González Ruano. El hombre afilado como sus bigotes y sus pensamientos, mira atento una fotografía. En la que sostiene César aparecen una muchacha y un caballo. En los últimos tiempos de su vida ‑que él los conocía como tales‑, le invadió una curiosa afición. Se pasaba mucho tiempo contemplando antiguas fotos, cartulinas ajadas y amarillas, recortes ilustrados, de periódicos. Todo, todo cuanto caía en sus manos le era interesante. Y para él, pocas cosas había como la contemplación de aquellos recortes, que le produjesen una inspiración más rápida y auténtica. ¿Qué estará pensando González Ruano ante el papel viejo en que sonríe una muchacha junto a un caballo melancólico? Tal, vez lo mismo que lo que ya pienso ahora con esta, fotografía suya delante. Una vaga sensación triste al contemplar el paso de la vida, y una íntima satisfacción de saber que la técnica coopera con el sentimiento apacible del hombre solitario y evocador.

Desde hace unos pocos años ha venido desarrollándose en Guadalajara una afición grande, entusiasta, por el arte fotográfico. Y ha surgido, consecutivamente, un nutrido grupo de maestros en él. Yo no puedo por, menor de congratularme por este hecho felicísimo que redundará siempre en la apertura de nuevos caminos para el espíritu alcarreño. Todo lo que se haga por estimular este noble entretenimiento parecerá siempre poco.

Desde el descubrimiento, hace ya más de un siglo de la técnica fotográfica por varios experimentadores físicos franceses e ingleses, no ha hecho más que prosperar la perfección de los aparatos cuya misión es captar la imagen que vive y late, y plasmarla para siempre en una cartulina. Pero al verdadero aficionado, el avance de la técnica y la minuciosidad de los mecanismos de sus máquinas no ha de importarle mucho. Eso es algo accesorio que contribuirá en una mayor nitidez de lo retratado, en una amplitud más grande del, campo, en un colorido, en fin, que será reflejo auténtico de la realidad.

El verdadero aficionado va buscando otra cosa. Recuerdo ahora una bonita definición del arte que escuché hace poco: “El arte, es hacer lo que sea, pero hacerlo bien”. Así, todos podemos quedar tranquilos. Ya cualquier ser humano que tenga una ocupación, no podrá quejarse monotonía en su existencia. Porque tiene la gran posibilidad de ser artista. Es muy sencillo. Es, simplemente, hacer bien lo que la sociedad o su voluntad le ha encomendado. Igual le ocurre al fotógrafo: le rueda cerca la posibilidad de crear obras de arte.

La buena fotografía, como la huna pintura, es la que perdura. Y perdura porque lleva en sí encerrada un algo de pasado, un leve soplo de tiempo, de vida, de ilusión que fue y que sólo ha podido quedar aprisionada ahí: en el cartón, Al hombre le gusta ‑por naturaleza debe ser, porque todos caen en lo mismo volver la vista hacia atrás de vez en cuando. La vida humana es eso: un algo compuesto de lo que se vive y de lo que se ha vivido; elementos inseparables para dada unidad y realismo. Y al que vive plenamente, intensamente su vida, no le queda más remedio que volver a menudo la cabeza y contemplar una parte; la que ya pasó, de su existencia. Así se sabe entero compenetrado consigo mismo.

¡Y qué maravillosamente cumple esta misión la fotografía! Ella nos guarda completa, fielmente, instantes pretéritos, de una manera que la memoria no hubiera sido capaz nunca de retenerlos.

Aquí llego por fin a desentrañar el auténtico, el inestimable valor que tiene una foto: ella es humana, consciente, fiel a la verdad, hermosa. Es la abuelita que nos cuenta dulcemente el sol y las nubes interiores de otros tiempos. Así, Pues, la buena, fotografía ha de unir esos varios requisitos que la dan carácter de mensaje, prosaico a veces, las más poético. Y sólo así, ésta afición llegará a consistir en arte, y artista podrá llamarse el que la cultive. El campo está abierto para todos. Guardar la propia vida; la de los seres queridos, incluso la de los paisajes y lugares donde la vida transcurre, será, no cabe duda, una hermosa tarea que el futuro sancionará afirmativamente.